Metodología de la Ciencia Jurídica

Lunes, 30 de marzo de 2015

Metodología de la Ciencia Jurídica

 

Autor: Giovanni Battista Ratti*

 

1. Las expresiones ?Conocer el derecho? y ?ciencia jurídica?

?Conocer el derecho? es una expresión sumamente ambigua, usada para denotar muchas actividades diferentes y sus respectivos productos. En efecto, refiriéndose únicamente a los usos más difundidos en la literatura, dicha expresión a veces es utilizada para designar el conocimiento de hechos relativos al derecho y otras veces para designar la descripción de (algún aspecto de) las normas jurídicas. Además, es usada para referirse a la previsión de las decisiones futuras de los tribunales.

Asimismo, ?ciencia jurídica? es una expresión usada a la vez tanto para acreditar como genuinamente científicas algunas actividades y sus productos como para construir un ideal normativo de lo que debería ser la genuina tarea científica en el ámbito del derecho.

Ciñendo nuestro discurso a la era presente, cabe afirmar que hoy en día por ?conocer el derecho?[1] se entiende, de manera genérica, una actividad que (1) versa sobre normas, (2) se realiza mediante el análisis lingüístico «dirigido a reproducir y combinar documentos preceptivos»[2], (3) es útil para alcanzar determinados fines prácticos.

Interrogantes entorno al conocimiento científico de la ciencia jurídica

Obviamente esta definición genérica admite muchas especificaciones. A mero título de ejemplo, se pueden plantear las siguientes cuestiones básicas: ¿?Conocer normas? denota una actividad dirigida a identificar textos normativos y/o sus significados[3]? ¿La actividad de producción de normas implícitas que cumplen a menudo los juristas en combinar documentos preceptivos es una actividad cognoscitiva (en el sentido de que se limita a explicitar lo que ya está incluido en el dictado normativo) o, al contrario, es una actividad productiva, para-legislativa, creadora de nuevas normas[4]? Y todavía, ¿Cuáles son, exactamente, las finalidades prácticas a las cuales apunta el conocimiento del derecho[5]?

Las respuestas a estos interrogantes tienen evidentes repercusiones sobre el modo en que se conciba la ciencia jurídica, ya que una cierta actividad y sus productos serán considerados científicos en la medida que cumplan con los criterios trazados en dichas respuestas.

En este sentido cabe decir que se encuentran al menos dos ?grandes familias? de concepciones de la ciencia jurídica en la literatura contemporánea.

Ciencia del Derecho: Teorías Descriptivistas y Antidescriptivistas

Por un lado, la familia de las teorías ?descriptivistas? sostiene que el conocimiento genuinamente científico del derecho debe ser tendencialmente avalorativo, de corte descriptivo y no manipulativo del discurso de las autoridades normativas.

Al contrario, la familia de las concepciones ?antidescriptivistas? sostiene que quien quiera realizar una tarea que tenga utilidad práctica para los juristas no puede limitarse a describir simplemente hechos o normas), sino que no puede identificar el derecho sin valorarlo y debe modificarlo, si es el caso, a los efectos de completarlo e integrarlo en vista de su aplicación judicial.

Estas dos familias tienen, en consecuencia, visiones muy distintas de lo que cuenta como ?ciencia del derecho?: mientras que la primera sugiere un modelo de ciencia al cual los juristas deberían conformar sus actividades, la segunda tiende a acreditar lo que ya sustancialmente hacen los juristas como algo genuinamente científico.

Antes de llevar a cabo el análisis de algunos modelos de ciencia jurídica que pertenecen a estas dos familias, es preciso introducir un caveat: en la epistemología y la filosofía de la ciencia contemporáneas, se distingue claramente entre valores epistémicos y valores morales y se sostiene sobre esta base que el verdadero discurso científico debe ser depurado de toda valoración moral, aunque no puede escapar algún tipo de valoración epistémica[6]: en particular, al nivel básico, no puede obviar recortar, entre un número infinito de fenómenos, los que considera relevantes a los efectos del conocimiento científico. Con estos mimbres, la epistemología contemporánea sostiene que cualquier genuina empresa científica tiene como objetivo característico describir de forma avalorativa los fenómenos, identificar las relaciones causales entre eventos y predecir, sobre esta base, los acontecimientos futuros. Como veremos, un solo modelo de los cuatro que analizaremos a continuación ? el modelo predictivo del realismo jurídico ? es conforme a todos los tres parámetros ahora mencionados.

