La Dirección de Mediación: catorce meses después

Jueves, 24 de noviembre de 2005

 

Lic. Eduardo Zurita Gil
DIRECTOR NACIONAL DE MEDIACION

 

LOS ÚLTIMOS MESES DEL AÑO 99 y el primer semestre del 2000, arrojan importantes resultados ­ cualitativa y cuantitativamente ­ en la asistencia de mediación en la Defensoría del Pueblo. La dinámica institucional y del procedimiento de mediación se vigorizan y generan singulares experiencias.

Les resumimos en breve recuento, sin ocultar el peso ideológico y la propia cosmovisión que acompaña nuestros conceptos y acciones; más que con afán moralista, como necesidad de buscar respuestas a dificultades que obedecen a toda nueva empresa.

Avaricia, ambición y codicia deviene en corrupción e inescrupulosidad

Desde la óptica de las relaciones de producción, se ha divididio a la sociedad en explotados y explotadores; no obstante desde un análisis causal de las conductas, bien se podría partir entre avaros, codiciosos y ambiciosos y los demás que toleran.

La causa más prosaica es el dinero y en última instancia el poder.
A estos impulsos estimula la democracia del capital en que vivimos, que adoctrina hasta la conciencia de los más pobres. No es extrañó ­en la experiencia de mediación que hemos vivido- encontrar extremos resentimientos, odios y revanchas en conflictos entre marginados de la sociedad ­quizá por que defiende con angustia lo poco que poseen-.

Estas actitudes hacen que, son pretexto de proteger de un nuevo vínculo a su padre viudo, sus hijos le arrebatan sus bienes; que hermanos se despojen entre sí; o que un abogado extorsione a un joven que ha perdido su brazo, víctima de un accidente, y forzándolo a un acuerdo de mediación, se alce con media indemnización. Cuantos casos infamantes vivimos casi a diario en nuestra tarea. Por más que, sin tomar partido, procuramos con enorme esfuerzo arribar a soluciones óptimas, sentimos a veces que la imparcialidad es casi imposible.
No en vano Goethe decía: ¨Puedo comrpometerme hasta a ser sincero, pero no me exijáis que me comprometa a ser imparcial¨.

La codicia, la avaricia, la falta de escrúpulos

Si estos hechos se dan, independientemente de la posición social o económica de la gente, las altas esferas del poder político o económico, en donde la ¨corporación¨ es el dios de mayor culto, esos pecados se han tornado en virtudes capitales,. La codicia, la avaricia, la falta de escrúpulos para inventar dobles, moral y discurso, repatean las talegas de los jinetes de la corrupción que dirigen la sociedad. Mientras por un lado promueven centros de mediación y pregonan la sabiduría del diálogo, por otro, cuando a solicitud de un grupo de damnificados de una catástrofe provocada por una gran compañía, les invitamos a audiencia de mediación para encontrar un acuerdo más justo, nos envían una cortés notas excusándose, porque ¨los están atendiendo individualmente en las judicaturas del cantón¨. ¨la codicia no diga con la bondad; liga con el orgullo, con la astucia y la crueldad¨. (león Tolstoi).

Si en los sectores pobres, la ignorancia es factor de confrontación, entre los pudientes, que por lo general se precian de haber cursado los mejores centros educacionales, no existe más excusas que que su obcecada ambición. ¨la pobreza carece de muchas cosas; la ambición, de todas¨ (La Bruyére).

El poderoso frente al débil

Hemos citado algunos ejemplos de como se comportan quienes más poseen frente a un contradictor indefenso. El ejemplo más significativo es el caso de una empresa de televisión por cable, que contrató con un usuario uno de sus productos por el cual éste abonó tresceintos dólares ­como aval- cuando el dólar se cotizaba en dos mil quinientos sucres. Tres años más tarde el cliente devolvió el aparato y solicitó la restitución de su garantía. La compañía le ofreció setecientos cincuenta mil sucres, cuando el dólar costaba quince mil sucres, con lo cual habría podido comprar apenas cincuenta dólares. El consumidor recurrió a la Defensoria y se convocó a mediación. Luego de una gran confrontación se acordó que la empresa le proporcionará otro servicio retrotrayendo el valor de cuota a la época del anterior contrato, lo cual significa que el usuario tendría derecho a dieciocho meses de servicio a cuenta de la garantía. Parecía un modelo de resolución. El abogado empresarial llevó el acta de mediación para la firma de la gente. Oh sorpresa! La devolvió su firma porque la empresa consideraba el acuerdo un mal precedente y prefería ventilar el asunto ante un juez. El fondo revela la soberbia de no ceder un ápice de parcela de poder.

Influencia económica o política

La mediación se topa constantemente con estas circunstancias. El dueño del poder (en particular un alto porcentaje de banqueros, financistas y grandes empresarios) prefiere ventilar sus conflictos litigando, pues sabe que su influencia económica o política le asegura resultados ventajosos por la vía judicial.

La conducta, aparentemente inexplicable, es la de ciertos funcionarios públicos, que además de gazmoñera, patentiza la inconsciencia acerca de su función de servicio. Actúan como reyezuelos, prepotentes y autoritarios y como se ha deteriorado tanto la autoridad moral del mando, la venalidad es la única horma a la que se ajustan. Muchos funcionarios, por su deformación, burla sagazmente la acción de la Defensoría. Su principal destreza es ¨ganar tiempo¨. Concurren a las audiencias, muestran aparente respeto y colaboración y cuando, transcurridos varios meses, deben satisfacer la demanda del ciudadano, se declaran incompetentes o inhábiles para arribar al arreglo necesario.

El rol del defensor

Alguien ha propuesto, para la discusión, que la mediación en los conflictos con la administración pública ­por esa naturaleza pública- debería prescindir de la confidencialidad. De modo que, luego de convenir la renuncia de la confidencialidad, el mediado ­dados los presupuestos de no llegar al acuerdo y demostrando al artificio- pueda presentar informe y éste gravite en la determinación de responsabilidades.

En una sociedad proclive a la confrontación y socava por la corrupción, el rol defensor debe estar reforzando por mecanismos coercitivos más eficaces. No se puede desconocer el avance en mediación; sin embargo, en los casos en que puede desconocer el avance en mediación; sin embargo, en los casos en que existe gran desequilibrio de poder, el predominio del más fuerte frustra la acción mediador y demanda una defensa firme y eficiente, y como en el espacio de la Defensoría del Pueblo, los contradictores son los ciudadanos frente a la administración, deben dictarse normas que permitan que, una vez determinada del modo más sumario, la responsabilidad del funcionario, rectifiquen o revoquen los actos administrativos y se sancione rigurosamente a su autor.

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