Jueves, 24 de noviembre de 2005

 

La libertad

Dr. Sergio Páez Olmedo.

 

Libertad absoluta

Hemos determinado que la libertad es un atributo de la voluntad y que consiste en el hecho de que el hombre se halla en la facultad de imponerse sobre sus decisiones, libre e independientemente de cualquier causa común, motivo o antecedente.
Esta es pues, la concepción de la libertad absoluta.

La libertad es relativa

Cuando aceptamos que hay ciertas causas, motivos o antecedentes, capaces de suprimir o restringir en nosotros la libertad, y de influir decididamente sobre nuestras resoluciones, sino en forma absoluta, por lo menos relativamente.
Nuestro Código Penal, concibe el problema de la libertad absoluta
toda vez que, en su Art. 32, expresa: "Nadie puede ser reprimido por un acto previsto por la Ley como infracción, sino lo hubiere cometido con voluntad y conciencia".

Definiciones doctrinales

La Ley Penal ha aceptado como uno de sus fundamentos doctrinarios, la existencia de la liberta absoluta en la comisión del hecho delictivo por parte del ser humano toda vez que, considerando que la libertad, no es sino el atributo de la voluntad; consecuentemente, sin voluntad no hay hecho humano ilícito; y, sin hecho humano ilícito, no hay responsabilidad penal, y por consiguiente, no hay pena.
Nuestra doctrina entonces, fundamenta su teoría en el error, por las siguientes razones:
1. Porque la doctrina de la libertad delictiva, vista desde el punto puramente científico, es la expresión del error; y,
2. Porque la propia libertad ha sido tomada únicamente en su concepción absoluta: siendo así y como es natural, hay que tener presente la concepción relativa.
Según la Ley, una voluntad dotada de libres voliciones, es una voluntad libre de todo nexo causal, extraño o superior a todo motivo determinante e irreductible, a toda influencia perniciosa. Entonces, como es posible concebir que la pena ha de tener el privilegio de condicionar una voluntad especial, llevarla por tal o cual camino, cuando en realidad la voluntad quiere ir por tal o cual otro camino?.
Por último la doctrina de la Ley, resulta antisocial en el terreno de los hechos y por cuya razón, inaplicable en muchos casos. En la explicación de estos casos basta una simple ojeada para diferenciar la situación legal y real, en que se encuentran las categorías de delincuentes. En esta forma, se plantea el problema de saber como se puede resolver bajo la sanción de una misma pena a los delincuentes que obran sobre el impulso del alcohol, y a los que obran por impulsos irresistibles.
Se ha expuesto en esta forma en breves rasgos, el problema de la libertad de la voluntad; más, al hablar de los elementos del delito y al referirnos particularmente a la manifestación de la voluntad en la comisión del hecho delictuoso, tomaremos en cuenta y en la forma que lo hemos hecho, las objeciones científicas que nos plantea la moderna Psicología estructural y dinámica.

La Causalidad.

Todo delito debe producir necesariamente un efecto, caso contrario no podría existir delito en el sentido estricto de la palabra.
Si un hecho que se manifiesta no produce cambio, ese hecho se ha estancado en su origen, y no puede ser un delito, a no ser que se tome en cuenta como un delito frustrado o intentado, que se castiga desde que existe intención dolosa.

Producido un delito se supone un resultado.

Este resultado será necesariamente el producto de la manifestación de la libertad, o dicho en otros términos cabe preguntar si ¿entre la causa y el efecto, existirá alguna relación?.
Cuando en la comisión de un hecho encontramos que el resultado es el producto de la manifestación de la voluntad, inferimos en ese resultado debe imputarse necesariamente a la voluntad del hombre que obra; de donde se deduce que entre dos actos: voluntad y resultado; existe una relación causal.
Esta relación causal que consiste en imputar el resultado de la manifestación de la voluntad, no debe confundirse con la culpa, la misma que no es sino de la imputación del resultado a la persona que manifiesta su voluntad.
Son conceptos diversos los expuestos, que no cabe confusión de ninguna clase, por considerar que, cuando se produce un hecho con culpa, es factible imputar la responsabilidad a una persona; no así en la llamada "la imputatio facti", esto es: cuando falta la culpa no es posible responsabilizar directamente a una persona.

En la práctica

Es muy posible ampliar estos conceptos, siempre que partamos del resultado, en el cual es necesario establecer la relación de causalidad con el siguiente ordenamiento:

1. Del resultado a la manifestación de la voluntad, es decir, imputación de hecho a hecho; y,
2. Del resultado al sujeto que manifiesta su voluntad, esto es, imputación de hecho a hechor; en consecuencia, aplicando estos conceptos tenemos en el primer caso la relación causal; y, en el segundo caso, la culpa.

Para comprender mejor el problema, pongamos un ejemplo: A se sustrae de B un libro; B denuncia el resultado del hecho. Se establece entonces el nexo causal bajo las siguientes proyecciones:
PRIMERA. El resultado, o sea la perdida del libro, existe conexión con la voluntad de A exteriorizada, manifestada, lo cual acredita la relación causal.
SEGUNDA. Entre el resultado, esto es la perdida del libro de B, existe una relación causal con A, que es el sujeto que manifiesta la voluntad y que obra con culpa.
La causalidad proviene de un suceso o acontecimiento que produce cambio en el mundo exterior. Todo cambio es el resultado de innumerables factores; verbigracia, todo suceso o acontecimiento es el producto de muchas condiciones.
La condición por su naturaleza misma, no puede hacer desaparecer el resultado.Comprendida de esa forma la cuestión y si el acontecimiento o suceso supone cambio, es el producto de un sinnúmero de condiciones, se pregunta: ¿En cuál de las condiciones existe un factor de importancia o preponderancia que debe llamarse la causa del cambio?; o, ¿Si dicho factor, se encuentra repartido por igual en todas las circunstancias?.
Nosotros creemos que siempre ha de primar el factor preponderante de una de las circunstancias del cambio, para que exista la causa. La causa no puede estar repartida en todas las circunstancias, porque entonces sería muy difícil la producción del cambio.
Todo efecto tiene su causa. El delito siendo un efecto de la acción ilícita del hombre son causa de origen.

En la dialéctica del delito

Al explicar la causalidad, se presenta en forma determinante la presente tesis: se trata de encontrar en una de las circunstancias del suceso o acontecimiento que produce el cambio, el factor predominante, o lo que es lo mismo, la causa.
Sin embargo, de lo expuesto por numerosos tratadistas que han mantenido la tesis contraria, la causa se encuentra repartida en todas las condiciones, sucesos o acontecimientos que producen cambio; por esto no se encuentra condición alguna prevalente entre condición y causa.
La tesis de la equivalencia de las condiciones está desechada por nuestra Legislación Penal; reemplazadas por las Tesis de la causación adecuada y por las regulaciones del delito concausal.
La primera Tesis corresponde a la Doctrina de la Equivalencia de las condiciones que considera como causa, toda condición de resultado concreto; y, como todas las condiciones son equivalentes en el sentido causal y jurídico, el resultado final del hecho delictuoso se produce por la suma de todas estas condiciones.
La segunda tesis que conforma la doctrina de la Causación Adecuada, considera que existe una sola condición que generalmente es apropiada para producir el resultado. Solo la causa adecuada al resultado.

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