LA OBSERVACIÓN ELECTORAL INTERNACIONAL

Jueves, 14 de enero de 2010

 

HERRAMIENTA GEOPOLÍTICA Y GARANTE DE LA DEMOCRACIA INTERNA

 

Por: Ab. Diego Zambrano Álvarez

 

 

Introducción:

La observación internacional suele definirse como ??la búsqueda sistemática de información sobre un proceso electoral con el propósito de llegar a una adecuada evaluación del mismo sobre la base de la información recogida??.

 

 

 

 

Atendiendo a esta definición, la observación electoral se presenta como una herramienta técnica de gran relevancia política por su relativo poder de incidencia en la legitimación o deslegitimación de los procesos electorales que se desarrollan dentro de cualquier Estado que permita su realización. La relatividad del peso político de las diferentes misiones observadoras dependerá del grupo de presión al que representan o del cual hubiesen obtenido financiamiento, generalmente este financiamiento proviene de otros Estados o de órganos conformados por otros Estados.

Interpretación:

Al igual que en todo tipo de información, los datos electorales son interpretados por quienes tienen a su cargo la sistematización de los mismos y aún más, por quienes redactan los informes e incluyen conclusiones y recomendaciones que una vez publicados pasan a constituir el criterio oficial del órgano que envía la misión. La evaluación que realizan las organizaciones observadoras no son ni pueden ser inmunes a los criterios subjetivos que generalmente se derivan de la forma de entender el proceso electoral del país de origen del observador, es decir, por más profesionales y técnicas que sean, no se encuentran libres de valoraciones ideológicamente sesgadas, descontextualizadas y culturalmente prejuiciosas que adoptan el estatus de criterios oficiales y se transmiten por el mundo mediante informes.

?El enfoque contextual se cuida de no relacionar un modelo estático de efectos con un sistema electoral determinado, ni en aplicación con los distintos países, ni dentro de un mismo país a lo largo de su historia (?) sistemas electorales que en una época determinada de la historia nacional produjeron, como ha quedado demostrado, integración y favorecieron la formación de mayorías, tienen efectos parcialmente distintas.?

Resultaría condenable que la independencia de las observadoras y observadores estuviese condicionada por presiones e intereses geopolíticos de potencias extranjeras y/o que respondan a fuerzas sectoriales internas, cuya actuación desestabilizadora conduciría a la propia ciudadanía a deslegitimar un proceso electoral transparente o no, cuando los resultados del mismo se presentaren como una amenaza para los intereses económicos o políticos de grupos generalmente indeterminados. Por el contrario, si el proceso electoral no resultare boicoteado, el sólo hecho de cubrir con dudas y perspicacias el origen de la autoridad electa, desgasta la imagen ante la opinión pública y el ejercicio de sus funciones oficiales.

El objetivo del presente trabajo radica en analizar los choques que pueden presentarse entre el desarrollo de misiones electorales de observación, especialmente de observación internacional, frente a algunos principios constitucionalmente consagrados. A partir de ello, pretendo ensayar una propuesta alternativa que sea capaz de mitigar los efectos perniciosos, que durante este estudio iré presentando.

Origen de la Observación Electoral y Niveles de Independencia:

La historia da cuenta de una observación electoral que apareció en la escena de las relaciones internacionales como un mecanismo preventivo que buscaba garantizar el pacífico y transparente proceso de regreso a la democracia de aquellos países que se encontraban sometidos a un régimen dictatorial; o, que se encontraban en pleno proceso de independencia ante la colonización de potencias extranjeras, generalmente europeas.

La desconfianza que existía ante el manifiesto interés de grupos de privilegio en perpetrar regímenes totalitarios que veían cercana la oportunidad histórica de legitimarse democráticamente y conseguir, consecuentemente el aval internacional por medio de un sufragio manipulado o fraudulento; provocó que la Comunidad Internacional despliegue las primeras observaciones electorales. Todo esto ocurriría cercanamente después de la finalización la segunda gran guerra y el despliegue de la observación electoral recaería en la Organización de Naciones Unidas.

