La Acción: El comportamiento humano

Martes, 21 de octubre de 2014

La Acción: El comportamiento humano

Autor: Dr. Edgar Flores Mier

 

Es necesario aclarar que nos vamos a referir a la acción como elemen­to constitutivo del delito, y no a la acción como la típica forma de ejercer el derecho de petición que garantiza a los ciudadanos la Constitución de la República y como el poder jurídico de recurrir a los órganos ju­risdiccionales, este es otro tema que no es materia de este ensayo. Sino que nos referi­remos a la acción como fundamento común de todo delito.


Pues bien hecha esta breve aclaración, a fin de evitar confusiones, es oportuno de­sarrollar en qué consiste la acción, dejando sentado como primicia que los elementos constitutivos del derecho penal son: el de­lito y la pena, por un lado, y los estados de peligrosidad criminal y las medidas de se­guridad, por otro lado. Se ha dicho que si ?sólo si aprehendemos los contenidos ma­teriales del delito y la pena y de los estados de peligrosidad criminal y de las medidas de seguridad podemos aclarar y determi­nar la función específica que corresponde al Derecho penal en el conjunto del orde­namiento jurídico?[i]. Esto se entiende en términos generales porque el derecho pe­nal se expresa a través de normas jurídicas formuladas hipotéticamente. Pues éstas son proposiciones de ?deber ser?, ya que su es­tructura formal consta de un ?supuesto de hecho? hipotético y abstractamente formu­lado (tipo en sentido amplio) y de la pre­visión de una ?consecuencia jurídica? que debe ser aplicado a todo suceso concreto en que concurren las características del su­puesto de hecho.

El ?supuesto de hecho?, está constituido por el delito; y, las ?consecuencias jurídicas? que deben seguir al delito son las penas y/o las medidas de seguridad. Pero para que esto se configure es necesario de una acti­vidad humana, es decir de una acción, como base fundamental para la existencia mate­rial del delito y la responsabilidad penal.

 

Algunas concepciones de la ?acción?

Concepto de acción.- Con respecto a este tema debemos indicar que existen di­versos conceptos de acción, dados por dife­rentes autores dependiendo de la posesión jurídica adoptada, siendo las más sobresa­lientes las doctrinas causalistas y finalistas.


 

Raúl Zaffaroni, nos enseña que dentro de la teoría del delito, un primer paso de análisis es la acción o acto, que también puede llamarse ?conducta?. Según este au­tor, la acción es el ?sustantivo del delito? que garantiza políticamente la vigencia del principio nullum crimen sine conducta.

Reinhart Maurach, considera a la acción ?como una conducta humana relacionada con el medio ambiente, dominada por una voluntad dirigente y encaminada hacia un resultado?. Al igual que Zaffaroni considera que la acción es el elemento común consti­tutivo de todas las formas del delito.

Por su lado Muñoz Conde, puntualiza que se ?llama acción a todo comportamien­to dependiente de la voluntad humana. Sólo el acto voluntario pude ser penalmen­te relevante y la voluntad siempre implica una finalidad. No se concibe un acto de la voluntad que no vaya dirigido a un fin u objetivo determinado. El contenido de la voluntad es algo que siempre se quiere al­canzar, es decir, un fin, por lo que la con­ducta humana es la base de toda relación jurídico-penal y se manifiesta en el mundo externo tanto en actos positivos como en omisiones[ii]. Este criterio de Muñoz Con­de en gran medida se recoge en el artícu­lo 22 del Código Orgánico Integral Penal (COIP), que dice: ?Conductas penalmente relevantes.- Son penalmente relevantes las acciones u omisiones que ponen en peligro o producen resultados lesivos, descriptibles y demostrables?. De allí la necesidad de es­tudiar la acción o conducta como un com­portamiento humano que para que tenga relevancia jurídico-penal debe coincidir en el correspondiente tipo delictivo.

Elementos de la acción

1.- Que la conducta humana, como ac­ción, abarca tanto a los casos en que esta vo­luntad prevé el resultado típico (hechos dolo­sos), como aquellos en los cuales la voluntad está dirigida a un resultado distinto del típico causado por el autor, debido a la falta de di­rección apropiada (delitos culposos).

2.- Que toda acción como actividad humana, transcurre dentro de tres pasos: el paso de un estado a otro (manifestación externa) llamado movimiento (acción), el resultado obtenido; y, el ligamento o nexo causal.

