EL CONTRATO: CAUSA LÍCITA

Lunes, 13 de junio de 2016

EL CONTRATO

 

CAUSA LÍCITA

 

Autor: Dres. Iván Torres Proaño y Cecilia Salazar Sánchez

 

 

La definición y alcance de la causa como elemento del acto jurídico y particularmente del contrato ha sido largamente discutida por la doctrina sin llegar a la fecha a un consenso de qué es lo que podemos entender por ella.

 

Tres son los significados que más comúnmente han sido usados cuando hablamos de causa, esto es:

 

Causa eficiente, esto es el elemento generador productivo del efecto, se afirma así que la fuente de las obligaciones son las causas eficientes[i].

 

Causa final, objetivo de lo que se hace. Fin inmediato o invariable de un acto, o sea, el fin próximo que determina la voluntad para obrar y que siempre es posible encontrar  en la estructura misma del contrato.

 

Causa motivo u ocasional, está constituida por el fin lejano y variable de un acto y es de carácter estrictamente personal y psicológico, es el móvil, la razón que lo impulsa a celebrar un acto o contrato en determinadas circunstancias[ii].

El problema de la causa ha llegado a ser tan árido que algunos doctrinarios sostienen que este elemento es inútil y de ninguna relevancia jurídica, bastando con la existencia del objeto y proponiendo la eliminación de la causa como ya lo han hecho la legislación suiza y alemana. Las corrientes más definidas, se las puede clasificar en:

 

a)      La doctrina clásica o causalista

 

Tiene como sus principales exponentes a Jean Domat, y Roberto Pothier, que influyeron en la concepción del Código Civil Francés, que incorporó la causa como un elemento de existencia y validez del contrato, junto con el consentimiento, la capacidad y el objeto[iii].

 

Lo fundamental para esta corriente es que existe una causa de las obligaciones emanadas del contrato, por lo tanto parte de la distinción entre la causa y el motivo, careciendo éste último de importancia pues son los motivos personales de las partes, que se manejan en el fuero interno de cada persona, en tal virtud son diferentes de acuerdo a las circunstancias pues tiene un carácter eminentemente subjetivo.

 

Lo que importa en el mundo jurídico es la causa fin o causa final inherente a toda obligación e igual en contratos iguales. La causa, es el fin en razón de la cual una parte celebra el acto jurídico, es la consideración que determina a la parte a obligarse. Es el fin directo e inmediato que la persona desea obtener al contraer la obligación.

 

Esta causa va inserta en el contrato mismo, constituyendo un elemento esencial de él y siempre es la misma para cada especie de contrato.

 

Como para esta teoría la causa será igual en todos los contratos, agrupa a los contratos conforme la siguiente clasificación

 

·        Contratos bilaterales o sinalagmáticos, en los cuales la causa final es la obligación correlativa de la otra parte.

 

·          Vial concluye en su explicación, que: ? dado que la causa de la obligación se analiza con un criterio objetivo, no cabe sino concluir que en todos los contratos de compraventa y, en general, en todos los bilaterales, la causa de la obligación de las partes va a ser siempre la misma: la obligación recíproca de la otra parte[iv].

 

·        Contratos reales, en los cuales establece que la causa de la obligación de restitución de la cosa que contrae una de las partes en el contrato real es la entrega que de la misma se le hizo por la parte en virtud de un título que obligaba a su restitución

 

·        Actos gratuitos, la causa sería la pura liberalidad del que da, si se funda en un deseo razonable y justo.

 

 

b) La doctrina anticausalista

 

La doctrina anticausalista está formada por aquellos juristas que rechazan el valor práctico de la causa final, por entender que dichos objetivos pueden obtenerse acudiendo a otro elemento de los contratos, como el objeto. Sus principales defensores son Antonio Ernest[v], Planiol, Laurent, Baudry-Lacantinerie[vi], Spota,[vii] entre otros, quienes sostienen que la causa entendida bajo la teoría causalista, (causa fin) es falsa, por cuanto el Derecho Romano no conoció en términos generales la teoría de la causa, como erradamente manifiesta el jurista francés, Domat, anterior a Pothier, quién creo la teoría de la causa, fundado en la mala interpretación de un texto romano: Pothier, la repitió y de ahí la tomaron el Código francés y todos los códigos modernos[viii].

 

Para esta teoría, la causa es una noción falsa e inútil por cuanto puede obtenerse el mismo resultado mediante la regulación del objeto como elemento del acto jurídico. Es falsa, porque en los contratos bilaterales, una obligación no puede ser causa de la otra, ya que ambas nacen al mismo tiempo, en los contratos reales la entrega de la cosa no es la causa fin sino la causa fuente; y es inútil, porque confunde causa con objeto, en los contratos reales llama causa a la forma del negocio jurídico y en los contratos gratuitos, confunde causa con consentimiento[ix].

