CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS CIVILES

Lunes, 08 de agosto de 2016

 

 

CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS CIVILES

 

 

 

Autor: Dres. Iván Torres Proaño y Cecilia Salazar Sánchez

 

 

 

El Código Civil permite la existencia de varios tipos de contratos, que se analizan a continuación:

 

a) CONTRATOS UNILATERALES Y BILATERALES O SINALAGMÁTICOS

 

El artículo 1455 C.C. determina que el contrato es unilateral cuando una de las partes se obliga para con otra, que no contrae obligación alguna; y bilateral, cuando las partes contratantes se obligan recíprocamente.

 

Un error muy común es confundir esta clasificación de los contratos con la de los actos jurídicos unilaterales y bilaterales; pues, ésta última clasificación atiende al número de voluntades inmersas en el acto jurídico. Así, todo contrato es un acto jurídico bilateral; pero, puede ser un contrato unilateral o bilateral en atención a las obligaciones que se derivan del mismo, esto es, son unilaterales cuando hay un solo obligado dentro de la relación contractual y son bilaterales si se obligan las partes recíprocamente.

 

La literatura clásica concuerda en que el típico ejemplo de contrato bilateral es el de la compraventa, por el cual una parte se obliga a pagar un precio, y la otra a entregar la cosa, existiendo en ese caso obligaciones recíprocas. Por su parte el contrato unilateral a pesar de precisar de la voluntad de ambas partes, una sola se obliga para con la otra, siendo típicos ejemplos de estos casos el comodato, el mutuo, el depósito, entre otros.

 

Aunque el Código Civil no distingue, la doctrina clásica ha clasificado a los contratos bilaterales llamados también sinalagmáticos, en perfectos e imperfectos, dependiendo del momento en el cual nace la obligación recíproca. Jorge López Santa María[i]  sostiene que los contratos sinalagmáticos perfectos son aquellos en los cuales todas las obligaciones surgen en el mismo instante, así si son consensuales el día de la manifestación del consentimiento; o, si son solemnes el día que se efectúe la solemnidad impuesta por el legislador.

 

Estas obligaciones no son sucesivas, por lo que permite que se generen los efectos particulares de este tipo de contratos.

 

Por su parte, los contratos sinalagmáticos imperfectos, son aquellos que nacen con una obligación de una sola parte, pero durante su ejecución nacen obligaciones recíprocas entre las partes, como el ejemplo citado por Ramón Meza Barros[ii], quien indica que en el comodato, en la prenda o en el depósito por ejemplo, la obligación nace de forma unilateral, pero podrían resultar obligaciones posteriores como reembolsar los gastos que haya demandado el cuidado de la cosa.

 

La distinción entre contratos unilaterales y bilaterales tiene implicancia en su tratamiento jurídico, pues para los contratos bilaterales se debe observar ciertos aspectos particulares que por su propia naturaleza están presentes, como son la condición resolutoria tácita, excepción de contrato no cumplido, el problema de riesgos y la regla de la mora purga la mora, entre otros.

 

En los contratos sinalagmáticos, además, se plantea el problema del riesgo, que consiste en determinar quién asume el riesgo de la cosa, en situaciones de caso fortuito o fuerza mayor, toda vez que en los contratos unilaterales esta situación no entra en discusión, pues se extinguiría la única obligación existente, para lo cual hacen referencia los artículos 1566 y 1563 el Código Civil, que se analizarán más adelante.

 

Algunos autores[iii]  hacen referencia en sus obras a los denominados contractos plurilaterales o asociativos, haciendo referencia al número de partes que celebran el contrato y a las obligaciones que nacen entre las mismas, categorización que no ha sido recogida en nuestra legislación. El ejemplo de estos contratos plurilaterales, según la doctrina, es el contrato de sociedad, en donde las partes se obligan entre ellas con obligaciones en relaciones jurídicas duraderas. Otros autores[iv] sin embargo, no comparten esta corriente y sostienen que los contratos nacen para vincular obligaciones recíprocas que unen intereses no coincidentes, por lo tanto una sociedad no es un contrato sino, un acto jurídico colectivo, pues los intereses van encaminados a un solo fin.