3.- Reconociendo la no aceptación de la expresión ?conducta? como referida al comportamiento humano, creemos que ésta acepción responde a una afirmación de provenir de un ser dotado de inteligencia y voluntad, y dentro de allí se encuentra el ?verbo rector? que destaca la acción u omi­sión que le da contenido a la conducta. Por eso se afirma ?que el delito es acción, sien­do imprescindible que sea gramaticalmente expresado por aquella parte de la oración que denota acción, esto o existencia que es el verbo, en cualquiera de sus formas?.[iii]

Por ello se afirma con buen criterio que el conocimiento del ?verbo rector? del tipo penal, permite estudiar estructuralmente la figura jurídica, pues si examinamos el catá­logo de los delitos en el Libro Primero del Código Orgánico Integral Penal, encontra­mos descripciones como las siguientes: ?La persona que, sin cumplir con los requisitos legales, extraiga, conserve, manipule ór­ganos...(art.95); ?La persona que facilite, realice, traslade, intervenga...(art.107); ?La persona que oculte, custodie, guarde, transporte...(art. 202); etc., los que nos orientan objetivizar la descripción del tipo.



En resumen, para poder afirmar que una determinada conducta constituye delito, el primer presupuesto que debe concurrir es que lesione o ponga en peligro un bien jurí­dico tutelado penalmente, y como segundo presupuesto, la conducta debe provenir de una acción humana voluntaria y conscien­te. ?Cuando se verifica la ausencia de todo comportamiento humano, ya no será nece­sarios realizar el análisis de los demás ele­mentos dogmáticos integrados en la teoría del delito; en consecuencia, la lesión de un bien jurídico que no emane de un compor­tamiento humano es irrelevante para el De­recho penal?[iv].

Ausencia de la Acción

Si en algo de unanimidad existe en la doctrina penal, es el afirmar que la acción es todo comportamiento dependiente de la voluntad humana y no puede haber acción penalmente relevante, cuando obviamente falta esa voluntad, por lo que, como lógica consecuencia, para el derecho penal, no hay acción punible en los siguientes casos:

1.- Fuerza física irresistible.- Cuan­do hablamos de fuerza física irresistible, necesariamente debemos referirnos a actos provenientes del exterior que actúan mate­rialmente sobre el agente activo de la in­fracción.

Para que la fuerza física irresistible cons­tituya una causa de ausencia de la acción, ésta debe ser absoluta; es decir que no debe ha­ber ninguna opción para el que la sufre, y ha de provenir del exterior, de parte de una tercera persona o de fuerzas naturales. Mu­ñoz Conde, considera que si la fuerza irresis­tible no es absoluta, en el que la sufre puede resistirla de alguna manera o por lo menos tiene esa posibilidad, entonces en este caso no se excluye la acción. Este mismo autor, señala que la fuerza irresistible es una condi­ción de fuerza proveniente del exterior que actúa materialmente sobre el agente, éste opera como una masa mecánica.

Para ilustrar de mejor manera la ausen­cia de acción en el caso de concurrir fuerza irresistible, Muñoz Conde, nos presenta el siguiente ejemplo: No es lo mismo fuerte­mente atar a una persona a un árbol mien­tras duerme para impedir que cumpla con su deber, que amenazarle con una pistola con la misma finalidad. En el primer caso falta la acción, al no poder el sujeto ni si­quiera manifestar su voluntad. En el segun­do caso la voluntad existe, pero está vicia­da en sus motivaciones. En el primer caso constituye un supuesto de fuerza irresisti­ble que excluye la acción; el segundo es un supuesto de vis compulsiva que no excluye la acción, al no anular totalmente la voluntad, sino la antijuricidad o culpabilidad según se estime exista aquí estado de necesidad jus­tificante o miedo insuperable?[v].

En cambio Zaffaroni, asegura que fuerza irresistible constituye cualquier fuerza que impide a una persona moveré a voluntad, es decir, lo que reduce el cuerpo a una con­dición mecánica, sea impulsado por fuer­za externa o interna. Sostiene por general que las causas de fuerza irresistible externa son pacíficamente admitidas por la doctri­na: empellones, caídas, acción de fuerzas naturales o de terceros, pero advierte que nunca debe confundirse este supuesto con la coacción, que no elimina la acción. Dice por ejemplo que quien actúa bajo la amena­za de muerte realiza acciones, solo que con voluntad no ?libre?, por lo cual planteará un problema de necesidad (justificante o exculpante), según la magnitud de la lesión que se cause y de la que evite, pero no de ausencia de acto.


