La escena del crimen para el ?profiler?

Miércoles, 15 de enero de 2014

La escena del crimen para el ?profiler?

Autor: Lic. Jorge Jiménez Serrano

 

Con todos los datos de la inspección técnica policial, los informes preliminares de los investigadores y la reconstrucción de los hechos, el profiler debe analizar aquella información que sea relevante para la elaboración de su criminal profiling.

Para ello, Turvey (2006) recomienda previamente la realización de lo que llama un "equivocal forensic analysis", que sería algo así como la revisión crítica de todo el conjunto de pruebas físicas, cuestionando y revisando las conclusiones e hipótesis.

El profiler debe revisar con actitud crítica los resultados y conclusiones de la investigación, sin dar nada por sentado, analizando las posibles contradicciones, los prejuicios y las teorías preconcebidas que los investigadores hayan podido incluir en la investigación. El profiler debe garantizar la objetividad y rigurosidad científica de su criminal profiling.

Las cuestiones que debe plantearse y responder en relación a los datos obtenidos del análisis de la escena del crimen serían (hablaremos de escena pero teniendo en cuenta las tipologías anteriormente descritas):

  • Vinculación de personas con la escena:

Los datos forenses tales como huellas dactilares, sangre, ADN... pueden aportar datos sobre relación de determinadas personas con la escena del crimen. En algunas ocasiones pueden aportar datos sobre características físicas, de raza, sexo...del agresor.

Es necesario además vincular al agresor y a la víctima con la escena, considerando si ésta puede tener algún significado para alguno de ellos, si es una escena elegida u oportunista, qué relación puede tener la escena con cada uno de ellos (es el lugar de trabajo de la víctima, es un lugar frecuentado por ella, es un lugar completamente desconocido para la víctima, pertenece a la geografía de las rutinas diarias del agresor, es una lugar apartado y de difícil acceso...).

Hay que tratar de vincular qué tipo de personas pueden estar relacionadas con la escena.

  • Características de la escena:

En relación con lo anterior, hay que describir las características de la escena para individualizarla dentro de un ambiente y de un comportamiento geográfico del criminal. Debemos responder a algunas cuestiones:

    • ¿Cómo es de grande la escena?
    • ¿Cómo se llega hasta ella, a pie, en coche, transporte público?
    • ¿Quiénes frecuentan esta escena, qué tipo de personas, qué actividad se realiza en ella, qué nivel socioeconómico tienen sus habitantes...?
    • ¿Es un lugar conocido por personas concretas? ¿puede acceder cualquiera?
    • ¿Qué y cuántas vías de entrada y salida tiene esa escena?
    • ¿Cómo llega la víctima y agresor a ella?

En resumen, tenemos que encajar la escena como una pieza fundamental dentro del crimen, individualizándola, relacionándola con un tipo/s de persona/s, actividades, geografía, accesibilidades, emociones...

Una escena puede ser oportunista pero eso no quiere decir que no tenga importancia, que no se relacione con la víctima, el agresor o ambos. La escena no es aséptica, no es neutra, es parte fundamental del contacto entre el agresor y su víctima, es el escenario donde interaccionan y por tanto conociendo a ésta podemos conocer en parte al agresor.

Desde la perspectiva de la Psicología Investigativa del equipo del Dr. Canter, de la criminología ambiental y de los perfiles psicogeográficos, la escena del crimen tiene una importancia vital de relación con el comportamiento geográfico del criminal. De tal manera que con el análisis geográfico de las distintas escenas del crimen junto con la correlación de determinadas características de los crímenes, sería posible establecer una zona donde puede residir el agresor y una zona donde actuaría en el futuro. Al ser este un trabajo desde una posición más deductiva que inductiva en el criminal profiling, no nos vamos a extender en estas perspectivas de investigación, aunque era necesario mencionarlas para dejar patente la importancia que la escena tiene en la conducta criminal. No obstante recomiendo al lector que las conozca.

  • Analizar método de aproximación:

Con los datos aportados por el análisis de la escena del crimen podemos establecer el método de aproximación usado por el agresor.

El método de aproximación se refiere a la forma o estrategia que usa el agresor para aproximarse a la víctima (Turvey, 2006). Se pueden usar varios métodos de aproximación:

    • Sorpresa: El agresor se aproxima a la víctima sorprendiéndola en un momento de vulnerabilidad, cuando la persona está ocupada, distraída o durmiendo.
    • Engaño: El agresor se aproxima a la víctima engañándola para ganarse su confianza.
    • Súbitamente: Como explica Turvey, los autores Burgess y Hazelwood que establecen esta clasificación, hablan de aproximación de relámpago o súbita refiriéndose a que el agresor se acerca a la víctima e inmediatamente inicia su ataque, en cuyo caso, debería de hablarse más que de método de aproximación de método de ataque que veremos más adelante. En este caso, Turvey nos dice que la aproximación súbita podría considerarse sorpresa.
  • Analizar método de ataque:

Con los datos aportados por el análisis de la escena del crimen podemos establecer el método de ataque usado por el agresor.

