Teoría Causalista y Finalista del Derecho Penal

Lunes, 09 de noviembre de 2015

 

Teoría Causalista y Finalista del Derecho Penal

 

Autor: Ab. José Sebastián Cornejo Aguiar. [1]

 

Para Donna, en el derecho Romano, ya se había diferenciado entre el error de derecho y el error de hecho, que se trata del desconocimiento de los preceptos jurídicos, y éste, sobre las circunstancias de hecho recaídas o contenidas en el tipo penal y circunstanciales de la naturaleza fáctica de las causales de justificación.

Es por ello, que la doctrina utilizó como fuente de esta distinción, el principio en el cual el no conocimiento del derecho no excusa, el error iuris nocet.[2]

Es entonces, que con el avenimiento de la teoría finalista, el dolo deja de estar representado en la culpabilidad, para mudarlo en el tipo dentro de la escala de la teoría del delito, así, lo que el error de tipo, para el causalismo, hacía caer era la culpabilidad en referencia a características objetivas, o sea, situaciones de hecho no percibidas correctamente por nuestros sentidos. (DONNA E. A., 1995, págs. 266-275).

Por ende, y sin dejar de mencionar que esto ocurría en la concepción causalista, sólo el error de hecho era excusable y el derecho al presumirse conocido por todos, el error sobre éste no eximía.

Error de Hecho y de Derecho

La doctrina entonces, basaba su distinción en el error de hecho y derecho, partiendo del mentado principio error iuris nocet, solo se podía eximir de responsabilidad o eliminar el dolo en caso de haberse incurrido en el error de hecho.

Lo estructurado de ésta distinción, entraba en crisis en aquellas legislaciones, que excluían el error de derecho, así es como se trató de extender el concepto de error de hecho a circunstancias que bien encuadrarían en el error de derecho, en consecuencia suscitaba una subsunción del error de derecho en el error de hecho.

Esta equiparación era puesta en funcionamiento cuando el error recaía en elementos jurídicos de leyes extrapenales.

Llegando a generar un problema, el mismo que se suscita cuando se comienza a estar frente a valoraciones, y no simples percepciones de la realidad, esto es, como bien lo cita Jiménez de Asúa, a modo de ejemplo.

 ?la persona que se lleva algo ajeno creyendo que es propio. Entonces había que preguntarse qué pasaba con el error o desconocimiento en el elemento normativo, que, basándonos en el ejemplo citado, sería el término ajeno?. (ASÚA, 1998, pág. 329).

Así es como el error no podía nunca llegar a afectar al injusto, sino sólo a la culpabilidad dolosa, exculpando o excluyendo la misma o bien atenuándola.

Llegando a determinar que no habrían de ser imputadas al autor, aquellas circunstancias del hecho de las que no hubiese tenido conocimiento al realizar una acción punible, en consecuencia se excluía la culpabilidad dolosa.

Otra base de la antigua doctrina y jurisprudencia, opinaba que junto a los errores relevantes para la culpabilidad dolosa, existe una serie de errores que de un modo inequívoco no excluyen a la culpabilidad a título de dolo y carecen de relevancia en cuanto a la punibilidad, incluyendo entre éstas, al error sobre las condiciones objetivas de punibilidad y el requisito de una persecución a instancia de parte o circunstancias que fundamentan un requisito semejante.

El punto en donde se trataba el error era:

a) Aquel que afectaba al significado del error sobre la antijuricidad, sobre el carácter prohibitivo del hecho.

Ubicando en un plano netamente desechado no sólo error sobre la punibilidad sino también el error acerca del mero carácter de prohibido, de la antijuricidad o del merecimiento de pena de la conducta.

Por ende, el dolo debería extenderse hasta la antijuricidad.

b) La delimitación del error de tipo en cuanto al error irrelevante de derecho.

En donde era fácilmente asimilable el error con respecto a las circunstancias fácticas del hecho.

El terreno dificultoso, era transitado cuando las cuestiones referentes a la valoración falsa del autor y había creído por ello que no hacía nada prohibido. Y aquí es donde se comienza con los denominados elementos normativos del tipo.

Estos son los que hacen referencia a otras partes de la legislación, o que están basados en parámetros valorados por la sociedad.

c) El error en cuanto a las causales de justificación.

Es el error sobre los presupuestos que habilitarían a justificar su conducta bajo una de éstas causales o bien la extensión de normas de carácter permisivo traspasando los límites adecuados.

Por ejemplo la suposición errónea de creer que me están agrediendo. (JACOBS, 1995, págs. 560-580).

Cabe destacar, que las innovaciones del finalismo, en la dogmática moderna, luego de la tesis del injusto personal, dirigida por el finalismo, con la inclusión del dolo en el tipo y la mutación de una tipicidad bipolar, ?objetiva subjetiva?, el injusto deja de ser objetivo, se admite la inclusión de lo subjetivo en la tipicidad y en la antijuricidad, en cuanto a sus causales de justificación.

Dándose entre la tipicidad y la antijuricidad, como bien denomina Donna, una relación de regla excepción.

?En atención a ello, al existir una justificante no desaparece el tipo como tal sino la antijuricidad. En contraposición a ésta teoría se encontraba la teoría de los elementos negativos del tipo.? (DONNA E. A., 1995, pág. 268).