Por lo dicho, la fuerza irresistible cons­tituye una causa de exclusión de acción, pero también de la omisión. Cerezo Mir José, enseña que la fuerza física irresistible, la violencia material, en los supuestos de ?vis absoluto?, elimina no solo la libre de­terminación de la voluntad, sino la volun­tad misma que es un elemento esencial del concepto de acción o la capacidad concreta de acción que es un elemento esencial del concepto omisión[vi].

Según el propio Muñoz Conde, ?en la práctica, salvo raras hipótesis, la fuerza irresistible carece de importancia en los de­litos de acción, pero es importante en los delitos de omisión (atar al guardagujas para que no pueda accionar el cambio de vías). La consecuencia principal de la apreciación de esta eximente es que el que violenta, empleando la fuerza irresistible no solo no responde, sino que su actuación u omisión es irrelevante penalmente, siendo un mero instrumento en manos de otro?[vii].

En resumen de los criterios expuestos, para que se configure la fuerza irresistible como excluyente de la acción, podemos ex­traer los siguientes requisitos:

a.- Debe tratarse de una fuerza física irre­sistible (vis absoluta), de manera que no per­mita a quien la sufre control alguno sobre sus actos, venciendo su voluntad y anulando su libertad de actuación hasta el extremo de forzarle a realizar un acto no querido, res­pecto del que aparece como mero instru­mento. Ejemplo: Empujar violentamente a una persona que cae sobre un recién nacido, matándole.

b.- Debe ser externa, pudiendo provenir tanto de otra persona (que podría ser res­ponsable del resultado que se produzca) como de fuerzas o sucesos que impidan al sujeto controlar su actuación.

c.- Se excluye la fuerza moral o de inti­midación, que no anula el control sobre los propios actos, ni la voluntad por comple­to, sino que ofrece motivaciones específicas para actuar de la manera en que lo hace.

2.-Movimientos reflejos.-Son aquellos que se realizan por estímulos ex­ternos transmitidos por el sistema nervio­so directamente a los centros motores, sin intervención de la conciencia y voluntad. Al no estar controlados por la voluntad del sujeto, no constituyen acción. En otras pa­labras podemos decir que los movimientos reflejos constituyen expresiones que no son el resultado del psiquismo del sujeto, y por ello resulta incuestionable la falta de acción.

Se pueden considerar como tales: las convulsiones epilépticas, actos instintivos, etc. Por ejemplo: Un sujeto deja caer una bandeja de horno muy caliente, golpeando con ella a un niño que está a su lado y al que le provoca lesiones. En estos casos el movi­miento no está controlado por la voluntad del sujeto al causar las lesiones al niño.


Raúl Zaffaroni, manifiesta que en cual­quier situación que una persona se halle ?privada de consciencia (coma, sueño pro­fundo, crisis epiléptica, etc.) no hay accio­nes humanas en sentido jurídico-penal. Es obvio, que en estos casos, asegura hay una imposibilidad de dirigir sus acciones en for­ma absoluta?8.

Es preciso diferenciar los movimientos reflejos, los actos en cortocircuito, reacciones impulsivas o explosivas, en los que interviene, aunque sea momentánea y fugazmente, la voluntad. No excluye la acción, aunque po­dría incidir en la categoría de la culpabili­dad u operar como atenuantes. Ejemplo: El atracador que, de manera instintiva, aprieta el gatillo al escuchar ruidos tras él.

En este orden de ideas, el propio Zaffa­roni, señala que existen múltiples supues­tos cuya naturaleza es dudosa para la cien­cia, como el sueño fisiológico o normal, el sueño hipnótico, el sonambulismo, los llamados equivalentes epilépticos, etc., y no obstante, como la duda debe resolverse siempre en favor del reo, lo correcto será considerarlos casos de involuntariedad. El COIP, en su artículo 5.3 así lo establece cuando dispone que para dictar una sen­tencia condenatoria, el juez debe tener el convencimiento de la culpabilidad penal del procesado, más allá de toda duda razonable.

3.- Estados de inconsciencia.- En estos casos tampoco hay voluntariedad en el accionar del sujeto, al no tener quien se encuentra en dicho estado control sobre su cuerpo ni voluntad.

Como denominador común para los es­tados de inconsciencia, se plantea la aplica­ción de la teoría del actio libera in causa; es decir, el sujeto se ha situado consciente y voluntariamente en una situación para de­linquir; ello provoca que responda por el resultado producido al otorgarse valor al actuar precedente.