El método de ataque se refiere al mecanismo que usa el agresor una vez que se ha aproximado a la víctima para dominarla, generalmente con la fuerza o la amenaza verbal (Turvey, 2006). Puede ser:

    • Amenaza verbal: después de aproximarse la amenaza verbalmente para conseguir que haga lo que quiere.
    • Uso de fuerza con o sin arma: después de aproximarse la ataca físicamente para conseguir que haga lo que quiere, la golpea para dejarla sin capacidad de reacción.
    • Amenaza verbal y uso de arma: después de aproximarse la amenaza verbalmente con agredirla con un arma si no hace lo que quiere.
  • Analizar método de control:

Con los datos aportados por el análisis de la escena del crimen podemos establecer el método de ataque usado por el agresor.

Una vez que el agresor se ha aproximado a la víctima, la ha atacado para dominarla y evitar su capacidad de reacción, necesita tiempo y la colaboración de la víctima para poder agredirla. Para que el agresor pueda consumar su agresión, pueda manipular y someter debe tener controlada a la víctima y así no tener que dedicar tiempo ni recursos a sus reacciones defensivas.

Ese control se puede realizar de varias formas:

    • Usando la fuerza: golpear a la víctima para dejarla inconsciente, atarla, uso de grilletes...
    • Amenazas verbales: se amenaza con hacerle daño físico o matarla si no se está quieta.
    • Con la presencia de armas: presencia de una pistola, cuchillo, barra de hierro...

El análisis del método de aproximación, ataque y control pueden incluirse también en la evaluación del modus operandi del agresor, pero con los datos forenses y el análisis que se hace de la escena del crimen podemos obtener datos que nos ayuden a entender como son los primeros contactos y la agresión inmediata que se realizan sobre la víctima. Estos datos nos aportarán unas características concretas de comportamiento y psicológicas para realizar nuestro criminal profiling.

  • Analizar actos de precaución:

Los actos precaución también suelen denominarse en el ámbito de la criminología como conciencia forense. Son acciones que realiza el agresor, antes, durante y después del crimen para ocultar, confundir y despistar a los investigadores respecto a cómo sucedieron los hechos y principalmente dirigidas impedir su identificación. En este caso, no la presencia, sino más bien la ausencia de determinados indicios o rastros que tendría que haber en la escena del crimen nos pueden indicar que el agresor ha alterado la escena para dificultar su arresto y las labores de investigación.

Los actos de precaución pueden ir desde el uso de máscaras o disfraces para ocultar su identidad, uso de guantes o condones, incendio de la escena, selección de victimas desconocidas, limpiar la sangre...

La existencia de estos actos de precaución nos puede informar en función de la clase y complejidad de dichos actos de un determinado nivel de conocimiento en cuestiones médicas, forenses, policiales, químicas...nos puede indicar un nivel de perfeccionamiento, planificación, improvisación...

Los actos de precaución generalmente se van adquiriendo y desarrollando con la experiencia acumulada por agresor, así en su primer crimen, los actos de precaución son casi inexistentes, de ahí que sea muy importante analizar bien los primeros crímenes para encontrar datos que puedan ser enmascarados en futuros. El hecho de que pueda estar "fichado" por la policía hace que deba borrar todos los indicios forenses que puedan conducir a su identificación.

La proliferación hoy en día de numerosas series de televisión sobre temas de investigación forense y criminal hace que sea más difícil establecer una experiencia criminal previa en función de los actos de precaución, ya que en esas series un criminal "novato" puede aprender muchos actos de precaución que en otras circunstancias le llevaría mucho tiempo aprender.

  • Analizar la posible simulación de escenas:

Amañar o simular la escena del crimen estaría muy relacionado con los actos de precaución solo que la simulación en este caso supone una alteración mucho más compleja, planificada y global de la escena por parte del agresor. No se trata tanto de eliminar indicios como de alterar los indicios para dirigir a la policía a líneas de investigación equivocadas. El agresor manipula los indicios y añade rastros para que parezca la escena de otro crimen distinto al que sucedió. Por ejemplo un marido que mata a su mujer y simula la escena de un robo en la casa con el resultado además de la muerte de su esposa.

Para detectar la simulación de la escena, el profiler debe analizar y valorar cada uno de los indicios y resultados forenses de la escena, análisis individualizado y de conjunto, descubriendo posibles contradicciones e incoherencias, teniendo en cuenta que las personas pueden simular pero las pruebas no.

Hay que tener una visión de cada indicio dentro de la escena, dónde se encuentra, posición, cómo se relaciona con el resto de indicios, coherencia con la reconstrucción del suceso, coherencia con el resto de resultados forenses, coherencia con nuestros datos del criminal profiling, coherencia con nuestros conocimientos y experiencias sobre comportamiento y psicología criminal...