 

2. Dos modelos ?descriptivistas? de ciencia jurídica

La epistemología jurídica contemporánea, de índole analítica, ha propuesto dos principales modelos meta-científicos[7]: uno normativista o iusracionalista, el otro naturalista o iusrealista. Las versiones más sofisticadas de dichos modelos son aquellas elaboradas, respectivamente, por Carlos Alchourrón y Eugenio Bulygin a los comienzos de los años setenta, y por Brian Leiter, durante la primera década del nuevo milenio.

2.1. El modelo iusracionalista de ciencia jurídica de Carlos Alchourrón y Eugenio Bulygin

El primer modelo ? denominado normativista, ya que asume como elementos fundamentales las normas, o racionalista, ya que tiene a enfatizar el supuesto elemento lógico-racional de las actividades de los juristas ? encuentra una formulación todavía no superada en la meta-ciencia de Alchourrón y Bulygin, articulada en se célebre obra sobre la lógica de los sistemas normativos[8].

La intención principal de Alchourrón y Bulygin consiste en arrojar luz sobre las actividades realizadas por los juristas al presentar de manera sistemática el contenido del derecho, reconstruyendo racionalmente sus operaciones y demostrando que una de sus tareas principales es constituida por el desarrollo de las consecuencias lógicas de las normas.

La posibilidad de proceder a desarrollar lógicamente las normas jurídicas supone que ya se hayan interpretado los enunciados relevantes para solucionar una cierta cuestión jurídica. Sin embargo, el examen de la interpretación de los enunciados jurídicos (lo que Alchourrón y Bulygin llaman ?la identificación de las normas jurídicas?) se queda en el trasfondo del análisis de los dos autores argentinos[9].

Confrontación entre los enunciados lógicos y al ctividad de los juristas

Alchourrón y Bulygin quieren, antes de nada, «trazar una clara línea divisoria entre los problemas lógicos que corresponden a la compleja actividad de los juristas que llamamos sistematización de los enunciados de derecho, y los problemas empíricos referentes a la identificación previa de tales enunciados, aunque esta división no agota, por cierto, toda la problemática de la ciencia del derecho»[10].

La interpretación es concebida por Alchourrón y Bulygin como una actividad empírica (más exactamente, de identificación de hechos relativos al significado de las disposiciones jurídicas), la cual se concreta en la determinación de las consecuencias normativas que pueden ser extraídas de las normas jurídicas.

En obras sucesivas[11], efectivamente Alchourrón y Bulygin modifican parcialmente sus posiciones en relación con la interpretación y distinguen claramente entre descubrir y adscribir un significado, defendiendo por un lado el carácter empírico de las solas actividades que describen hechos relativos al significado de los enunciados, y, por otro lado, la exigüidad de los casos en los que los juristas deben ejercer su discreción a la hora de atribuir un significado a los enunciados normativos. 

La sistematización, que en la terminología de Alchourrón y Bulygin denota el desarrollo lógico de las normas, es configurada como una actividad doble: (1) en un primer momento (que precede conceptualmente el segundo) el jurista determina las consecuencias lógicas de las normas; (2) en un segundo momento, procede a reformular el conjunto originario de las normas (la llamada ?base normativa?), reemplazándolo con un conjunto más restringido, pero equivalente desde un punto de vista normativo.

Observan Alchourrón y Bulygin que, usualmente, los juristas no se limitan a desarrollar lógicamente un cierto conjunto de normas, sino que realizan también una reformulación sobre la base del llamado ?principio de economía?. En otras palabras, reemplazan la base normativa del sistema con una base equivalente pero más restringida, que permite tener una mejor visión del conjunto y es más apta a ser manejada a efectos prácticos.

Reformulando la base del sistema, sin modificar sus consecuencias normativas, es posible eliminar las eventuales redundancias del sistema, mientras que no es posible eliminar antinomias y lagunas. Y esto se debe al hecho de que antinomias y lagunas son defectos del sistema que no pueden eliminarse a menos que se modifique la conexión entre supuestos de hecho y consecuencias jurídicas, mientras que las redundancias son defectos de una presentación o formulación de una base del sistema, para eliminar las cuales es suficiente, justamente, reformular la base, sin modificar sus consecuencias[12].

Queda fuera del modelo meta-científico de Alchourrón y Bulygin cualquier actividad de índole modificativa o manipuladora, en tanto actividad que va más allá de los límites de las funciones cognoscitivas de la ciencia. «La actividad teórica de los científicos del derecho ? escriben los autores ? no consiste [...] en la modificación del derecho, que es tarea propia del legislador»[13]. Según Alchourrón y Bulygin, «el científico no puede por sí solo modificar el sistema impuesto por el legislador, razón por la cual no puede eliminar las lagunas y las incoherencias. Sólo puede formular propuestas para su eliminación»[14].