Ejemplo: el sujeto que se somete a hip­nosis para cometer un delito. En este su­puesto, en un primer momento, el sujeto es libre y consciente, pero se coloca en un estado de inconsciencia con la finalidad de cometer un delito determinado. En un se­gundo momento, cuando realiza el hecho, su conducta no será voluntaria por la situa­ción de inconsciencia. Pero ello no puede ser invocado para favorecer la impunidad. La teoría de la actio libera in causa, sostiene que en estos supuestos es necesario retro­traerse al momento original que es en el que se debe constatar si ha existido o no un comportamiento humano voluntario.

Teorías acerca de la Acción

El derecho penal como toda ciencia del saber, ha evolucionado a través de los años, particularmente el concepto de ?acción?, donde se han dado varias conceptualiza­ciones como lo revisamos oportunamente, siendo las principales teorías orientadas a formular un concepto de acción a efectos penales son: la teoría causal de la acción, la teo­ría final de la acción, la teoría social, y más re­cientemente, la teoría significativa de la acción que está obteniendo una elevada aceptación.

1.- Teoría causal de la acción.- Cabe mencionar que al término del siglo XIX, influenciada por las corrientes mecanicistas de las ciencias naturales, llega al derecho penal la doctrina de la acción causal, a la que tradicionalmente se la llama causalista o tra­dicionalista.


Franz von Liszt y Beling, son los funda­dores del concepto natural de la acción. Para estos pensadores, la acción es conducta vo­luntaria hacia el exterior, más exactamente modificación, es decir causación o no evi­tación de una modificación (de resultado) del mundo exterior mediante una conducta voluntaria, por lo que, como se observa en este concepto se excluyen las actividades de animales y personas jurídicas.

Parte de la consideración que la acción penal es un movimiento corporal voluntario que causa una modificación en el mundo exte­rior (resultado) perceptible a los sentidos. De esta forma el movimiento corporal se constituye en causa del resultado.

Para los defensores de esta teoría, la voluntad solo tenía relevancia en cuanto constituía un simple impulso que provocaba el resultado. Su contenido no importaba, ni tampoco si se dirigía o no a realizar el hecho delictivo concreto; todo ello sería valorado posteriormente en la categoría de la culpabilidad, donde se incorporaba la in­tención y finalidad perseguida por el sujeto. Se centra, por lo tanto, en la exclusiva con­sideración del desvalor del resultado.

Como una de las críticas a esta teoría es que al identificar la acción como movimien­to corporal, quedarían excluidas las omisio­nes, cuyo punto de partida es, justamente, la ausencia de movimiento corporal.

Ejemplo: El salvavidas que ve cómo se ahoga una persona y no hace nada para sal­varlo o auxiliarlo, no realiza ningún movi­miento corporal perceptible por los sen­tidos, con lo cual no habría realizado una conducta relevante penalmente, y no podría plantearse su eventual responsabilidad penal.

Pero la crítica más importante radica en que resulta imposible identificar la actividad humana como un simple fenómeno natural mecánico, dado que el actuar del ser huma­no se caracteriza por estar presidido por una voluntad con contenido, con finalidad; y este aspecto no resulta valorado por la teoría causal. Precisamente, por estas argu­mentaciones esta teoría ha sido abandonada.

2.- Teoría final de la acción.- Se ha dicho acerca de la acción como algo irre­futable, que ésta constituye un comporta­miento humano voluntario que se materiali­za en el exterior, pero los seres humanos no actúan de modo ciego, respondiendo a sim­ples impulsos, sino que prevén o pueden prever las consecuencias posibles de sus conductas, establecer fines diversos y dirigir su activi­dad a la realización de esos fines.

Por ello, la acción humana penalmente relevante es aquella dirigida a la consecu­ción de un fin; son acciones finales. Con ello, el contenido de la voluntad del sujeto, su finalidad, al realizar la acción pasa a primer término, valorándose ya en la categoría de la tipicidad.

De lo expuesto podemos señalar que la acción se estructura desde dos fases:

Fase subjetiva o interna: Se desarrolla en la mente del sujeto, y comprende el fin que persigue, la selección de los medios y las formas de alcanzarlo, el conocimiento de los efectos concomitantes no persegui­dos con la ejecución y la resolución de eje­cutar la actividad.

Fase externa: Se trata de la exterioriza­ción del plan elaborado, procediendo a su ejecución.

La valoración penal puede recaer sobre cualquiera de los aspectos señalados, siem­pre que se haya exteriorizado el compor­tamiento. Puede ocurrir que el desvalor recaiga sobre la finalidad perseguida o el resultado pretendido, o bien puede ocu­rrir que recaiga sobre los medios escogi­dos o la forma en que se realiza (desvalor de la acción). Permite dar cabida a los delitos imprudentes.


