La Nacionalidad Ecuatoriana

Jueves, 28 de noviembre de 2013

La Nacionalidad Ecuatoriana

Autor: Oscar Valenzuela Morales[1]

Introducción

Abordaré en este artículo dos aspectos bastante controvertidos que están relacionados con la nacionalidad ecuatoriana señalados en la Constitución de la República, vigente en el país desde el 20 de octubre del 2008.

El primero es el Art. 8, numeral 4, y el segundo es el Art. 7, numeral 2, cuyos análisis son importantes por las consecuencias que han traído y podrían manifestarse en la sociedad ecuatoriana.

Lo que pretendemos suscitar con esta entrega es una reflexión sobre la nacionalidad y sus características, las cuales tienen profundas raíces de orden social, cultural e incluso históricas que tendrían que manifestarse en el sujeto cuya nacionalidad o naturalización ecuatoriana aspira ser reconocida o entregada en relación con las personas del país que brinda esa acogida.

El hecho de adquirir una nacionalidad debería ir mucho más allá de un simple trámite administrativo realizado por un individuo en una dependencia pública, para obtener una cédula de ciudadanía o un pasaporte que le permita viajar a otras regiones del mundo con más facilidad que si lo hiciera con un documento de viaje otorgado por su país de origen.

Digo esto, porque ?la nacionalidad ecuatoriana es el vínculo jurídico político de las personas con el Estado, sin perjuicio de su pertenencia a alguna de las nacionalidades indígenas que coexisten en el Ecuador.

 

 

Nacionalidad: vínculo jurídico - político

 

La nacionalidad ecuatoriana se obtendrá por nacimiento o por naturalización y no se perderá por el matrimonio o su disolución, ni por la adquisición de otra nacionalidad,? tal como se define en el Art. 6 de la Constitución de la República.

 

En lo esencial, en igual tónica se define el concepto en el Compendio de Derecho Civil (Quito, 1968) del tratadista Juan Larrea Holguín: ?La nacionalidad es un vínculo jurídico y político que relaciona las personas (y por una ficción, ciertas cosas personalizadas) con un Estado de tal modo que origina un estatuto que les distingue de la situación de las demás personas, que por contraposición de llaman extranjeros.?

Por un lado, se encuentra el vínculo jurídico generado con el otorgamiento de la nacionalidad que une a las personas con un Estado, el cual genera un conjunto de obligaciones y derechos recíprocos de diverso tipo, los que incluso rebasan el simple hecho de un registro como nacional efectuado en una entidad pública.

 

Mientras, el vínculo político permite diferenciar claramente a los nacionales de los extranjeros, porque, en primer lugar, la nacionalidad permite gozar plenamente del ejercicio de los derechos políticos, que no alcanzan a los extranjeros, los cuales se encuentran limitados en el goce de esos derechos, tal como destaca el doctor Jorge Endara Moncayo en su libro Derecho Internacional Privado (Quito 2005).

 

Irregularidades en el proceso de naturalización

Con relación al relato que intentamos estructurar, el asunto controversial que identificamos en la Carta Fundamental y que está vinculado con la nacionalidad ecuatoriana posibilitó la ejecución de algunos hechos bochornosos para la República, al haberle entregado el Estado la Carta de Naturalización a personas que obtuvieron esa gracia a través del fraude y de la estafa a la fe pública. En efecto, en el 2010 muchos extranjeros con la complicidad de algunos notarios y abogados obtuvieron el reconocimiento de la nacionalidad ecuatoriana mediante actos fraudulentos, caso en el que se vio involucrado el entonces Subsecretario de Relaciones Exteriores del Litoral de la época, razón por la cual durante algún tiempo ellos tuvieron que ir a parar a la cárcel.

Ellos se aprovecharon que el Art. 8, numeral 4 de la Carta Fundamental expresa que ?Son ecuatorianas y ecuatorianos por naturalización las siguientes personas: 4.- Las que contraigan matrimonio o mantengan unión de hecho con una ecuatoriana o ecuatoriano, de acuerdo con la ley?.

Los extranjeros involucrados habían realizado declaraciones juramentadas falsas sobre el tiempo de estadía en el Ecuador para poder acceder a la unión de hecho o se casaron con personas ecuatorianas a las que solo vieron una vez en el Registro Civil.