 

Interpretación de la norma

Obviamente, Alchourrón y Bulygin no llegan a negar la realidad y a sostener que, de hecho, los juristas no intenten modificar el derecho. Ellos sostienen la tesis diferente según la cual, cuando los juristas modifican el derecho, dejan de hacer ciencia y empiezan a actuar como legisladores o políticos. Es preciso enfatizar que, para Alchourrón y Bulygin, son extremamente infrecuentes los casos en los que una disposición jurídica resulta ambigua, esto resulta susceptible de ser interpretada de diferentes maneras. Por consiguiente, es relativamente fácil identificar los casos de manipulación normativa, puesto que los defectos del sistema, sobre los cuales los juristas pueden intervenir en sede de modificación, se presentan en la mayoría de los casos como ?datos de la experiencia? que los juristas no crean, sino que se limitan a describir.

De ahí que las valoraciones subjetivas que los juristas formulan en relación con un sistema jurídico son necesariamente valoraciones externas a él, que nada tienen que ver con su formulación.

En este contexto, se inscribe la importante noción de laguna axiológica. De la discrepancia entre las ?valoraciones? de las autoridades normativas y las valoraciones del intérprete surgen las llamadas lagunas axiológicas: los casos que, a pesar de tener una solución normativa en un cierto sistema jurídico, han sido solucionado de manera inadecuada según el intérprete. En otras palabras, según el intérprete debería ser considerada relevante una cierta propiedad de un supuesto de hecho que, en un determinado sistema jurídico, es en cambio irrelevante: dicho juicio de relevancia resulta, por otro lado, prodrómico a la modificación tácita del derecho por parte de los juristas. Él crea una laguna (de naturaleza efímera) que sucesivamente procede a llenar mediante una norma que él mismo ha creado.

 

2.2. El modelo naturalista de ciencia jurídica de Brian Leiter

El segundo modelo analítico ? llamado naturalista, ya que asume como objeto de la actividad científica los hechos y las relaciones causales que se dan entre ellos en la naturaleza, o iusrealista, ya que intenta explicar lo que de hecho hacen los juristas cuando sostienen, a menudo de manera engañosa, que realizan una actividad científica que versa sobre el derecho ? encuentra una formulación convincente en la meta-ciencia de Brian Leiter.

De acuerdo con Leiter, los proyectos naturalistas de ciencia jurídica «tratan de comprender las operaciones de los jueces en términos de la demografía económica y social que explica su comportamiento» y «nos ofrecen una imagen de los tribunales que los ubica en una concepción naturalista más general del mundo, en la que rigen las causas deterministas y la acción voluntaria juega un papel menor o no juega ningún papel». En consecuencia, escribe todavía Leiter, estas explicaciones «realizan una unificación explicativa de los fenómenos jurídicos con otros fenómenos que constituyen el mundo natural del que la ciencia ya tiene un conocimiento profundo»[15].

Es importante observar que la ciencia jurídica defendida por Leiter no tiene casi nada en común con la dogmática jurídica tal y como es concebida por los juristas en los sistemas romanistas, los cuales suelen limitarse a la ?exposición ordenada? de un cierto conjunto de normas jurídicas, eventualmente colmando sus lagunas y solucionando sus antinomias. La ciencia jurídica de inspiración naturalista, al contrario, realiza una investigación sobre las causas que determinan que ciertas decisiones sean tomadas por determinados tribunales[16].

Y esto hace posible predecir las decisiones futuras de los tribunales y, en consecuencia, los cambios de interpretación que éstos realizarán cuando los hechos del caso causarán en ellos, en razón de ciertos factores latamente socioculturales, la necesidad de modificar la atribución de significado a ciertas fuentes que hasta el momento habían realizado. Ese modelo de ciencia jurídica es instanciado (aunque no del todo satisfactoriamente, según Leiter) por el llamado ?modelo de las actitudes? de Jeffrey Segal y Harold Spaeth[17] que pretende predecir las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre la base de la conjunción de los hechos del caso y de las actitudes ideológicas y los valores de los jueces.

Este modelo ha alcanzado un nivel de acierto predictivo en predecir las decisiones judiciales mucho más alto que un modelo basado en la idea de que es la clase de las razones jurídicas (fuentes más cánones interpretativos) la que determina las decisiones judiciales.

Es importante subrayar ? como sugiere Leiter[18] ? que muchos modelos meta-científicos acuerdan sobre el hecho de que las soluciones a las cuestiones jurídicas pueden ser explicadas haciendo referencia a determinadas causas y que, en consecuencia, las decisiones judiciales que son asumidas en virtud de dichas causas pueden ser predichas sobre esta base.