La primera observación electoral se produjo en Corea, en 1948. Recordemos que en 1945 Corea fue tomada, por el norte, por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y por el Sur, por el Ejército de los Estados Unidos de Norteamérica. Las tensiones entre colonos y quienes reclamaban retomar el control de su soberanía, impulsó una corriente internacional liderada por la Comisión Temporal de Naciones Unidas, para Corea que incidió de forma determinante en la convocatoria a elecciones generales en 1948. Este modelo de fiscalización política fue reproducido por la Organización de Estados Americanos a partir de 1961, en República Dominicana, país que experimentaba un periodo de transición que fue desde el asesinato de Rafael Trujillo, hasta la implementación de un régimen democrático, de corte electivo.

Luego de la denominada segunda oleada democrática, producida en América Latina en inicios de la década de los años setenta, la observación internacional fue paulatinamente cambiando su enfoque original. El contexto internacional, generalmente democrático en el que vivimos, desarrolla procesos electorales que utilizan técnicas y tecnología generalmente aceptada a nivel mundial. Esto hace de la observación electoral un mecanismo de asistencia técnica, con importantes y hasta determinantes repercusiones políticas. Así, las misiones electorales actuales dan fe del cumplimiento de las normas jurídicas aplicables a los procesos, así como de la transparencia con la que actúa la autoridad electoral correspondiente.

 
Aspectos técnicos de la observación electoral:

Desde el punto de vista técnico, la observación electoral internacional, generalmente auspiciada por Estados u organismos supranacionales, suele ser el inicio de una relación interinstitucional de apoyo técnico de vanguardia que favorecerá al eficiente desempeño de la organización del proceso electoral. Esta colaboración suele estar acompañada de la suscripción de convenios de capacitación a funcionarias y funcionarios, que promueven procesos de integración o intercambio de experiencias entre organismos electorales análogos, donación de material bibliográfico y de consulta, entre otro tipo de apoyo.

Esta forma de cooperación internacional suele acompañarse de compromisos interinstitucionales en virtud de los cuales se permite a organismos promotores de las misiones observadoras a acceder a información de primera mano, promover un desarrollo homologado del quehacer electoral, pero por sobre todo, tienen la opción de incidir en las decisiones de la autoridad electoral ya que su cercanía a las altas autoridades, y la discrecionalidad del direccionamiento de recursos, según los intereses del organismo inversor van creando una relación de dependencia y control de los órganos electorales y las misiones van ganando espacio e influencia en el quehacer político del país.

No dudo de la utilidad que tiene la incorporación de tecnología confiable que abone a la credibilidad, celeridad y transparencia de los procesos electorales. No obstante, el adoctrinamiento que suele realizarse a funcionarios, por iniciativa de organismo supranacionales, a veces como única fuente de especialización, ha producido una homologación en el modo de organizar las elecciones y en los criterios de solución de los conflictos derivados de esta actividad. Esta homologación no es siempre ni necesariamente aplicable a los diferentes contextos culturales, por lo que dicha asistencia no debería, como de hecho ocurre, excluir a la responsabilidad de los Estados de financiar investigaciones científicas que proporcionen datos reales sobre el impacto de ciertas metodologías en el comportamiento del cuerpo electoral.

Las donaciones, las becas de capacitación y la realización de eventos sociales posibilitan un acercamiento entre estos órganos y las autoridades que serán observadas, lo que puede repercutir desfavorablemente en la imparcialidad deseada para este tipo de veeduría. Finalmente, el acceso a información, de primera mano, posibilita la maniobra política de los organismos de los que depende la misión. La globalización electoral en la que vivimos y la acción, a veces descontrolada de la observación internacional, incita reacciones anticipadas de otros Estados que pudiesen resultar afectados y que también apoyados por tales supranacionales. La cercanía a las autoridades y la amenaza de limitar o suspender las ayudas financieras y personales puede ser un arma de sometimiento de la autoridad electoral, a favor de intereses ajenos al sufragio ciudadano.

Desde la perspectiva política, los organismo supranacionales de las que dependen las misiones, a más del poder de maniobra, tienen la posibilidad de legitimar o deslegitimar el acceso al poder de quienes hubiesen resultado favorecidos por el voto popular. El poder de la observación internacional es tan amplio que con la sola denuncia de fraude, comprobado o no, fue capaz de promover el desconocimiento del gobierno de Manuel Antonio Noriega (Panamá 1989). Esta denuncia produjo un aislamiento por parte de la Comunidad Internacional, agitación interna y su posterior reemplazo. Asimismo, aunque no produjo la destitución del cargo, el presidente peruano Alberto Fujimori, en el año 2000 sufrió una deslegitimación internacional por idénticas causas, lo que produjo la ruptura de relaciones diplomáticas con varios Estados.