 

Nuestro Código Civil, si bien contempla a la sociedad como un contrato, no hace mención específica a una clasificación contractual de este tipo, y en la doctrina ha ido perdiendo fuerza, pues se les ha otorgado el mismo tratamiento que los contratos bilaterales o sinalagmáticos.

 

b) ONEROSO Y GRATUITO

 

El artículo 1456 C.C. proporciona una definición del contrato gratuito y oneroso, indicando que el contrato es gratuito o de beneficencia cuando sólo tiene por objeto la utilidad de una de las partes, sufriendo la otra el gravamen; y oneroso, cuando tiene por objeto la utilidad de ambos contratantes, gravándose cada uno a beneficio del otro.

 

Lo que diferencia a los dos tipos de contratos es el criterio económico que los define, esto es el beneficio o utilidad que les reporta el contrato. Así la compraventa es un contrato oneroso porque cada uno se grava en beneficio de otro, es un contrato en el cual las dos partes tienen que soportar un gravamen. Los contratos gratuitos son cuando solamente una parte sufre el gravamen como en la donación o en el comodato.

 

La importancia de esta clasificación radica en la aplicación de la acción pauliana contemplada en nuestro Código Civil en el artículo 2370, como lo ha sostenido la Corte Suprema en sus fallos, esto es:

 

La acción establecida en el artículo 2394 (actual 2370) del Código Civil es la llamada por la doctrina acción pauliana. Para la procedencia de esta acción, por actos o contratos onerosos, prevista en el inciso primero del artículo citado, deben cumplirse las siguientes condiciones: a) Que el deudor no haya pagado ni dimitido bienes equivalentes, notificado con el mandamiento de ejecución. De lo contrario, el actor no podría alegar perjuicio, pues los bienes de aquel alcanzarían para el pago de sus obligaciones, y b) que entre el deudor y tercero adquiriente haya connivencia en el fraude, connivencia, que se presume si el tercero conocía el mal estado de los negocios del primero. Esta es una exigencia derivada de la seguridad de las transacciones; si bastara la mala fe del enajenante, nadie pudiera estar seguro de los derechos que adquiera, por más que haya pagado el justo precio y haya actuado con total buena fe. En cambio, para la procedencia de la acción pauliana, por actos o contratos a título gratuito, previsto en el inciso segundo del artículo 2394 del Código Civil, basta cumplirse la condición señalada en la letra a); la rescisión del acto o contrato a título gratuito, no supone la pérdida de derecho de propiedad a cambio de una prestación equivalente, sino simplemente la extinción de un beneficio, de allí que es lógico que la ley no sea tan severa como en el caso del traspaso oneroso de los bienes. Gaceta Judicial. Año CIII. Serie XVII. No. 8. Página 2288, 2002.

 

A su vez, los contratos onerosos se clasifican en contratos conmutativos y aleatorios, conforme el artículo 1457 C.C. que manda que el contrato oneroso es conmutativo cuando cada una de las partes se obliga a dar o hacer una cosa que se mira como equivalente a lo que la otra parte debe dar o hacer a su vez; y si el equivalente consiste en una contingencia incierta de ganancia o pérdida, se llama aleatorio.

 

La mayoría de contratos son conmutativos, por ejemplo, la compraventa en donde el valor que se paga es equivalente a la cosa que se recibe; o en el arrendamiento donde el canon fijado equivale al goce de usar la cosa que se está arrendando.

En cuanto a los contrarios aleatorios, éstos están contemplados a partir del artículo 2163 C.C., que los enumera de forma taxativa, y son a) el contrato de seguro; b) el préstamo a la gruesa ventura; c) el juego; d) la apuesta; y, e) la constitución de renta vitalicia.