La real diferencia consiste en incluir entre dichas causas la determinación racional del derecho. Los iusracionalistas sostienen en efecto que, si se conocen las disposiciones jurídicas relevantes y los cánones interpretativos apropiados, es posible establecer con exactitud cuáles son las soluciones a las cuestiones jurídicas y predecir, entonces, cuáles serán las decisiones judiciales correspondientes. Para el naturalismo, esto constituye una visión completamente engañosa, ya que las disposiciones jurídicas pueden ser interpretadas de muchos modos distintos, de forma que no hay (casi) nunca una solución determinada a una cierta cuestión jurídica. La solución que, de hecho, será asumida, puede ser identificada, y predicha con buena aproximación, no ya apelándose a las razones jurídicas, sino a la explicación socio-científica que permite identificar los factores extrajurídicos que inducen, de hecho, a los juristas (y especialmente a los jueces) a preferirla a otras soluciones.

 



* Profesor de Filosofía del Derecho, Instituto Tarello para la Filosofía del Derecho, Departamento de Derecho, Universidad de Génova (Italia).

[1] Ver al menos P. Comanducci, E se smettessimo di parlare di ?scienza giuridica??, en ?Analisi e diritto?, 2014; R. Guastini, Conoscere il diritto. Un inventario di problemi, en ?Quaderni di Ricerca Giuridica?, 75, 2014, pp. 25-38.

[2] P. Comanducci, E se smettessimo di parlare di ?scienza giuridica??, cit., p. 284.

[3] G. Tuzet, Descrivere norme, en ?Materiali per una storia della cultura giuridica?, 35, 2015.

[4] R. Guastini, Juristenrecht. Inventando derechos, obligaciones y poderes, en J. Ferrer Beltrán, J.J. Moreso, D.M. Papayannis (eds.), Neutralidad y teoría del derecho, Madrid, Marcial Pons, 2012.

[5] A. Núñez Vaquero (ed.), Modelando la ciencia jurídica, Lima, Palestra, 2014.

[6] B. Leiter, Naturalismo y teoría del derecho, Madrid, Marcial Pons, 2012, p. 224.

[7] Para una presentación más amplia, cf. R. Guastini, Il diritto come linguaggio, Torino, Giappichelli, 2001, pp. 194-196; Id., La sintassi del diritto, Torino, Giappichelli, 2011, cit., pp. 440 ss.

[8] C.E. Alchourrón, E. Bulygin, Introducción a la metodología de las ciencias jurídicas y sociales, Buenos Aires, Astrea, 1975, pp. 111 ss.

[9] E. Bulygin, Dogmática jurídica y sistematización del derecho, en C.E. Alchourrón, E. Bulygin, Análisis lógico y derecho, Madrid, Centro de estudios constitucionales, 1991, pp. 469-470.

[10] C.E. Alchourrón, E. Bulygin, Introducción a la metodología de las ciencias jurídicas y sociales, cit., p. 111.

[11] Véase E. Bulygin, Dogmatica jurídica y sistematización del derecho, cit., p. 471. Cf. también C.E., Alchourrón, Systematization and Change in the Science of Law, en ?Rechtstheorie?, Beiheft 10, 1986. Como es sabido, Alchourrón, en el ensayo del 1996 On Law and Logic (ahora en J. Ferrer Beltrán, G.B. Ratti (eds.), The Logic of Legal Requirements. Essays on Defeasibility, Oxford, Oxford University Press, 2012, hay versión castellana Sobre derecho y lógica, en ?Isonomía. Revista de teoría y filosofía del derecho?, 13, 2000, pp. 11-33) parece defender una diferente concepción de la interpretación jurídica, de la cual se deriva también una diferente reconstrucción de la ciencia jurídica. Véase, al respecto, J. Ferrer Beltrán, G.B. Ratti, Defeasibility and Legality: A Survey, en J. Ferrer Beltrán, G.B. Ratti (eds.), The Logic of Legal Requirements, cit., pp. 25-29.

[12] C.E. Alchourrón, E. Bulygin, Introducción a la metodología de las ciencias jurídicas y sociales, cit., pp. 126-127.

[13] Ibid., p. 128.

[14] Ibid., p. 103.

[15] B. Leiter, Naturalismo y teoría del derecho, cit., p. 187.

[16] Ibid., pp. 118-119.

[17] Cf. J.A. Segal, H.J. Spaeth, The Supreme Court and the Attitudinal Model, New York, Cambridge University Press, 1993. Véase también Id., The Supreme Court and the Attitudinal Model Revisited, New York, Cambridge University Press, 2002.

[18] B. Leiter, Naturalismo y teoría del derecho, cit., pp. 136-137.

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