Rehacer la Democracia y el Estado de Derecho

Jueves, 24 de noviembre de 2005


ALGUNAS IDEAS
Rehacer la Democracia y el Estado de Derecho

Por: Marco Navas Alvear
Profesor de la PUCE

EL PUEBLO DE QUITO ha liderado una lucha heroica que se ha denominado "la Revolución de los Forajidos". Efectivamente, cientos de miles de quiteños y ecuatorianos en otras ciudades a través de distintas formas hemos resistido el régimen protervo y miserable de Lucio Gutiérrez.

Logrado este primer objetivo, es importante darse tiempo para reflexionar sobre como rehacer las relaciones sociales, cómo recuperar la seguridad jurídica casi pulverizada en estos últimos 130 días y finalmente, converger en una forma democrática de hacer la democracia.

Si, es necesario que esta fuerza de participación que se ha generado no se pierda en función de organizar una verdadera democracia. Una democracia inclusiva. Es necesario trabajar organizadamente por democratizar la democracia.

Los campos de acción para los próximos meses

En esta tarea de hacer una democracia nueva, realmente inclusiva, podemos identificar dos campos claros. Por cierto, la tarea no solo le corresponde al nuevo gobierno y a la vieja clase política. Esencialmente, la tarea democrática debe comprometernos a los mismos que salimos a las calles o mediante este tipo de espacios, a su tiempo protestamos por la iniquidad y hemos propuesto cambios. Así es, en estos dos aspectos es justamente en los que hay que trabajar, a saber:

Lo primero y urgente, abarca el campo de la lucha contra la impunidad, contra la pérdida de la memoria sobre el conjunto de ilegalidades. Debemos restaurar el Estado de derecho, atacando las ilegalidades y haciendo justicia. Esto implica castigar hasta la última ilegalidad, como la que ha permitido que el "dictócrata" huya. Así, todo autor, cómplice y encubridor deberá ser perseguido de acuerdo a la Ley. Con todo su verdadero peso.

En lo que respecta a los profesionales del derecho que han hecho mal uso de sus conocimientos en servicio de los intereses particulares y oscuros del régimen anterior, deberán tener a más de las legales, la sanción ética y profesional del caso. Es hora de que los gremios de abogados pongan en acción sus tribunales de honor (como ya han empezado) para procesar a quienes han hecho del sofisma con apariencia jurídica, de la retórica sucia y el argumento falaz mecanismos para justificar la serie de iniquidades cometidas. Muchos de estos profesionales han sido funcionarios públicos del gobierno Gutiérrez, otros integrantes de la Corte o los altos Tribunales de Facto. Es necesario por la salud de la clase profesional del derecho el limpiar la imagen de esta noble profesión. Al contrario de un colega que con sus razones hace unos meses renunció a su título, yo creo que hay que ser proactivo y en ese sentido dignificar la profesión.

Considero que en la práctica eso si es posible aunque no deja de ser difícil. Pero esta es una gran oportunidad de dignificar la profesión y utilizar nuestros conocimientos en función de vigilar que se haga justicia por las violaciones contra los derechos humanos y otros delitos cometidos en el anterior régimen. En lo que al autor de estas reflexiones respecta, estaremos muy pendientes y recordaremos esta obligación con la necesaria frecuencia.

En segundo lugar, está la tarea a mediano y largo plazo que es rehacer la democracia.

Rediseñar el sistema político, mejorar las instituciones, buscar una Justicia independiente y trabajar por una cultura política más profundamente democrática. Esto último involucra una verdadera pedagogía de la democracia y en ese sentido, el ejemplo de las protestas es un gran elemento. Nuestros hijos e hijas, que nos han acompañado en las protestas han aprendido la lección.

Las demandas de la población de Quito y el Estado de Derecho

El anhelo de cambio y de que todos dejemos de ser personas pasivas y nos convirtamos en ciudadanos activos, deliberantes y preocupados por las cosas públicas, debe tomarse como una fuerza positiva que permita continuar con una vigilancia sobre los mandatarios.

Sin embargo, si examinamos algunas demandas hechas por este Pueblo que se ha manifestado, existen cosas que merecen mayor reflexión:

¡Qué se vayan todos! Esta es la frase que da cuenta de la pérdida casi absoluta de fe en el sistema político y en quienes lo encarnan. Sin embargo, en la práctica, sigo sosteniendo que los partidos son necesarios en la vida democrática y que lo que se requiere es democratizarlos.

No es posible que el Presidente Alfredo Palacio disuelva el Congreso por más inoperante y cuestionable que sea. El Parlamento es una representación compleja de la democracia y disolverlo significaría violar la Constitución y que el nuevo presidente se convierta en dictador. Es decir que repita el error del anterior. Si sería posible en cambio, de acuerdo a la Constitución, que Palacio convoque a una consulta popular en la que plantee una estrategia clara de refundación del país: legitimar lo de la Corte Suprema, posibilidad de adelantar elecciones, elegir quizá una Asamblea Constituyente, etc., todo esto ratificado por la voluntad popular.

Las otras demandas que se han hecho, que tienen que ver con una gran Asamblea Popular son complicadas. ¿Cómo se garantizaría la representación de esta Asamblea Popular? Esa por ejemplo, sería una pregunta cuestionadora. Sin embargo, considero que esta demanda de Asamblea Popular expresa la necesidad de reconstruir el sistema de representación que actualmente funciona a través de Partidos que muchas veces son empresas de pequeñas oligarquías, tradicionales y emergentes. Los partidos como están, son inaceptables en democracia y una demanda más concreta al nuevo gobierno debería pasar por su compromiso primero por sanear el Tribunal Supremo Electoral y luego por reformar el Régimen Electoral. Por otra parte, lo que si es necesario hacer es organizar Asambleas Populares Deliberativas, en barrios y parroquias, por ejemplo, de manera que sean formas de organización de las ideas de la población y se conviertan en formas de puesta en común de objetivos ciudadanos.

La demanda final del Pueblo, tiene que ver con organizarse para ejercer este control ciudadano. Esta tarea, de aquí en adelante, resulta un imperativo. Hay que hacerlo de forma fuerte y firme hasta sanear todas las instituciones de fuerzas de interés y de choque, de descalificados, mediocres y crápulas con quienes no podemos convivir ni compartir los mismos lugares públicos. ¡Nunca más!

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