Inimputabilidad del sujeto consumidor

Lunes, 18 de noviembre de 2013

Inimputabilidad del sujeto consumidor

Autor: Dr. Paúl Iñiguez Ríos

Delito o padecimiento

El debate público actual, sobre las dosis de sustancias estupefacientes y psicotrópicas, establecidas como cantidades máximas de porte, consideradas para consumo personal ha generado cierta polémica y una errónea apreciación, entorno al justo proceso sancionador de quienes se encuentran involucrados en procesos de esta naturaleza; de ahí que partiendo de conceptos doctrinarios, los preceptos que nuestra Constitución consagra y ahora con más fuerza lo que la sociedad ecuatoriana exige, la garantía de derechos, se entorna preponderante la enmarcación positiva de normas conducentes a la erradicación de vacíos legales, como el que posee la actual Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, donde no se dejan claramente establecidos los parámetros que deberán tomarse en cuenta a la hora de diferenciar entre delincuente y enfermo.

Es decir, se confunde entre lo que podría considerarse como un delito y en lo que es una afección físico, psíquico, violando la libre determinación de las personas y la autonomía de la voluntad de las mismas, que constituyen pilares importantes a la hora de pregonar un cambio en la manera en la que se han venido llevando a cabo los procesos, donde priman elementos de convicción meramente positivos que lo único que hacen es vulnerar un sinnúmero de derechos, y pretender dar una solución, que realmente se convierte en un problema mayor, pues frente a la ausencia de toda una estructura regulada e institucionalizada, hace que se confunda entre justos por pecadores y viceversa.

Protección del Estado para el consumidor

El tema es de trascendental importancia ya que encierra un problema social en el que se ven afectados personas víctimas de un vicio y que llegan a convertirse en enfermos que deben ser protegidos por el Estado, en aras de velar por el Derecho a la salud, el principio de inocencia, y el de igualdad para todos los ciudadanos, de ahí también la importancia de plantear una solución, luego de la calificación de  un sujeto como consumidor o dependiente en el sistema jurídico reinante, y el surgimiento de una concepción en al que dicha calificación conlleve a su inimputabilidad, en concordancia con elementos trascendentales en la materia como: la especificación de la dosis poseída, la naturaleza de la sustancia, así como el nivel de dependencia, y de esta manera porque no, lograr la despenalización de este sujeto.

En ordenamientos jurídicos a extranjeros se establecen diferentes propuestas de aplicación (liberal vs. represiva) a la hora de establecer normas para la regulación del tema  que nos atañe, de esta forma aparecen corrientes defensoras de la penalización,  del uso de drogas para el consumo,  existiendo divergencias a la hora de tratar a éste como infracción o contravención o la fijación de topes máximos como dosis personal. Cabe resaltar que entre las corrientes existe un criterio de unanimidad en cuanto al establecer como una enfermedad al consumo o dependencia  de drogas radicando la diferencia en el peligro que representa esta figura para los intereses de la sociedad llamado ?bien común?.

Determinación del sujeto dependiente o consumidor

Resulta de trascendental importancia el señalar una definición del sujeto entendido como consumidor o dependiente, toda vez que las posturas sobre el tema, parten de esta realidad para fundamentar sus tesis, siendo necesaria la investigación y apoyo en parámetros médicos como lo son los psicológicos y psiquiátricos donde se encuadra esta actividad.

El consumidor o dependiente según la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD es clasificado dentro de: ?trastornos mentales y del comportamiento debido al consumo de sustancias psicotrópicas?.

Dentro de los cuales se lo denomina como ?Síndrome de Dependencia? definiéndolo como:

?El conjunto de manifestaciones fisiológicas, comportamientos y cognoscitivas ene l cual el consumo de una droga, o de u tipo de ellas, adquiere la máxima prioridad para el individuo, mayor incluso que cualquier tipo de comportamiento de los que el pasado tuvieron el valor más alto. La manifestación característica del síndrome de dependencia es el deseo (a menudo fuerte y a veces insuperable) de ingerir sustancias psicotrópicas (aun cuando hayan sido prescritas por un médico), alcohol o tabaco?. Definición Universal establecida por la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades).

De esta manera, se establece bajo criterios médicos que sin lugar a dudas se trata de una enfermedad; de ahí que al ser calificada como tal debe darse el trato que merecen quienes son calificados como consumidores o dependientes frente a delitos como la posesión, tenencia y tráfico de drogas.

Es así, que el hecho de pretender tornar punible el consumo de drogas como tal,  resultaría atentatorio contra los derechos fundamentales de toda persona violando los principios como el de la dignidad humana y el de autodeterminación de la persona.