 

El primero, esto es, el contrato de seguro, lo trata puntualmente la Ley General de Seguros; el segundo, esto, es el préstamo a la gruesa, está contemplado en el Código de Comercio; mientras que el juego y la apuesta los trata de forma conjunta el Código Civil, a partir del artículo 2164.

 

Según el artículo 1482 C.C., hay objeto ilícito en las deudas contraídas en los juegos de azar, por lo tanto no amerita mayor explicación en este punto. Por su parte los juegos y apuestas lícitas tienen como principal efecto generar obligaciones naturales, como lo habíamos indicado oportunamente.

 

Los juegos y apuestas son permitidos, pero hay dolo en el que hace la apuesta si sabe de cierto que se ha de verificar o se ha verificado el hecho materia de la apuesta.

 

Una excepción a la regla general de producir obligaciones naturales, la tenemos en el artículo 2168 C.C., que da acción cuando los juegos son de fuerza o destreza corporal, como el de armas, carreras a pie o a caballo, pelota, bolas y otros semejantes, con tal que en ellos no se contravenga a las leyes o a los reglamentos de policía.

 

Finalmente, el contrato de renta vitalicia es un contrato catalogado como aleatorio, en virtud del cual una persona se obliga, a título oneroso, a pagar a otra una renta o pensión periódica, durante la vida de cualquiera de estas dos personas o de un tercero (artículo 2169 C.C.).

 

De igual manera, esta clasificación no es irrelevante para el Derecho, pues su importancia radica en determinar el aparecimiento de la figura denominada lesión enorme, propia de los contratos conmutativos, y de imposible aplicación en los aleatorios. La lesión enorme está contemplada en el artículo 1829 C.C. y es la acción que tiene una de las partes cuando hay una desproporción considerable entre las prestaciones que deberían ser consideradas equivalentes.

 

c) CONTRATOS CONSENSUALES, SOLEMNES O REALES

 

El artículo 1459 C.C. manda que el contrato es real cuando, para que sea perfecto, es necesaria la tradición de la cosa a que se refiere; es solemne cuando está sujeto a la observancia de ciertas formalidades especiales, de manera que sin ellas no surte ningún efecto civil; y es consensual cuando se perfecciona por el solo consentimiento.

 

Por regla general los contratos se entienden consensuales, salvo que la norma disponga que sean reales o bien que requieran ciertas solemnidades para que sean considerados solemnes.

Es importante indicar que consensual, significa que basta el consentimiento de las partes que expresan su voluntad libremente para la celebración del contrato, por lo tanto, que un contrato se plasme de forma escrita no es requisito para el perfeccionamiento de dicho contrato, de ahí que un contrato compraventa de bienes muebles se perfecciona por el acuerdo entre cosa y precio, por lo tanto, es improcedente la firma de ?promesas de compra ventas de vehículos?, porque el simple acuerdo hace nacer el contrato.

 

Obviamente, no se puede dejar de lado que el tema de reducir el acuerdo a escrito, no por exigencia legal, es una necesidad probatoria en caso de futuros incumplimientos, así lo ha sostenido la Corte Nacional Justicia en su jurisprudencia, cuando dice: ? Como ya lo dijo la Sala en su Resolución No. 190 de 18 de septiembre de 2002, publicada en el Registro Oficial No. 709 de 21 de noviembre de 2002? Continúa la sentencia citada: ?La regla general es que los negocios jurídicos son meramente consensuales, o sea que se perfeccionan por el concurso real de las voluntades de los que se obligan, salvo cuando una disposición legal expresa exige que se observen determinadas solemnidades constitutivas o sustanciales, o en los contratos reales que para su perfeccionamiento, a más del concurso real de las voluntades (y del cumplimiento de las solemnidades sustanciales, en su caso) se necesita de la entrega o tradición de la cosa a que se refiere. Por lo tanto un contrato puede existir y generar efectos válidos, que merecen ser tutelados por el ordenamiento legal, aunque no se lo haya reducido a escrito; únicamente cuando se lo quiere hacer valer ante terceros o se pretende reclamar en juicio los derechos de él nacidos, surge el problema de la probanza, ya que no se podrá acreditar su existencia exclusivamente con testimoniales, pero a falta de un instrumento escrito se los puede acreditar por los otros medios probatorios, como la confesión de la parte contra la cual se invoca el contrato, el juramento diferido, las presunciones, salvo obviamente que se trate de un acto o contrato solemne?Gaceta Judicial Año CVI, Serie XVII, No. 13, página 4122. Sentencia del 3 de junio del 2003.

