Clases de Sociedades en el Derecho Romano

Lunes, 14 de septiembre de 2015

Clases de Sociedades en el Derecho Romano

 

 

Autor: Dr. Roberto Salgado Valdez

 

 

1.    Clasificación de las Sociedades dentro del Derecho Romano

 

En realidad podríamos adoptar un sinnúmero de criterios para dividir o clasificar a las Sociedades dentro del Derecho Romano, pero vamos a tomar los que nos parecen más acertados, y éstos son: Según la extensión del aporte, la finalidad de la Sociedad y la naturaleza del aporte.

 

a)                Según la extensión del Aporte.-

 

·        Sociedades universales.-  En este tipo de Sociedad se aportaban todos los bienes o por lo menos los determinados en el contrato o de determinado origen.

 

Dentro de estas Sociedades existían dos clases:  a) Omnium Bonorum (Consortium); y,  b)  Omnium Quae ex quaestu veniunt.  (Questus):

 

Sociedad Omnium Bonorum (Consortium).-  ?Aquella en que los asociados se comprometen a poner en común todos sus bienes presentes y venideros.  Todas sus deudas se convierten en carga común?.  (Petit, Ob. citada, pág. 407).  O sea que comprendía bienes adquiridos inter vivos y mortis causa.  ?In societas omnium bonorum omnes res, quae coentium sunt, continuo communicantur?.-  ?En la Sociedad de todos los bienes presentes y venideros, todas sus deudas se convierten en carga común?.  (Petit, Ob. citada, pág. 407).  ?En la sociedad de todos los bienes, cuantas cosas son de los contratantes se hacen inmediatamente comunes?. (Digesto.- Paulo: Lib. XVII, Tít. II, Ley 1°).

 

Darío Preciado Agudelo, obra citada, en la página 3 dice con respecto a estas Sociedades: 

 

?La primera sociedad en el sentido propio de la palabra, aún cuando embrionaria, fue el consortium.  Comprendía todos los bienes presentes y futuros de los socios, lo cual implicaba la absorción de toda actividad que ejecutaran los mismos.  Fue una sociedad familiar en la que la gerencia, si cabe el término, se ejercía por todos y cada uno de los consortes con efecto para toda la sociedad; estaba limitada a los ciudadanos romanos en principio y sometida a las reglas rígidas del ius civil.  Fundamentaba esta comunidad el acuerdo de la voluntad explícita de sus miembros pertenecientes a una misma familia, o ligados por vínculos de amistad.  Convino esencialmente en la época en que la actividad de los asociados era principalmente agrícola?.

 

?Sus asociados generalmente eran parientes, que para evitarse problemas posteriores permanecían en indivisión o comunidad de bienes.  Esta sociedad era llamada ?Consortium?, y como vemos, apenas difería de la indivisión.  Inclusive existió entre cónyuges?.

 

El mismo Darío Preciado Agudelo, en la página 5 nos completa sus afirmaciones:

 

 ?La societas omnium bonorum se disolvía por la simple renuncia de alguno de sus miembros, así como por su muerte, y cada socio no podía obrar sino en su propio nombre con efectos simplemente personales, secuencias lógicas de ese principio de individualización.  Con todo y ello ser así, se debe tener en cuenta que los diversos tipos de sociedad, como sucesivos, implicaban una transformación lenta, lo cual llevaba a que cada forma consagrada a principios de su tipo anterior, o los modificara a veces sustancialmente, accidentalmente otras?.

 

Sociedad Omnium quae ex quaestu veniunt.- (Quaestus).- Se conformaba con el aporte o con los bienes que todos los socios adquirirían a título oneroso o esfuerzo propio, durante la Sociedad.  Según Petit:

 

?Tuvieron desde muy pronto su utilidad cuando un dueño daba la libertad a varios esclavos.  Estos libertos de un solo patrono o colliberti, que no tenían más recursos que su trabajo, encontraban, pues, una gran ventaja en poner en común sus esfuerzos y ganancias.  (Petit, Ob. citada, página. 408).