Obtención de la nacionalidad por uniones de hecho y matrimonios arreglados

Tanto fue el escándalo generado por el caso del reconocimiento de la nacionalidad por uniones de hecho o matrimonios arreglados, que el 11 de enero del 2011 entró en vigencia el Acuerdo Ministerial N° 00004 del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración, como una forma de parar el alboroto causado, de evitar al máximo los platos rotos y enderezar un poco las cosas, aunque haya sido contra derecho reglamentar la Constitución de la República y, de paso, reformar de manera indebida la Ley de Naturalización.

En ese instrumento público redactado y revisado por unos cuatro o cinco funcionarios de la dependencia estatal mencionada, para el reconocimiento de la nacionalidad ecuatoriana por matrimonio o unión de hecho en el punto 3, numeral 3.2.5. se incluyó como requisito que el extranjero tuviera una estadía legal mínima de tres años en el país a partir de la expedición de la cédula de identidad ecuatoriana, exigencia que es omitida si la unión de hecho o el matrimonio tienen una antigüedad mayor a tres años.

Si el extranjero que se casa en el Registro Civil o reconoce su unión de hecho ante notario no tiene una permanencia mínima de residencia (domicilio político) de tres años en el país está imposibilitado de acceder a la nacionalidad ecuatoriana por matrimonio o unión de hecho. Pero si llega al Ecuador un extranjero con su cónyuge ecuatoriana con la que ha estado casado desde hace más de tres años, puede solicitar el mismo día de su arribo el reconocimiento de su nacionalidad, aunque ni siquiera conozca el idioma castellano.

En la disposición acotada surgen algunas dudas. Al determinarse que el tiempo de tres años es a partir de la fecha de la expedición de la cédula de identidad ecuatoriana se entiende que el extranjero es residente en el país, es decir, tiene una visa de inmigrante en cualquiera de las siete categorías del Art. 9 de la Ley de Extranjería (Registro Oficial N° 454 del 4 de noviembre de 2004). Por la experiencia, conozco que en realidad se pide tres años de casados o en unión de hecho para el reconocimiento de la nacionalidad. Esta norma del Acuerdo Ministerial es a todas luces confusa y tendría que ser aclarada.

Aunque lo aconsejable, porque así manda la propia Carta Fundamental, es que la Asamblea Nacional dicte una Ley Orgánica para cumplir con la disposición constitucional. Jamás debió haberse reglamentado la Constitución a través de un Acuerdo Ministerial, porque este se encuentra ubicado dentro de las más bajas categorías dentro de la jerarquía normativa de un país. Sin embargo, entendemos el apuro porque el cual fue redactado.

De otra parte, estimo que es inconveniente que la nacionalidad sea adquirida a partir del matrimonio o de la unión de hecho con un nacional, simplemente porque el matrimonio o esa unión de hecho puede ser transitorio y acabarse al día siguiente que se otorgó la nacionalidad, la cual persiste después de que aquel o aquella haya concluido.

Habría que preguntarse dónde queda ese vínculo jurídico político con el país señalado en la Constitución o del que hablan los tratadistas del derecho internacional Privado luego del matrimonio o de la unión de hecho.

Por los hechos, podríamos pensar que los Asambleístas Constituyentes observaron la persistencia constitucional (Constituciones de 1845, 1851, 1852 y 1929) con la que se permitía a las mujeres adquirir la nacionalidad ecuatoriana si estaban casadas con un nacional y decidieron agrandar la salida del embudo ante la demanda insatisfecha de derechos que pululaba el año 2008 por Montecristi, el lugar donde sesionaron para redactar la nueva Carta Fundamental del país. Sin embargo, nadie que yo recuerde pidió o clamó por el reconocimiento de la nacionalidad ecuatoriana por matrimonio o por unión de hecho.