 

Por su parte un contrato solemne es aquel que requiere, a más del consentimiento, el cumplimiento de determinadas solemnidades establecidas en la ley para el perfeccionamiento del contrato. Son contratos solemnes el matrimonio, la compraventa de bienes inmuebles, la hipoteca, entre otros.

 

Aunque el mismo artículo del Código Civil puede dar lugar a confusión, pues dice que un contrato es solemne cuando se cumplen ciertas formalidades, lo correcto es que solemnidad y formalidad son términos diferentes. La formalidad hace referencia a aquellos actos que deben ser cumplidos por los contratantes para el perfeccionamiento del contrato, pero que no depende de ninguna autoridad para ese efecto. Así pues, se puede hablar de formalidades de prueba, como la celebración de un contrato consensual por escrito, sin que esto valide su existencia legal. Las formalidades también pueden ser exigidas por ley, como celebrar contratos escritos e incluso en el sentido más amplio, se podría decir que el simple hecho de exteriorizar la voluntad podría ser considerado una formalidad.

 

El término solemnidad hace referencia a aquellos actos que requieren de una autoridad envestida de poder público para certificar la realización de ciertos actos importantes, acto que perfecciona los contratos en los cuales se requiere dicha solemnidad. Por ejemplo el matrimonio.

 

Finalmente, tenemos los contratos reales, que son aquellos que a más del consentimiento exigen la tradición o la entrega de la cosa para el perfeccionamiento de su celebración. Como por ejemplo el mutuo.

 

d) CONTRATOS NOMINADOS O INNOMINADOS

 

Llamados también típicos o atípicos, son aquellos diferenciados por su reglamentación preexistente en la norma; esto es, un contrato típico o nominado es aquel cuyas condiciones para que sea llamado como tal, están delimitadas en la norma, por ejemplo, el contrato de compraventa, el de arrendamiento, el comodato, etc.

 

Los contratos atípicos o innominados son aquellos que no están contemplados ni reglados en la normativa, y que tienen su fundamento en la libertad de contratación y en la autonomía de la voluntad, en la medida que siguen el precepto del Derecho Civil, por el cual, está permitido todo aquello que no esté prohibido expresamente por la Ley; y, aunque su reconocimiento no esté expresamente detallado en la norma, los principios de que el contrato es ley para las partes y el método de interpretación por el cual se ha de atender a la intención de los contratantes, lo consagra dentro de nuestro sistema jurídico.

 

Los contratos innominados, aunque algunos autores prefieren llamarlos atípicos por su falta de tipicidad, más que por su falta de nombre, aparecen en el Derecho Romano, aunque no con esas denominaciones, como negotium gestum, civile novum, para referirse a todo contrato que no estaba dentro de la regulación normativa; así, la teoría de los contratos innominados fue la coronación feliz de los romanos en la gestación de su derecho civil[v]

 

En el Derecho Romano, este tipo de negotium gestum o civile novum tienen su base en la conventio, pero la acción y la obligación nacían cuando era realizado el daré o el facere. Era necesario que una de las partes haya realizado su prestación, y que esta prestación intervenga como causa de la contraprestación, consistente también en un dare o en un facere, a la cual estará obligada si la primera ha cumplido su prestación. En virtud de lo dicho, lo que el Derecho Romano protegía era la equidad y la buena fe, así:

 

Precisamente, la idea central de la teoría de los contratos innominados es el principio de equidad, según el cual, una persona no debía enriquecerse injustamente en perjuicio de otro. Que un determinado negocio sea o no un contractus, no obstaculiza para que si ha habido ejecución por una de las partes, haya en base a la equidad una causa suficiente para que nazca una obligación civil[vi].