 

·        Sociedades particulares.- Eran las Sociedades de pequeño comercio.  Los patricios romanos no desdeñaban tomar parte de ellas, y explotaban casi todo el comercio de la Galia y de Asia.  Se dividían en dos clases: a) Unius Rei; y,  b) Alicujus Negotiationis:

 

Sociedades Unius Rei.- Se formaban con el aporte de una sola cosa o de un solo bien o de varias cosas, pero siempre determinadas.  Según Petit.

           

?Los asociados ponen en común la propiedad o el uso de una o varias cosas determinadas para explotarlas y repartir los beneficios?.  (Petit, Ob. citada, página. 408).

 

Con respecto a estas Sociedades, Darío Preciado Agudelo, en la página 12 de su obra, señala: 

           

?Las societas unius rei tuvieron probablemente como punto de partida, dicen ellos, una relación bastante frecuente en la época antigua, en virtud de la cual el propietario de un fundo contrataba las mejoras en el mismo con un agricultor, bajo el acuerdo de repartirse mutuamente los beneficios de las mejoras; esta figura es denominada en Derecho Romano:  Politio?.

 

Sociedades Alicujus Negotiationis.- Se formaban solamente para realizar determinadas actividades u operaciones.

 

Siguiendo nuevamente Petit:

 

?Varias personas ponen en común ciertos valores con miras a una serie de operaciones comerciales de un género determinado, por ejemplo, para dedicarse al comercio de los esclavos, del vino, del trigo, del aceite, etc.?. (Página 408).

 

Dentro de este tipo de Sociedades tenemos las siguientes: Sociedades entre banqueros: argentarii; Sociedades formadas para las empresas de transporte, de trabajos públicos y de suministros, y finalmente las Sociedades Vectigalium y las Publicanorum de las que trataremos especialmente.

 

b)   Según la finalidad de la Sociedad.-

 

Sociedad Quaestari.-  Se señalaban los fines de lucro.

 

Sociedad Sin Quaestari.- No se señalaba fines de lucro.

 

c)    Según la naturaleza del aporte.- 

 

Sociedades Rerum (Sociedades de bienes y cosas).  Se aportaban bienes.

 

Sociedades Operarum.   Se aportaba trabajo o industria.

 

Sociedades Mixtas.  Cuando el aporte consistía tanto en bienes como en trabajo.

 

d)   Sociedades Vectigalium y Sociedades Publicanorum.- Dijimos que entre las clases de Sociedades Alicujus Negotiationis, existían las Vectigalium, que eran las encargadas de la percepción de los impuestos vectigalia.  Eran sobre todo asociaciones de capitales.  Sobre todas las cosas, la importancia de este tipo de Sociedad radicaba en que eran las únicas Sociedades que constituían personas jurídicas o morales dentro del Derecho Romano.

 

Como dijimos, estas Sociedades se formaban para dedicarse a la recaudación de los impuestos del Estado y también a explotar las minas de sal, de oro, de propiedad del Estado, o a cobrar la renta que los particulares debían al Estado para utilizar el áger público para el pastoreo de sus animales.  Como personas jurídicas tenían un representante.  Eran administradas por uno o más miembros llamados ?magíster?  (magíster), nombrados por la asamblea general para un período de un año; en las Provincias romanas éstos eran representados por los ?promagistri? que al decir de Preciado Agudelo, pág. 107, estaban en relación directa con los gobernadores y de acuerdo con ellos procuraban beneficiar a la Sociedad, al igual que estaban obligados a mandar los libros de cuentas regularmente a Roma, a sus respectivos ?magistri?.

 

Cuando uno de los socios moría, la Sociedad continuaba con los herederos del socio fallecido, en contraposición al régimen establecido para las Sociedades ordinarias.

 

Darío Preciado Agudelo nos dice, en las páginas 125, 126 y 129, con respecto a estas Sociedades lo siguiente:

 

?El inmenso capital colocado en dichas sociedades con el fin de organizar los servicios públicos y asegurar su correcto funcionamiento, exigía proveer a su seguridad durante la vigencia del contrato, era preciso, pues, la constitución de un régimen en el que socio alguno pudiera retirarse de la sociedad, ni pedir el reembolso del capital durante la vigencia del contrato con el Estado, colocando en estos supuestos en peligro los intereses de sus coasociados y los del Estado.  Es aquí donde deben buscarse las causas principales que obligaron al legislador romano a conceder a las sociedades de publicanos el privilegio de la personería jurídica, al igual como existía en los ?collegia? o corporaciones.  Dichas sociedades tenían así una organización bien diferente a las de las sociedades ordinarias.  Bajo el punto de vista de su forma gozaban de personería jurídica, con el derecho a ser titulares de derechos y a contraer obligaciones?.