Reformas a la Ley de Naturalización

Como si fuera poco lo que hemos relatado, el Acuerdo Ministerial mencionado reformó la Ley de Naturalización vigente (Registro Oficial N° 66 del 14 de abril 1976) al eliminar de manera tácita los requisitos del Art. 4, numerales 5 y 6 de ese cuerpo legal: ?5.- Hablar y escribir el idioma castellano; 6.- Tener conocimientos generales de Historia y Geografía del Ecuador; así como de la Constitución Política de la República, vigente a la fecha de presentación de la solicitud de naturalización?. Un alumno de primer año de derecho conoce que si se quiere reformar la Ley, ésta tarea debe hacerla la Asamblea Nacional, aunque haya sido dictada a través de un Decreto Supremo, el número 276 (era época de dictadura cuando se dictó ese cuerpo normativo), como fue el caso in comento.

Producto de ese Acuerdo Ministerial, en la actualidad a  ninguna de las personas que aspiran a la nacionalidad ecuatoriana se les exige los conocimientos mínimos sobre el país o que hablen el idioma castellano; solo a la Dirección de Extranjería y a algunos abogados del Ministerio del Relaciones Exteriores pareciera que solo les interesara que quienes aspiran a ser ciudadanos del Ecuador tengan el dinero suficiente para vivir aquí, aunque aquella persona demuestre que vivió en estas tierras tres, 10, 20, 30 o 40 años, hecho por el cual se podría asegurar con mucha certeza que se ha generado un vínculo social y cultural profundo entre él y los ciudadanos ecuatorianos.

Además de importarle a los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores exclusivamente la economía de los futuros nuevos nacionales, tal como se indica en el Art. 4, numeral 2 de la Ley de Naturalización (?Poseer patrimonio, industria, profesión u oficio lícitos que le permitan vivir independientemente?), también debería ser prioritario para ellos que el extranjero demuestre conocimientos elementales sobre el país, partiendo por la historia, pasando por la geografía hasta llegar a la Constitución de la República. Si eso fuera poco, las personas que aspiran a la nacionalidad ecuatoriana por naturalización deberían evidenciar un vínculo con la sociedad local donde viven en Ecuador.

Todo lo que hemos traído a colación en este artículo deja un sabor amargo hasta aquí sobre la falta de prolijidad de los asambleístas constituyentes y de sus asesores al estudiar la disposición acotada, pues al parecer fueron incapaces de prever lo que sucedería con el paso de cortos años al entregarse cartas de naturalización a muchos extranjeros que, en el mejor de los casos, habían permanecido en el país poco tiempo antes de volverse a marchar con la Carta de Naturalización bajo el brazo, sin que hayan siquiera intentado crear ese vínculo jurídico político con el Ecuador. Hecho al que se sumó la actitud de los funcionarios del Ministerio de Relaciones que reglamentaron la Constitución de la Republica y reformaron una Ley mediante un simple Acuerdo Ministerial.

Caso práctico de naturalización de un extranjero

El segundo artículo constitucional que analizaremos es el Art. 7, numeral 2, que señala: ?Son Ecuatorianas y ecuatorianos por nacimiento: 2.- Las personas nacidas en el extranjero de padre o madre nacidos en el Ecuador; y sus descendientes hasta el tercer grado de consanguinidad?.

Grafico el hecho con un ejemplo. Llega al Ecuador el señor Otto Fritz, ciudadano alemán que viene por primera vez a estas tierras, quien es, además,  absolutamente ignorante en el idioma castellano. El ilustre caballero trae bajo el brazo varios instrumentos públicos debidamente traducidos al castellano y apostillados, que son: Una partida de nacimiento de su bisabuelo, de nacionalidad alemana, en la que consta que ese señor nació en el Ecuador; una partida de nacimiento  de su abuelo, también alemán, en la que se evidencia el nombre de su papá nacido en Ecuador; una partida de nacimiento de su padre, también alemán, en la que está escrito el nombre de su abuelo; y una partida suya en la que aparece el nombre de su padre, hechos con los que demuestra la filiación del señor: bisnieto, nieto e hijo de los señores Fritz.

