Legítima Defensa derecho propio y de derecho ajeno

Martes, 25 de abril de 2017

Legítima Defensa derecho propio y de derecho ajeno

 

Autor: Ab. José Sebastián Cornejo Aguiar.[1]

 

Para Fontán Balestra la legítima defensa puede definirse como ?la reacción necesaria para evitar la lesión ilegítima, no provocada, de un bien jurídico, actual o inminentemente amenazado por la acción de un ser humano.?[2]

De lo cual se desprende que efectivamente la legítima defensa es una de las causales de justificación que se analiza dentro de la antijuricidad en la estructura de la teoría del delito, en este sentido, una acción típica puede estar justificada en tanto y en cuanto se haya realizado en legítima defensa.

Lo cual nos conlleva a determinar, que la defensa, se extiende a cualquier persona, con tal que no haya provocado el ataque y por tanto, sea objeto de una agresión injusta, a lo cual se admite, pues la defensa propia, la del pariente, fundamentada en el vínculo de sangre o afinidad, y la del extraño, conforme se encuentran reconocidas en la doctrina, más no en  nuestro Código Orgánico Integral Penal, el cual se refiere a la legitima defensa de derecho propio y ajeno, reclamada por un sentimiento de solidaridad humana, que predispone acudir en ayuda de alguien, en tal sentido es necesario ejemplificar cada una de ellas de la siguiente manera:

1.-LEGÍTIMA DEFENSA DE DERECHO PROPIO:

Un claro ejemplo de legítima defensa de derecho propio sería el dictado por el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Ovalle, de fecha 22 de Febrero de 2002, en cual el ofendido por un delito se encontró con el imputado manejando su taxi, y a propósito de un problema de tránsito, ambos se vieron involucrados en una discusión, luego de que el ofendido se bajara de su auto y se acercara al del imputado, éste sacó un cuchillo y lo hirió en la cara, para luego huir del lugar. [3]

 El Ministerio Público sostiene que los hechos dan cuenta de un delito de lesiones graves, mientras que la defensa señala que existe legítima defensa por parte del imputado, toda vez que existió agresión ilegítima por parte del ofendido al bloquearle el camino y desafiarlo a que se bajara del auto; necesidad racional del medio empleado en cuanto lo único que tenía a mano el imputado para defenderse era el cuchillo; y falta de provocación suficiente, ya que, por el contrario, la provocación vino por parte del ofendido.[4]

Una vez analizado lo expuesto tanto por el Ministerio Público como por la defensa, el tribunal concluye que no se logró probar en juicio la existencia de una agresión ilegítima. En efecto, ninguno de los antecedentes presentados en la audiencia de juicio permiten al tribunal formar su convicción sobre la concurrencia de este requisito, y por lo tanto no es posible para él sino considerar que en los hechos no existió. [5]

De todas formas, y aunque existiera en los hechos efectivamente agresión ilegítima, no concurre necesidad racional del medio por ser tanto el imputado como el ofendido de la misma contextura física -el imputado más joven que el ofendido- , y por desarrollarse los hechos de día y en pleno centro de la ciudad, lo que elimina el desamparo y miedo que podría llevar a un hombre medio a usar un cuchillo en una situación semejante; por otra parte al no existir agresión ilegítima, se hace innecesario determinar si hubo o no provocación suficiente, que no concurren los elementos de la legítima defensa. [6]

Además, se considera que no hay provocación suficiente, ya que la discusión entre ofendido e imputado no es motivo suficiente como para que el primero se bajara del auto y desafiara al segundo. En consecuencia, a su juicio debería concederse la atenuante de legítima defensa incompleta por existir agresión ilegítima y falta de provocación suficiente, aunque faltara la necesidad racionalidad del medio empleado.[7]

 Es por ello que no se la configuro y el tribunal rechazo la causal de justificación de legítima defensa y condena al imputado a la pena de 541 días de presidio menor en su grado medio en calidad de autor del delito de lesiones graves en grado de desarrollo de consumado.[8]

Evidenciándose que las circunstancias de alguna manera imponen la determinación clara de un posible caso de legítima defensa propia, no obstante, por no haberse cumplido con los requisitos esenciales de la misma esta no es concedida.