 

En la actualidad, estos contratos atípicos han tenido un gran desarrollo, por tres razones principales. Las dos primeras están conectadas indefectiblemente, esto es, el avance y desarrollo de las tecnologías de información (TICs) que a su vez han permitido el crecimiento acelerado de las relaciones comerciales a todo nivel y en todo contexto. Estas relaciones se han vuelto complejas, abarcando muchos aspectos en una sola contratación, como la franquicia, por ejemplo. Por otro lado, el progreso en la elaboración de normas no ha podido ajustarse a este vertiginoso yacelerado desarrollo y se ha quedado atrás en este proceso.

 

Finalmente, las TICs han impulsado las relaciones a nivel mundial, cambiando las condiciones de espacio y tiempo de las relaciones tradicionales, contexto bajo el cual, la legislación también se ha quedado corta, e incluso impedida de regular relaciones comerciales que involucran muchas nacionalidades y puntos de conexión, que sería materia propia del Derecho Internacional Privado.

 

De todas formas, aunque el desarrollo de las TICs ha influido en el aparecimiento de los contratos atípicos, es necesario reflexionar que muchas veces se confunde el contrato con la herramienta de celebración, esto es, la informática por ejemplo, es una herramienta de celebración de muchos contratos de compraventa on-line, pero no por ello pasan a ser contratos atípicos, sino que la forma de celebración es lo novedoso para el mundo del Derecho tradicional. Por ende, aquí entrarán otras discusiones jurídicas, como son, validez de la oferta, momento de perfeccionamiento del contrato, etc., pero eso no le da una naturaleza jurídica diferente al propio contrato de compraventa.

 

En una próxima publicación, se continuará con el análisis de más tipos de contratos civiles.

 

 

Artículo publicado en el Libro ?De las Obligaciones y Contratos Civiles?.  Editorial Corporación de Estudios y Publicaciones

 

 

 



[i] López, Santa María, Jorge, Ob. Cit., página 426.

[ii] Meza, Barros, Ramón, Manual de Derecho Civil, De las fuentes de las obligaciones, Tomo I, Editorial Jurídico de Chile, Chile, Octava Edición, página 2.

[iii] López, Santa María, Jorge, en su obra Los Contratos, Parte General (página 76), hace referencia a esta clasificación definiendo a los contratos plurilaterales o asociativos como aquellos que provienen de la manifestación de la voluntad de más de dos partes, todas las cuales resultan obligadas en vistas de un objetivo común. Así también, hace diferenciaciones entre los contratos bilaterales y plurilaterales en cuanto a la contraparte de la obligación, a los vicios del consentimiento y nulidades, ingreso de nuevas partes, y duración.

[iv] Messineo, Doctrina General del Contrato, traducción al castellano, Buenos Aires, Argentina, Tomo I, 1948, p. 34. 67, 76 y 77, citado por López, Santa María, Jorge, Los Contratos, Parte General, Editorial Jurídica de Chile, 1998, página 78.

[v] Calle, Aquileo, Apuntes sobre los contratos innominados, Tesis Universidad Nacional de la República de Colombia, s/a, página 46.

[vi] Belda, Mercado, Javier, El reconocimiento jurídico de los contrato innominados, Universidad de Granada, España, s/a .http: //ruc.udc.es/dspace/bitstream/2183/7417/1/AD_12_art_5.pdf, consultado el 12 de marzo del 2014.