 

Ghersi[x], resumiendo la posición de esta corriente, indica que si la causa en obligaciones contractuales a título oneroso es la que cada una de las partes debe a la otra, se confunde indudablemente con el objeto y no tiene sentido hablar de dos elementos distintos

La causa ilícita, de acuerdo a la doctrina clásica, no podría darse nunca, pues si la causa es la misma e invariable (atendiendo a la especie igual del contrato), entonces el efecto jurídico que actúa como motivo, está expresamente permitido por la ley.

 

La doctrina tradicional en materia de causa resulta inútil ya que lo que constituye la causa de la obligación de una de las partes no es otra cosa que el objeto de la obligación de la otra, de manera que la falta de causa de una de las obligaciones implicaría necesariamente la falta de objeto de la otra. Por eso, por falta de objeto y no por falta de causa, la obligación sería ineficaz[xi].

 

Teorías Neocausalistas:

 

Surge en oposición a la teoría anticausalista y coinciden en la tesis causalista en el sentido de que se debe mantener la causa como elemento del contrato, distinto al objeto. Sin embargo difieren en lo que se debe entender por causa, recordando que para los casualistas clásicos, la causa aparece limitada, pues no permite entrar al motivo subjetivo, de manera que resulta casi imposible concebir la noción de causa ilícita.

 

Su principal exponente es Henri Capitant, quien desarrolló esta doctrina en 1923 y fue seguido por Louis Josserand, George Ripert, Mazeaud, Borda, López de Zavalía, Alterini, entre otros.

Los autores de esta corriente no mantienen un criterio unánime al referirse a la causa, la aceptan, pero se mantienen acepciones diferentes en su entorno[xii].

 

Las subcorrientes más destacadas son la subjetivista, la objetivista y la sincrética o dual. Los primeros[xiii] apegados a la teoría de la causa tradicional o clásica; y, los segundos, según los cuales, el concepto de causa se vincula a la voluntad de las partes, siendo por lo tanto una causa para cada acto en particular y por ende variable.

 

Finalmente, autores como Borda, parecen ser más conciliadores al momento de definir la causa y se inclinan por el concepto subjetivo de la causa, sin llegar a extremismos inútiles, como él mismo lo manifiesta, y concluye:

Entendemos que la causa está integrada por todo lo que ha sido determinante de la voluntad del contratante siempre que esa finalidad esté incorporada expresa o implícitamente al acto mismo. Por consiguiente, abarca: a) la contraprestación, o sea, el objeto del acto, que en los contratos bilaterales queda comprendido dentro de la idea de causa, como es que es el fin primero por el cual se contrata; b) los fines o móviles mediatos o personales y, por tanto, eminentemente subjetivos, con tal de que esos móviles integren expresa o implícitamente la declaración de voluntad o sean conocidos por la otra parte y, atentas las circunstancias, deban ser tenidos como fundamento de la volición; c) en los actos gratuitos, la causa será el ánimo liberal y, además, la razón inmediata por la cual esa liberalidad se hace ?[xiv]

 

 

La causa en la legislación ecuatoriana

 

La causa es el cuarto requisito para la existencia y validez de un acto o declaración de voluntad y puntualmente está contenida en el artículo 1483 C.C., que dice:

No puede haber obligación sin una causa real y lícita; pero no es necesario expresarla. La pura liberalidad o beneficencia es causa suficiente.

 

Se entiende por causa el motivo que induce al acto o contrato; y por causa ilícita la prohibida por ley, o contraria a las buenas costumbres o al orden público.

Así, la promesa de dar algo en pago de una deuda que no existe, carece de causa; y la promesa de dar algo en recompensa de un delito o de un hecho inmoral, tiene una causa ilícita.

 

Nuestro Código Civil sigue la teoría causalista, primero porque admite a la causa como un elemento de existencia de la obligación: ?No puede haber obligación sin causa??. Claramente confunde la causa de la obligación con la causa del contrato, pero para el efecto, en interpretación armoniosa de la norma, recurriremos al inciso segundo del referido artículo.

 

La norma contemplada en el artículo 1483 C.C., encaja en la teoría neocausalista subjetiva, esto es, se deberá atender la acepción de causa motivo, como aquellas circunstancias que impulsaron al contratante a celebrar el acto o contrato.