 

?Algunos autores rehusan admitir la personería jurídica de tales sociedades en razón de una falta de mención expresa en las fuentes al respecto; más esas mismas fuentes de la época republicana nos refieren que su régimen era bien diferente al de las sociedades ordinarias, como lo anotamos ya, diferencia que consistía principalmente en esa persona jurídica que las caracterizaba?.

 

?Para finalizar este estudio anotamos que las sociedades de publicanos fueron las que dieron origen a las modernas sociedades de capitales.  Efectivamente, la existencia en ellas de socios capitalistas o ?partícipes?, de un ?manceps? como representante de la sociedad, de un ?syndicus? como gerente, de la obligación de publicar los nombres de los socios y de registrarlos en las ?tabulae publicae?, del fenómeno de la administración delegada, del control de los socios sobre sus administradores, de las asambleas generales, del consejo de administración formado por los ?decumani?, de los ?promagistri? como subgerentes, de las cuotas o partes en que estaba dividido el capital, algo así como de acciones que fluctuaban en su valor según las condiciones económicas de Roma, de la responsabilidad limitada al monto de esas cuotas por parte de los socios y de la no disolución ni terminación del contrato por el hecho de la muerte o renuncia de alguno de los socios, nos autorizan ver en ellas el régimen que actualmente existe para las sociedades modernas de capitales, de modo especial para las sociedades anónimas?.

 

?Sea de ello lo que fuere, nuestro punto de vista se encamina a establecer que las sociedades de publicanos fueron verdaderas sociedades de capitales, miradas bajo el ángulo  moderno, correspondientes a nuestras sociedades anónimas por las razones vistas?.

 

?En igual forma, en las ?societates omnium bonorum? podemos ver las sociedades de personas propiamente tales, por el hecho de ese principio de individuación y familiaridad que las caracterizaba, principalmente, como por las causales que daban lugar a la disolución y terminación del contrato, igual como por los principios jurídicos en su conjunto que las regulaban?. (Las negrillas son nuestras).

 

2.    Efectos del contrato de Sociedad en Roma

 

         Tales efectos eran:

 

a)    Efectos entre las partes.-

 

·        Cada socio debía entregar el aporte convenido;

 

·        Cuando el aporte consistía en bienes que no consistían en dinero, el socio debía responder por la evicción y los vicios redhibitorios;

 

·        El socio respondía del dolo, culpa grave y culpa leve en concreto, o sea la responsabilidad que se refiere a las cualidades o defectos del socio;

 

·        Todos los socios, salvo que se haya estipulado lo contrario, podían intervenir en la administración social;

 

·        Si existía un socio-administrador, debía rendir cuentas;

 

·        Si un socio cedía su parte social a un tercero, esa cesión no tenía porqué ser reconocida por los demás socios, ya que constituía una ?resinter alias acta? (Todo contrato solo obliga a los que han intervenido en él);

 

·        Si es que un socio se asociaba con otra persona formando una sub-sociedad, no producía efecto alguno respecto a los demás socios.

           

Socii mei socius, meus socius non est.-  ?El socio de mi socio no es socio mío?.  (Digesto.- Ulpiano: Lib. XVII, Tít. II. Ley 20);

 

·        Todas estas obligaciones y derechos estaban sancionadas por la llamada ?Acción de  buena fe?  que además tenía, en caso de condena, la nota de infamia.

           

b)    Efectos frente a terceros.- 

 

·        La Sociedad no era una persona jurídica (salvo las Publicanorum y Vectigalium) y en general el socio que contrataba con un tercero no tenía la representación de los demás socios; por tanto, el tercero solo podía obligar al socio que contrató con él.

 

·        El socio tenía derecho a que los demás socios le reintegren las pérdidas que hubieren en una operación social; así mismo estaba obligado a participar las utilidades a los otros socios.