Observación electoral nacional e internacional:

Cabe diferenciar entre la observación electoral nacional e internacional. La primera de ellas se sustenta en el derecho constitucional de todas y todos a participar en la toma de decisiones públicas y de fiscalizar los actos del poder público. Este derecho concuerda con la calidad de mandante y primer fiscalizador del poder público que la Constitución (CR), en su artículo 61 y 204 atribuye al pueblo; en armonía con el control social al que están sujetos los órganos que integran la Función Electoral(Art. 223 CR). La veeduría interna es un derecho de todo ciudadano y ciudadana que debe ser respetado, protegido y promovido en sí mismo, y porque constituye un prerrequisito necesario para autotutelar otros derechos fundamentales como el de asociación y reunión, sufragio activo y pasivo, el derecho a vivir en un sistema democrático entre tantos otros. Como parte de las veedurías internas tenemos a las observaciones que despliegan los propios órganos electorales tendrán, por objetivo verificar el cumplimiento de las obligaciones de los funcionarios que participan en el desarrollo de cada una de las etapas que conforman el proceso electoral.

La observación internacional, por el contrario, actúa con fundamento en la invitación de los Estados lo que puede llegar a ser una primera oportunidad para manipular el desarrollo de la veeduría. Por otra parte, las misiones observadoras suelen ser accesibles a los grupos políticos internos cuyas denuncias pueden levantar fácilmente voces de alarma y sospecha. La observación internacional suele ser propensa a la propagación del pánico electoral, no sólo por no conocer a satisfacción el contexto político nacional en el que desarrollan su trabajo, sino porque sus percepciones están viciadas por los prejuicios técnicos y culturales de sus países de origen. Por citar un ejemplo, la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea atendió directamente una denuncia realizada por el ex candidato presidencial Lucio Gutierrez y desplegó un amplio operativo para investigar los hechos. El supuesto fraude no llegó a conocimiento del Tribunal Contencioso Electoral, ya que no existía mérito probatorio para entablar un proceso jurisdiccional; no obstante, a mi modo de ver la Misión de Observadores, al investigar el asunto, interfirió desfavorablemente en la acción de la justicia interna y dio relevancia política a una denuncia infundada que pudo haber repercutido en la credibilidad del proceso.

Asimismo, los sistemas electorales generalmente manejan dos criterios o maneras de resolver sus conflictos. Así, los sujetos políticos pueden arreglar sus diferencias por medio del diálogo, la negociación, es decir, pueden resolver conflictos armonizando sus intereses partidistas dentro de la esfera política. No obstante, cuando estos acuerdos resultan imposibles y las pasiones propias de la contienda desbordan el diálogo, la controversia ingresa al ámbito jurisdiccional en la que un órgano especializado, bajo la lógica del derecho, procesa el conflicto sometido a su decisión. Por tanto, la esfera política y la jurisdiccional, cada una dentro de su espacio propio de incidencia, buscan complementarse y fortalecer al sistema electoral en su conjunto. Esto genera confianza en la ciudadanía y este ambiente de credibilidad es apto para mantener la paz interna de los Estados y el desarrollo normal de los procesos democráticos.

Misiones observadoras en Ecuador:

Existen misiones observadoras que contrariando su naturaleza imparcial entran a criticar, desde una óptica política decisiones jurisdiccionales. Por mandato constitucional toda sentencia es o debe ser motivada, lo que implicaría que cualquier argumento en contrario debe ser jurídica y aceptablemente esgrimido y argumentado para evitar que perspectivas finalistas, descontextualizadas y mediáticas minen el normal desarrollo del proceso electoral. La Misión de Observadores de la Unión Europea, en su informe, criticó sin plantear razones jurídicas la actuación del Tribunal Contencioso Electoral por abstenerse de aplicar una sanción al Movimiento Alianza País puesto que, según lo indica el órgano de justicia electoral, dicha sanción se basaba en una norma infralegal; por tanto, en aplicación del principio de reserva de ley

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