Sensibilidad social de los juristas

Miércoles, 29 de noviembre de 2006

UNA TAREA DE GRAN SIGNIFICACIÓN PARA LA HUMANIDAD
La defensa de los derechos de las futuras generaciones



Por: Dr. Fernando Chamorro


EN UN MUNDO MARCADO por una alta dosis de egoismo de los que más tienen o más pueden, caracterizado por esa búsqueda personal de solución de los problemas, pensar en lo derechos humanos ya se convierte en una opción moral importante. Y es que los derechos humanos constituyen una suerte de referente para los pueblos y las personas.

La misión del abogado o del jurista se ha caracterizado siempre por hallarse estrechamente vinculada con la preocupación por sus semejantes.

Robert Clark, Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard decía en 1990 a los estudiantes del primer año:

"Deben guardarse de la imagen simple de que existen carreras buenas y malas y comprometerse desde temprano en una vida profesional ética. En cada esquina de la profesión tendrán la oportunidad de servir a la sociedad. Ninguna parte de su carrera tiene el monopolio de hacer el bien. El trabajo esencial del abogado es ayudar a la gente a solucionar sus problemas, ya sea cooperando con las oficinas del gobierno, los vecinos o los cónyuges. El abogado ayuda también a que giren las ruedas del comercio o los negocios, a producir los bienes y servicios que necesita la sociedad. No permitan a nadie convencerles de que se están "vendiendo" en cualquier profesión que hayan escogido. Lo importante es que sean sinceros consigo mismos, que hagan su trabajo con honestidad e integridad y que consideren permanentemente las implicaciones de sus actos, ya sea que sirvan al Gobierno o representen a los individuos o a las corporaciones".

Una de las tareas fundamentales del derecho es la defensa de los intereses de los individuos y la sociedad. Esto es, comprometerse con una realidad en la cual tengan vigencia los valores más trascendentes.

El profesor argentino Julio de Zan señala que "la ética no es un asunto privado debe ordenar el sentido de la propia existencia personal y permitirle al individuo responderse a esa cuestión esencial de ¿por qué debo ser moral?", ya antes Hegel decía que la moralidad abstracta se vuelve impotente si no se injerta en un ethos vivido, si no se vincula con los elementos históricos y culturales que nos ha tocado vivir.

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