La naturaleza en si para la calificación de todo delito establece el requerimiento de ciertos elementos vinculados entre sí como lo señala el jurista Ernest Von Beling cuando define a esto como:

?La acción típica, antijurídica, culpable sometida a una adecuada sanción penal y que llena las condiciones objetivas de punibilidad?.

Definición de la cual podemos colegir  no existiría una aplicación total de los elementos para calificar al consumo o a la dependencia de drogas como delito. Pues si bien como lo señala la doctrina  penal estamos frente a una acción entendida como un movimiento corporal voluntario, no se puede sancionar a persona alguna por lo que posiblemente hará, sino por lo que efectivamente hace, teniendo en cuenta que la acción del consumo está dentro de la órbita más íntima de un individuo y puede ser punible únicamente si vulnera intereses ajenos, es decir se debe considerar que para el caso del consumo personal, la posesión y tenencia de drogas constituye un acto preparatorio que no debe ser sancionado pues el consumo de drogas en este caso, la acción final no puede ser punible, toda vez que es una enfermedad desde el punto de vista médico- patológico.

Vacíos legales

De igual forma según la definición antes mencionada una acción para ser punible debe ser típica, que es discutible en nuestra actual LEY DE SUSTANCIAS ESTUPEFACIENTES Y PSICOTRÓPICAS, pues únicamente menciona el uso indebido y a la posesión o tenencia pero con finalidades de tráfico , dejando un vacío pues no existe una descripción precisa en el derecho positivo, de la acción del consumo y de la inimputabilidad del sujeto, entendido como consumidor o dependiente, frente a la posesión o tenencia, siempre que sea para su uso personal.

El consumo de drogas y la dependencia que se derive de este, no constituye una conducta antijurídica, siempre que se tenga en cuenta que es una acción que se encuentra en la esfera más íntima de una persona y no afecta al resto de personas que le rodean, aunque existen otras posiciones que establecen que la antijuricidad se enmarca en la violación o no de las normas subyacentes, y en este caso, se estría atentando contra el bien jurídico protegido de la salud pública, por lo que sería considerada como antijurídica.

Del mismo modo como vemos la acción no basta con ser típica y antijurídica sino que debe además ser culpable, es decir el elemento subjetivo basado en un componente psicológico que puede encuadrarse en el dolo (intención), o la culpa (negligencia o impericia) de ahí que para la calificación  de un consumidor o dependiente este elemento es trascendental, ya que el ánimo de este es la satisfacción de su enfermedad que le causa el impulso y dependencia del consumo. Así lo establecen por ejemplo los criterios judiciales en otras legislaciones: ?La represión del porte o llevar consigo depende del fin subjetivo que la gente persiga: si el ánimo es el consumo para su propia persona, la pena es benigna porque es remoto el atentado contra la salud pública y por qué el sujeto se aproxima más a toxicómano que al traficante. Pero es claro que si trata de un toxicómano en el grado de intoxicación crónico, se puede estar en presencia de un estado de inimputabilidad (?)?.

Por último la sujeción a una pena por la acción de consumo o dependencia de drogas no puede considerarse en sí misma ya que al tratarse de un trastorno físico- psíquico el imponer una sanción o tornarla punible (aunque se trate de una rehabilitación médica) va en contra de los derechos de la persona, pues de ser el caso deberíamos sancionar a los enfermos de sida por ejemplo, e imponer un tratamiento obligatorio. Al respecto la jurisprudencia señala:

?Cada quien es libre de decidir si es o no el caso de recuperar su salud (?). Si yo soy dueño de mi vida a fortiori soy libre de cuidar o no de mi salud cuyo deterioro lleva a la muerte, que lícitamente yo puedo infligirme?.

Conclusión

En síntesis, el consumidor o dependiente debe ser considerado como un enfermo a la hora de ser juzgado por todos los elementos psíquicos y físicos que lo caracterizan y por el problema de salud pública que esto conlleva, debiendo existir parámetros claros y definidos sobre la acción que realiza, pues no puede ser considerada bajo los mismos parámetros, al posesión o tenencia para consumo personal que para un delito como el tráfico, sin dejar de lado el interés general por regular esta actividad que no deja de afectar al entorno donde se desenvuelve la sociedad y que debe ser amparada por una campaña que permita la prevención del consumo de drogas y de ser consentido por el enfermo, su rehabilitación.

 

Dr. Paúl Iñiguez Ríos

Juez de la Corte Nacional de Justicia

 

 

 

 

 

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