Más aún, esta nueva dogmática, exige que para que se opere con una causal de justificación, debe preexistir un hecho típico. Y podría caracterizarse al tipo y a la antijuricidad como evaluado sobre parámetros generales, mientras que el injusto y la culpabilidad sobre aquellos determinados y concretos.

La evolución que se viene describiendo, culmina, en cierto punto, transformando la culpabilidad en un escalafón de la teoría constituida solo por elementos normativos.

 

Finalismo. Inferencia del dolo en la acción típica

Con el finalismo, el concepto de delito modificó fundamentalmente la estructura de lo sostenido, ya que en ese entonces, el nuevo sistema de la acción típica fue equiparada con el dolo, por ende, de la acción se infiere que el dolo, juntamente con los otros elementos subjetivos del injusto, deben pertenecer al tipo, toda vez que la función de éste consiste en señalar todos sus elementos del injusto esenciales para la punibilidad.

De este modo la mencionada estructura sufrió la alteración, al menos de tres hitos fundamentales.

1.- La conciencia de la antijuricidad tuvo que separarse del dolo, ya que se debió ubicar en el centro del concepto de culpabilidad, habida cuenta que aquel es la concreción de la voluntad.

2.- En razón de la separación de la conciencia de la antijuricidad y el dolo, hubo que recalificar el error, ya que con anterioridad, el mismo se diferenciaba en error de hecho y de derecho.

3.- La participación, solo puede ser considerada en relación con un hecho principal doloso, habiendo ausencia del dolo, se debe negar el tipo del hecho principal. (JESCHECK H. H., págs. 180-191).

Una vez, entendido brevemente el finalismo, es necesario concentrarnos en la dogmática jurídica penal, que se dio posterior al finalismo, la misma que para Jesús María Sánchez, cuando analiza la problemática de la antijuridicidad, se refiere a que en la teoría del error de prohibición se presentan cuestiones de enorme calado, cuyo planteamiento y resolución trascienden a la tradicional disputa entre las teorías del dolo y las teorías de la culpabilidad.

 En este sentido, expresa que, tal vez, dos de los problemas más relevantes son, indudablemente, los referentes ?al sentido de los términos ?conocimiento? y ?antijuridicidad?, es decir, a su extensión conceptual?  (SILVA SÁNCHEZ, 2000, págs. 103-110).

Para, Silva Sánchez, efectivamente, conviene detectar cuándo hay un conocimiento de la antijuridicidad y cuándo no, dando lugar a un error de prohibición, lo cual prima facie constituye una cuestión independiente de las repercusiones sistemáticas del error de prohibición vencible. (SILVA SÁNCHEZ, 2000, págs. 108-115).

Tanto así, que para Mario Romano expone que tanto el ?merecimiento? como la ?necesidad de pena? constituyen categorías cuyas raíces derivan de una ?constante exigencia de justicia nunca eludible en cualquier ámbito del derecho, y por eso figuran como criterios de interpretación, de verificación o de corrección de los sistemas penales positivos?. (ROMANO, 1995, págs. 139-145).

En virtud de lo anterior, la existencia de un sistema de culpabilismo imputativo y de la pena ?son una prueba de que un ordenamiento conoce sus puntos débiles?. En esta tesitura, los ordenamientos que se han auto constituido como ordenamientos absolutos, ?no ven en la persona que niega ese carácter absoluto a un culpable, ya sea el hereje que niega la revelación y la tradición, ya sea el burgués que reniega de las leyes materiales del desarrollo histórico. (JACOBS, 1995, págs. 48-49).

Es decir, en estas condiciones, la expresión defecto volitivo, debe ser entendida como déficit de voluntad y más concretamente como déficit de motivación fiel al derecho.

Inclusive en el supuesto de un hecho doloso, el gravamen no se encuentra en el hecho psíquico del conocimiento de la antijuridicidad unido al conocimiento de las consecuencias jurídicas derivadas de la misma, sino en la falta de motivación dominante dirigida hacia la evitación. (JACOBS, 1995, págs. 51-52).

Consecuencias del concepto final de acción

Para finalizar cabe mencionar, que las consecuencias más importantes del concepto final de acción son las siguientes:

a)    Ordenamiento sistemático del dolo en la estructura de los hechos punibles.

b)    Tratamiento del error.

c)    Problemática de la autoría y de la participación.

d)    Ubicación de la antijuridicidad en relación con la culpabilidad.

e)    Entendimiento de las normas de comportamiento en función de los imperativos.

f)     Distinción entre disvalor de acción y disvalor de resultado.

g)    La probabilidad de una consecuencia es en el supuesto extremo un criterio de la imputación.

 

 

 



[1] Abogado graduado de la Universidad Internacional Sek, cursando actualmente la Especialización en Derecho Penal en la Universidad Andina Simón Bolívar, conferencista y escritor. Correo scor1719@hotmail.com

[2] Quiere, decir, que la convicción jurídica del presente proclama que el error invencible de hecho y de derecho excluye la responsabilidad penal, y lo único que se discute son las consecuencias que debe tener el error vencible o culpable de derecho.

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