Para ilustrar mejor esta concepción de la acción finalista, ponemos como ejemplo: Juan conduce su vehículo a exceso de ve­locidad para llegar a tiempo al aeropuerto y no perder su vuelo, pero en el trayecto atropella a Pedro y lo mata. Obviamente, la finalidad perseguida por Juan era no perder el vuelo, no es injusta dado que no abarca la muerte de Pedro, pero el desvalor recae en la forma elegida para lograrlo (conducir a exceso de velocidad).

La acción final constituye el punto de partida del concepto de acción que consi­deramos válido a efecto penales, si bien ser completado, como veremos.

3.- Teoría social.- Sostiene que la úni­ca forma de encontrar un concepto de ac­ción con validez general para todas las mo­dalidades delictivas consiste en abandonar el ámbito ontológico del ser, acudiendo a un prisma valorativo, constituido por la per­cepción social del comportamiento.

Será acción todo comportamiento humano socialmente relevante. Ello permite marginar la voluntariedad del contenido de la acción, dando valor, exclusivamente, a la percepción social que dicho comportamiento produce.

4.- Teoría significativa de la ac­ción.-A fin de obtener un concepto de validez general es preciso utilizar aspectos parciales de las distintas teorías. Así, la ac­ción penalmente relevante es la acción final, esto es, la acción humana voluntaria enca­minada a un fin. Pero, además no constituye un mero concepto ontológico, sino que de­pende de valoraciones (teoría social).

La acción no es, simplemente, la reu­nión de un hecho físico (movimiento cor­poral) y otro mental (voluntad) que el suje­to realiza. Lo relevante es el significado de lo que hace, entendiéndolo como sentido que, conforme a un sistema de normas, puede atribuirse a determinados comportamien­tos humanos.

Se trata de atribuir al comportamiento del sujeto un significado, un sentido comu­nicativo, social y/o jurídico, en un contex­to determinado.

Ejemplo: La conducción de un vehículo se compone de diversos movimientos cor­porales (acelerar, frenar, girar el volante, adelantar, etc.); sin embargo, no son consi­derados aisladamente, sino que comunican un significado global, como un todo, adqui­riendo un único sentido.

Además de proceder a la valoración global de los distintos actos, es preciso colocarla en un contexto intersubjetivo determinado,que per­mita deducir la finalidad con la que el sujeto realiza su comportamiento, y atribuirle un resultado. Este proceso de atribuir un signi­ficado al comportamiento humano se puede entender desde un doble plano:

Cultural o social.- Se atribuye un senti­do global al comportamiento realizado por el sujeto que permite la aprehensión de su significado en cualquier contexto de comu­nicación intersubjetiva. Ejemplo: Cuando un sujeto frena, acelera, cambia de marcha, adelanta a otro vehículo, etc., cualquier persona que observe su comportamiento desde el exterior lo considerará, global­mente, una acción de conducir (no varios movimiento autónomos).

Jurídico.- Además, es preciso dotar a esa valoración global de un contenido ju­rídico; se trata de interpretar el compor­tamiento humano desde la perspectiva de la norma jurídica. Ejemplo: En el segun­do supuesto anterior es necesario valor si la ?conducción?, considerada globalmente como acción consciente, voluntaria y final, tenía algún significado jurídico; por ejem­plo, si se da un brusco giro de volante a cau­sa de una distracción, atropella a un peatón.

En resumen, la acción penalmente re­levante es aquella exteriorizada, voluntaria, encaminada a un fin y que se somete a una valoración de la cual sea su significado en el mundo exterior, tanto social o cultural, como jurídico.

 

 

Dr. Edgar Flores Mier

Conjuez de la Corte Nacional de Justicia

 

Artículo publicado en la R. Ensayos Penales Nº 9 de la Corte Nacional de Justicia


 



[i] GRACIA MARTIN, Luis. Fundamentos del Derecho Penal. Editora Cevallos. Quito. 2011. Pág. 43-44.

[ii] MUÑOZ CONDE, Francisco., GARCÍA ARÁN, Mercedes. Derecho Penal Parte General. Edit. Tiranlo Blanch.Valencia. 2010. Pág. 215

[iii] ETCHEVERRRY,Alfredo. Derecho Penal.Tomo I. Pág. 154.

[iv] LOOR, Franco. Fundamento de Derecho Penal Moderno. Edit. Talleres de la CEP. Quito. 2010. Pág. 36.

[v] Ob. Cit. Pág. 220.

[vi] Obras Completas. Derecho Penal Parte General.Ara Editores. Lima. 2006.Tomo I. Pág. 438.

[vii] Ob. Cit. Pág. 218.

 

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