 

Para Alessandri, la causa, es el interés jurídico que induce a contratar, la razón, el por qué del acto o contrato, por lo que no puede haber un acto jurídico o contrato que no tenga cosa que le sirva de objeto y que este no tenga una razón que justifique su existencia.[xv]Se observa a la causa únicamente desde el motivo de contratación. La obligación no puede haber sin causa real ni lícita. Según Alessandri, el Código Civil chileno al igual que el ecuatoriano, confunde la causa con el motivo: la causa, es el interés jurídico que induce a una de las partes a contratar, o razón legal del contrato. Los motivos son las razones internas o psicológicas que una de las partes ha tenido para contratar[xvi].

 

La causa es externa mientras que el motivo es interno y no puede ser conocido por la otra parte. La causa es una razón inmediata, directa y esencial del contrato, mientras, que los motivos son una razón, remota, mediata e indirecta, aquellas que pueden o no ocurrir, sin que por ello deje de existir el contrato[xvii].

 

Para este tratadista chileno, en la práctica la distinción entre causa y motivo es vital, por cuanto, si la causa es ilícita el contrato es nulo, mientras que si el motivo es ilícito pero la causa lícita, el contrato es válido. El ejemplo que da es el siguiente: Si el propietario da en arrendamiento una casa a otra persona, que la desea para instalar en ella una casa de prostitución; el contrato de arrendamiento es bilateral y por consiguiente, la causa para cada uno de los contratantes es la obligación que contrae el arrendatario de pagarle el precio, y la causa para el arrendatario es la obligación que contrae el arrendador de proporcionarle el goce de la cosa; de modo que la causa de un contrato celebrado en estas condiciones es perfectamente lícita, porque tanto pagar el precio como conceder el goce de la cosa, son hechos lícitos, pero el motivo, no lo es, lo que no obsta a la validez del contrato. Su posición se distancia de la francesa que anuló un acto de esta naturaleza por ilicitud del objeto[xviii].

 

Se pregunta si es posible que los motivos que las partes hayan tenido para celebrar el acto o el contrato se deban elevar a categoría de causa por el hecho de expresarse en él. Reflexión que lo hace frente a quienes consideran que si, porque a su criterio no todos los contratos de una misma especie tienen una misma causa, incluso en los contratos de arrendamiento, donde la causa es siempre la misma, cualesquiera que sean las circunstancias que lo rodean. Concluye a diferencia de los causalistas que cuando en un contrato se expresan los motivos, no por ello quedan elevados a la categoría de causa del contrato, sino simplemente determinan la época y la forma en que deben cumplirse las obligaciones que del contrato provienen[xix].

 

El artículo 1483 C.C., idéntico al artículo 1467 del Código Chileno, refiere para Alessandri, a la causa como el motivo que induce al acto o contrato; y que la causa ilícita es la prohibida por ley, o contraria a las buenas costumbres o al orden público[xx].

 

Para el tratadista, esto da la pauta para considerar que la ley establece la causa fuente o motivo; y que al no ser clara debió establecerse como el motivo jurídico, por cuanto en este panorama no se sabe si el Código se refiere al motivo personal y subjetivo que tiene cada persona para celebrar un acto jurídico, o al motivo objetivo, aquel que es el mismo en igual clase de contratos, por ejemplo, el motivo del comprador en la compraventa es llegar, finalmente, a adquirir el dominio de la cosa comprada. En todo caso, se considera que esta definición hace relación a la causa motivo, (no a la causa-fin como elemento esencial del acto jurídico), lo que marca la diferencia con la interpretación causalista objetiva[xxi].

 

Según el citado artículo, la validez de la causa depende de que sea lícita, es decir, no contraria a las leyes, al orden público y las buenas costumbres. La causa debe además ser real, y no falsa. Finalmente se habla de la causa simulada, cuando se hace aparecer un motivo sin que exista ninguno (simulación absoluta), o se hace aparecer una diferente a la real, (simulación relativa).

En la legislación ecuatoriana la causa ilícita se sanciona con la nulidad absoluta del acto, conforme el artículo 1698 del Código Civil[xxii], y que se recoge en la siguiente jurisprudencia: 27-III-90 (Prontuario 3, p. 194). Salas de lo Civil y Mercantil de la Corte Suprema de Justicia: ?OCTAVO.- ... Nuestra Ley Sustantiva Civil divide a la nulidad en dos clases: la absoluta y la relativa.- La primera por norma general, tiene caracteres objetivos; así nos enseña el Art. 1725 (1698) del Código Civil cuando dice: la nulidad producida por un objeto o causa ilícita y la nulidad producida por la omisión de algún requisito o formalidad que las leyes prescriben para el valor de ciertos actos o contratos en consideración a la naturaleza de ellos, y no a la calidad o estado de las personas que los ejecutan o acuerdan son nulidades absolutas.-? (Subrayado y negrilla fuera de texto)

 

Finalmente, sobre todo para los anticausalistas, la existencia de la causa es inútil porque para esto está el objeto, confundiendo lo uno con lo otro; sin embargo tratadistas como Alessandri sostienen que no puede confundirse la causa con el objeto, por cuanto si el objeto es la materia sobre la que recae la obligación, la causa es el interés jurídico que induce a las partes a contratar.