 

·        No siendo persona jurídica, la Sociedad carecía de patrimonio propio y los bienes aportados por los socios eran una copropiedad de ellos; salvo que hubieren pactado solidaridad, solo respondían por una parte: La suya.

 

Todos los socios respondían de las obligaciones cuando:

 

El socio actuaba como mandatario de los demás.

 

Si actuaba como factor de un negocio social convenido

 

Si actuaba como capitán de un navío.

 

3.    Extinción del contrato de Sociedad en Roma

 

La extinción de la Sociedad se equipararía a lo que actualmente llamamos ?disolución?; así tenemos las siguientes causas:

 

a)    Por vencimiento del término de duración de la Sociedad o la condición a que estaba subordinada la resolución de dicha Sociedad (Ex voluntate);

 

b)   Por pérdida del capital social (patrimonio social) o su sustracción del comercio (Ex rebus);

 

c)    Por imposibilidad de cumplir el fin propuesto o todo acontecimiento que ponía un obstáculo material a la continuación de la Sociedad;

 

d)   Por mutuo consentimiento de los socios.  Tamdiu societas durat, quamdiu consensus partium integer perseverat.  (?La Sociedad dura mientras persevera íntegro el consentimiento de las partes?.  Código de Justiniano, Lib. IV., Tít. XXXVII, Ley 5ta.);

 

e)    Por renuncia de uno de los socios.  Nadie estaba obligado a permanecer en la Sociedad.  Siempre que la renuncia no sea intempestiva, porque de lo contrario el renunciante quedaba obligado a soportar las pérdidas sin participar de los beneficios;

 

f)     Por muerte de uno de los socios (Ex personis).  Algunos romanistas afirman que podía estipularse en caso de muerte de un socio, que la Sociedad continuara con sus herederos.  Otro niegan esta afirmación.  Citamos a Petit:

 

 ?En las sociedades Vectigalium, que es, sobre todo una sociedad de capitales, eran admitidos otros principios:  A la muerte de un asociado, la sociedad continuaba de pleno derecho entre los supervivientes y los herederos del difunto, a menos que su personalidad hubiera sido la causa determinante de la Sociedad, o que ella no fuere indispensable para la buena administración de los negocios sociales.  Morte socii solvitur societas, nisi in coeunda societate aliter convenerit.  (?Si no se convino otra cosa al constituirla, la sociedad se disuelve por muerte del socio?. Digesto.- Paulo: Lib. XVII, Título II, Ley 70).

 

Los acontecimientos que, despojando de su patrimonio a los asociados aún vivos, estaban asimilados a su muerte eran:  La máxima y la media capitis diminutio, pero no la mínima; la confiscación y la bonorum venditio eran consecuencia de la insolvencia; y,

 

      g)  Por ejercer alguno de los socios la ?actio pro socio? (Acción del socio) (Ex actione). Era de índole civil, in jus y de buena fe.  Facultaba para reclamar judicialmente las acciones nacidas del contrato de Sociedad.  En especial cada socio podía exigir a los demás mediante el ejercicio de esta acción la entrega de la aportación prometida, la rendición de cuentas y la indemnización de los perjuicios causados a la Sociedad por dolo o culpa leve.  Mediante esta acción se hacían valer las obligaciones recíprocas mediantes entre los organismos de la Sociedad.

 

Cabe hacer constar que esta acción no daba lugar a adjudicaciones.  La división del patrimonio social se conseguía mediante el ejercicio de la ?actio communi dividundo?, que no nacía de la Sociedad sino de la indivisión, por cuanto ésta no tenía personalidad jurídica.

 

Todos estos conceptos que hemos vertido sirvieron de base para que se legisle actualmente a las Sociedades y una gran mayoría de fundamentos romanísticos se encuentran inmersos en las Sociedades Civiles previstas en el Código Civil y en las Sociedades Mercantiles previstas en la Ley de Compañías, tomando en consideración que sus elementos fueron tomados en gran consideración en los Códigos Civil y de Comercio (de Napoleón), para luego ser traspasados a varios códigos europeos y luego latinoamericanos, como el chileno del cual parte la legislación civil ecuatoriana.

 

 

Artículo publicado en el ?Tratado de Derecho Empresarial y Societario? Tomo I