La igualdad ante la Ley

Jueves, 24 de noviembre de 2005

 

 

 

La igualdad ante la Ley

 

Dr. Vinicio Jiménez Tacle
ASESOR DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

 

EN OCASIÓN ANTERIOR ME REFERÍ al derecho individual de la integridad personal, estableciendo como conclusión que nuestra legislación no contempla penas crueles en cuanto a sangrientas, o duras como las perpetuas, confinamiento, destierro a trabajo forzoso y se ha limitado a las sanciones privativas de la libertad o multa.

Derecho de igualdad

En esta oportunidad me refiero al derecho de igualdad ante la ley, el que se encuentra contemplado en el numeral tercero del artículos 23 de la Constitución Política de la República. Para mejor comprender se hace necesario recurrir al texto de la disposición constitucional: "Art. 23.- Sin perjuicio de los derechos establecidos en esta Constitución y en los instrumentos internacionales vigentes, el estado reconocerá y garantizará a las personas los siguientes: " "3. La igualdad ante la ley. Todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación en razón de nacimiento, edad, sexo, etnia, color, origen social, idioma, religión, filiación política, posición económica, orientación sexual, estado de salud, discapacidad o diferencia de cualquier otra índole".

Capacidad general para adquirirlos

Según el doctor Julio Tobar Donoso y el doctor Juan Larrea Holguín, "la igualdad ante la Ley no significa gozo actual de los mismos derechos, sino capacidad general para adquirirlos, iguales garantías, y seguridad de que no se excluya a nadie arbitrariamente, pero la adquisición y ejercicio de los derechos supone de todas maneras el cumplimiento de ciertos requisitos, sin los cuales no se pueden hacer efectivos. Ahora bien, las condiciones que se pidan para ser titular de un derecho, no pueden ser impuestas sino por la misma ley con carácter general, obligatorio para todos; en esta forma se elimina la arbitrariedad de las autoridades".

No debe existir diferencias

El espíritu del mando constitucional se basa en que no debe existir diferencia alguna en la especie humana, en que no existan clases privilegiadas a las que la ley les concedan mayores y mejores beneficios que a otras, en que las leyes no establezcan exclusiones a determinados individuos para favorecer a otros, que la ley no incluya a unos para excluir a otros, que las autoridades, arbitrariamente, no realicen actos colocando en situación diferente a unos que a otros.
En síntesis, ninguna persona humana puede ser colocada en situación diferente de otra en razón de sus características personales de raza, idioma, religión, filiación política, situación económica o de estado de salud y es la ley la que con sus mandatos asegura la plena vigencia de este postulado.

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