 

Así, en la compraventa, el objeto para el vendedor es la cosa vendida, y para el comprador el precio; pero la causa para el deudor es la obligación que contrae el comprador de pagarle el precio y vice-versa[xxiii].

 

El efecto de la causa ilícita en nuestra legislación es la nulidad absoluta y sobre eso hay criterio unánime, pues el artículo 1698 C.C., así lo ha recogido la jurisprudencia: ? nuestra legislación sustantiva civil, establece que produce la nulidad absoluta en el acto o contrato, cuando encuentran: objeto ilícito; causa ilícita; falta de objeto; falta de causa; falta de formalidades legales, siempre que consten como requisitos necesarios e imprescindibles; incapacidad absoluta de uno de los intervinientes, y, violación de prohibiciones legales para su otorgamiento o celebración? Gaceta Judicial. Año C. Serie XVII. No. 2. Pág... 391. (Quito, 21 de octubre de 1999)

 

La Jurisprudencia también ha tratado de explicar qué acepción de causa está contemplada en nuestro Código Civil, así ha dicho que: ? la doctrina distingue la causa y el motivo de un acto o contrato, así ?La causa es el interés jurídico que induce a una de las partes a contratar, en otras palabras, es la razón de orden legal o jurídica del contrato; es la razón que la ley supone que ha inducido a las partes a contratar?.

En cambio, los motivos son las razones internas o psicológicas que una de las partes ha tenido para contratar? (Arturo Alessandri Rodríguez ?Derecho Civil De los Contratos? Editorial Zamorano y Caperan. Santiago 1976, Pág. 52)?.Gaceta Judicial. Año CIII. Serie XVII. No. 9. Página 2737 (Quito, 22 de abril de 2002).

 

 

 

Artículo publicado en el Libro ?De las Obligaciones y Contratos Civiles?.  Editorial Corporación de Estudios y Publicaciones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[i] Vial del Río, Víctor, Ob. Cit., página 189.

[ii] Ghersi, Carlos, Alberto, Contratos Civiles y Comerciales, Partes General y Especial, Tomo I, Cuarta Edición, Editorial Astrea, Buenos Aires, Argentina, 1998, página 117.

[iii] Alterini, Atilio Ob. Cit., página 66.

[iv] Vial del Rio, Víctor, Ob. Cit., página 193.

[v] Claro, Solar, Luis, Explicaciones de Derecho Civil y Comparado Volumen V, Editorial Jurídica de Chile, Santiago de Chile, 1979, página 318, manifesta igualmente, que el primer anticausalista, fue el belga Ernest, quien en 1826, en una tesis doctoral, La causa, ¿es una condición esencial para la validez de las convenciones?, recomendó que se suprimiera del Código Civil belga, los textos referentes a la causa, como a la fecha lo ha hecho Alemania y Suiza. Fue posteriormente, Laurent, quién la traería con la altura de su gran autoridad.

[vi] Alessandri, Arturo, Derecho Civil, De los contratos, Ob. Cit., página 55.

[vii] Alterini, Atilio Aníbal, y otros, Ob. Cit., página 68.

[viii] Alessandri, Arturo, Derecho Civil?, Ob. Cit., página 55

[ix] Pizarro; Ramón y Vallespinos, Carlos, Ob. Cit., página 175.

[x] Ghersi, Carlos, Ob. Cit., página 121.

[xi] Alterini, Atilio, Ob. Cit., página 55.

[xii] Pizarro, Ramón y Vallespinos Carlos, Ob. Cit., 176.

[xiii] Representantes de esta corriente son Mazeud, Diez-Picazo, Busso, Lafaille, Cazeaux siendo lo más destacable que el papel protagónico que se asigna, en el plano causal, a los móviles subjetivos, a los motivos determinantes concretos, individuales y variables, cuando ellos sean determinantes del acto, están debidamente exteriorizados y, en el caso de los negocios bilaterales, sean aceptados por la otra parte. (Pizarro y Vallespinos, Ob. Cit., Página 176.

[xiv] Borda, Guillermo, Ob. Cit., página 87.

[xv] Alessandri, Arturo, Derecho Civil?, Ob. Cit., página 51.

[xvi] Alessandri, Arturo, Derecho Civil?, Ob. Cit., página 52.

[xvii] Alessandri, Arturo, Derecho Civil?, Ob. Cit., página 53.

[xviii] Alessandri, Arturo, Derecho Civil?, Ob. Cit., página 53.

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