Quizá es la parte del análisis de la escena del crimen que puede resultar más difícil de realizar, pero es primordial para realizar nuestro criminal profiling de manera acertada.

La dicotomía organizada/desorganizada del F.B.I

Quizá la clasificación más famosa y usada en la técnica del criminal profiling respecto a la escena del crimen, es la que se relaciona con la tipología de criminales realizada por el F.B.I y la Unidad de Ciencias del Comportamiento, en concreto la clasificación criminal organizado-desorganizado.

Tras analizar muchas escenas criminales y delincuentes, llegaron a la conclusión de que los asesinos podían clasificarse en asesinos organizados y asesinos desorganizados. Ressler, profiler del F.B.I explica en su libro asesinos en serie, que hay asesinos que muestran cierta lógica en lo que hacen, son metódicos, planifican sus crímenes, son inteligentes y competentes socialmente, sería los llamados asesinos organizados. Por otra parte estarían los asesinos impulsivos, pocos inteligentes, que son incapaces de planificar sus crímenes, generalmente relacionados con trastornos esquizofrénicos, serían los asesinos desorganizados.

Desde el punto de vista psicopatológico el organizado estaría relacionado con personas psicópatas y el desorganizados con trastornos psicóticos. Ressler y los profilers del F.B.I emplearon la terminología organizado-desorganizado para que las fuerzas del orden público la pudieran usar sin tener en cuenta los matices psicopatológicos.

Los profilers del F.B.I argumentan que las diferencias entre una escena del crimen organizada y desorganizada radica en las mismas diferencias encontradas en la personalidad de los criminales organizados y desorganizados. Es decir, quien es organizado en su vida normal, será organizado cuando perpetre sus crímenes, y quien es desorganizado en su día a día, tenderá a ser desorganizado en sus crímenes. Estos grados de organización y desorganización podrán evidenciarse en la escena del crimen (Holmes & Holmes, 2009).

A continuación se muestra una tabla sacada del libro de Holmes & Holmes que compara las diferencias entre una escena del crimen de un agresor organizado y otra de un agresor desorganizado.

Organizado

Desorganizado

agresión planeada

agresión espontánea

victima extraña

victima conocida

personaliza a la victima

despersonaliza a la victima

controla la conversación

no habla con la víctima o muy poco

controla la escena del crimen

la escena del crimen es caótica

hace sumisa a la victima

violencia súbita

usa métodos de control

no usa métodos de control

muchos actos agresivos

realiza sexo después de la muerte

traslada el cadáver

no traslada el cadáver

usa armas

no usa armas o son de oportunidad

deja pocos indicios en la escena

hay muchos indicios en la escena.

En líneas generales, las diferencias en las distintas escenas se basan en que una escena organizada va a dar la sensación de haber sido más planificada, los pasos y modus operandi desplegado por el criminal obedecen más a un cuidadoso plan que a un ataque de agresividad y violencia repentina. El desorganizado actúa casi sin premeditación en la escena, no controla nada de lo que hace, sin embargo el organizado ha pensado en lo que tiene que hacer, hay poca improvisación y todo sus movimientos parece haber sido ensayados anteriormente, controla todo lo que ocurre.

El criminal organizado usa un arma que generalmente ha llevado consigo, es parte de su plan, el desorganizado usa un arma de oportunidad de la misma escena y muy posiblemente la deje allí.

El organizado personaliza su víctima, necesita una persona a la que humillar, controlar, agredir, el agresor interactúa, se comunica con ella, tiene un significado, mientras que para el desorganizado la victima está despersonalizada, es un objeto con el que no quiere tener ninguna relación, no le vale para nada excepto ser el blanco de su ira, de su agresividad. Eso se percibe en la escena, en la manipulación y heridas de la víctima.

El agresor organizado planea su huida, borra o trata de no dejar indicios que lo delaten, controla su fuga y eso se percibe en el "orden" y "limpieza" en la que deja la escena, mientras el desorganizado, en su descontrol psicótico no es capaz de realizar actos de precaución, huye apresuradamente, deja numerosas huellas, rastros e indicios.

No obstante, en la práctica real es difícil encontrar agresores y por tanto escenas totalmente organizadas o totalmente desorganizadas, más bien lo que se suele dar son escenas y comportamientos mixtos. Quizá la escena desorganizada de un crimen perpetrado por un psicótico durante un brote sea más fácil de encontrar y distinguir que una escena puramente organizada, en la que posiblemente se puedan encontrar muchos signos organizados mezclados a veces con elementos desorganizados. Eso obliga al profiler a no tratar de querer encontrar las escenas puras y que se adapten a sus estereotipos, sino a encontrar solo aquello que las evidencias hayan mostrado, huyendo de clasificaciones encorsetadas, impermeables y excluyentes que hagan perder el rigor y la objetividad del criminal profiling.

Jorge Jiménez Serrano.
Licenciado en Psicología por Universidad Sevilla (España). Experto en Psicopatología Criminal y Forense.
Artículo publicado en la R. digital Noticias Jurídicas

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