A la mañana siguiente de su llegada, el ciudadano Fritz concurre a las oficinas de naturalización del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador, donde pide el reconocimiento de su nacionalidad ecuatoriana por nacimiento, al momento de entregar todas las partidas de nacimiento nombradas arriba. Paga US$ 10 por concepto de tasa. Pasan dos meses y recibe la nacionalidad ecuatoriana por nacimiento, por lo cual cancela US$ 20 para completar el total de la tasa. Saca su cédula de ciudadanía y el señor Fritz se transforma en ecuatoriano por nacimiento con todos los derechos, incluso con el de poder presentarse a elecciones como candidato a Presidente de la República.

¿Cómo obtuvo el señor Fritz la ciudadanía ecuatoriana? Muy fácil, su tatara abuelo había sido diplomático alemán en Ecuador, país donde nació su bisabuelo. Al poco tiempo se acabó su nombramiento de Embajador alemán  en estas tierras ecuatoriales y toda la familia regresó a Europa. El bisabuelo del señor Fritz nunca fue inscrito como ecuatoriano ni en Quito ni en ninguna parte, porque la nacionalidad de los hijos de los diplomáticos alemanes son alemanes por nacimiento. Tampoco el bisabuelo del señor Fritz nunca manifestó su voluntad de ser ecuatoriano, y es más, se murió sin conocer realmente el Ecuador. Pero su bisnieto llegó al país e hizo el reconocimiento de su nacionalidad ecuatoriana por nacimiento, gracias a la Constitución de Montecristi.

¿Es justo que alguien que nunca tuvo un vínculo jurídico político con el Ecuador obtenga la nacionalidad ecuatoriana por nacimiento sin mayor trámite gracias a que los Constituyentes redactaron mal un artículo de la Carta Fundamental o simplemente porque ese era su deseo?

Para mi demuestra una torpeza o una falta de cuidado lo transcrito en el Art. 7, numeral 2 de la Carta Fundamental, pues al menos aquellas personas extranjeras que nacieron en territorio ecuatoriano por un hecho circunstancial, ya sea porque sus progenitores eran diplomáticos foráneos o simplemente porque estaban de tránsito por el país, en algún momento de su vida debieron haber manifestado su voluntad de ser ecuatorianos y haberse inscrito como tales, para que sus descendientes puedan acceder a igual gracia. Eso es lo menos que puede pedirse a quien inicia la secuencia hasta el tercer grado de consanguinidad. Pero no, se obvió ese claro requisito en la Carta Fundamental. Habría bastado que la disposición constitucional diga que ?son ecuatorianos por nacimiento las personas nacidas en el extranjero los hijos de padre o madre ecuatorianos, y sus descendientes hasta el tercer grado de consanguinidad?.

 

Conclusiones

El Acuerdo Ministerial N° 00004, dictado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, jamás debió haber reglamento la Constitución de la República, como tampoco pudo reformar de manera expresa ni tácita la Ley de Naturalización.

Considero que el matrimonio o la unión de hecho son inadecuados como mecanismos para acceder a la nacionalidad ecuatoriana, razón por la cual debería eliminarse el Art. 8, numeral 4 de la Constitución de la República, porque el matrimonio o la unión de hecho puede acabarse o se pueden generar nuevamente hechos como los sucedidos en el 2010..

Estimo que los Asambleístas Constituyentes no revisaron con prolijidad el Art. 7, numeral 2, caso contrario habrían escrito, por lo menos, que el extranjero que da origen al derecho de la nacionalidad hasta la tercera generación haya sido ecuatoriano.

Estos dos casos presentados deben motivarnos a reflexionar sobre la importancia que debería tener para un país compartir la nacionalidad de sus habitantes con ciudadanos extranjeros que buscan nacionalizarse ecuatorianos.

Adicionalmente, las reglas para el reconocimiento de la nacionalidad o para la naturalización deben estar absolutamente claras para aquellas personas que buscan ser ecuatorianos.

Es importante restaurar el Art. 4, numerales 5 y 6 de la Ley de Naturalización, mutilada por el Acuerdo Ministerial N° 00004 del Ministerio de Relaciones Exteriores, aunque a decir verdad, mucho más adecuado sería legislar una nueva ley, pues de la original, por distintos motivos, casi nada queda en pié, lo cual podría ser motivo para otro análisis.

 



[1] Abogado, Magister (c) en Ciencias Internacionales, Universidad Central del Ecuador. Secretario Ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Estudios Internacionales.

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