2.- LEGÍTIMA DEFENSA DERECHO AJENO:

 

Dentro de este presupuesto se englobaría por ejemplo lo referente a los parientes, debiéndose comentar que hay legítima defensa, el que obra en defensa de la persona o derechos, lo que está significando claramente que todos los derechos subjetivos del pariente son defendibles, entre ellos la vida, la integridad física, la honra, el honor, el patrimonio, el pudor, destacándose que para que la defensa del pariente sea una causa de justificación por legítima defensa, se requiere, en primer lugar, que dicho pariente haya sido objeto de una agresión ilegítima, necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la agresión y la de que, en caso haya precedido provocación de parte del ofendido, no haya tenido participación en ella el defensor.

Donde Jiménez de Asúa estima que si el pariente dio motivo a la agresión, ésta deja de ser ilegítima, y faltando esta no puede hablarse con propiedad de legítima defensa, y en consecuencia, la defensa que tal agresión hiciera un pariente no sería una causa de justificación, aun cuando dicho pariente siempre estaría exento de pena, pero no por legítima defensa, sino por una causa de inculpabilidad dominada no exigibilidad de otra conducta, porque no se puede exigir que el hijo permanezca impasible ante el ataque dirigido a su padre o madre sólo porque este o esta haya dado motivo, con su provocación, a una reacción violenta del agresor.[9]

Debiéndose poner un caso en donde se alegó  legítima defensa de parientes, determinándose que en horas de la noche y luego de una fiesta, las víctimas volvían a sus domicilios junto a un grupo de amigos cuando fueron atacados con piedras por dos personas que se encontraban en una gruta que quedaba sobre el camino por el que transitaban.[10]

Frente a lo anterior, uno de los ofendidos sube a la gruta a encarar a los agresores y recibe en este acto una puñalada por parte de ellos, que huyen del lugar, al ver a su compañero herido, el grupo en el que se encontraban las víctimas comienza a perseguir a los agresores y a lanzarles piedras, ante lo cual éstos se detienen en su carrera enfrentando a los persecutores e iniciando una gran pelea, que termina con la muerte del que había recibido la puñalada en primer lugar y con lesiones muy graves para otro que con él se encontraba.[11]

Mientras que la acusación sostiene que los hechos relatados configuran el delito de homicidio simple consumado respecto del ofendido que murió en el lugar y frustrado respecto del que luego de recibir atención médica logró sobrevivir.[12]

 Por su parte la defensa sostiene que los acusados actuaron en legítima defensa de parientes, toda vez que reaccionaron cuando el grupo en que se encontraban las víctimas comenzó a perseguirlos con piedras.[13]

 En efecto, es posible separar los hechos distinguiendo dos peleas: la primera, en que no existe legítima defensa pero tampoco se producen heridas mortales; la segunda, que se lleva a cabo luego de la persecución, y en la que si bien hay heridas mortales éstas se producen en legítima defensa de los parientes perseguidos. El problema más relevante del litigio es determinar si concurren o no los requisitos de la eximente invocada, en tal sentido el tribunal considera que antes que todo es necesario precisar que no es posible distinguir dos peleas como estima la defensa, ya que no hay ninguna razón que permita separar los hechos en dos instancias independientes. [14]

Sino que por el contrario, ha quedado acreditado en juicio que los hechos se desencadenaron muy rápidamente, y que desde la agresión inicial hasta la acción homicida no hubo una diferencia de tiempo considerable, teniendo lo anterior claro, los sentenciadores expresan que es posible sostener que no se cumplen los requisitos de la causal de justificación invocada, toda vez que no ha quedado acreditada en juicio la existencia de una agresión ilegítima por parte de las víctimas.

 En efecto, fueron descartadas las declaraciones del acusado en vista de que incurría en muchas contradicciones, y de que no fue posible probar ni la existencia de lesiones en su cuerpo ni la de residuos en sus ropas que dieran cuenta de un ataque a pedradas. De cualquier forma, incluso si hubiera existido una agresión por parte de las víctimas, los acusados habrían podido elegir otro medio menos gravoso de rechazarla. En efecto, quedó acreditado que las víctimas se encontraban en estado de ebriedad y que no habrían sido capaces de seguir a los acusados si ellos hubiesen optado por no enfrentarlos, es por ello además que al no ser posible sostener la existencia de una agresión ilegítima, es irrelevante la concurrencia de los otros requisitos, sin los cuales dicha atenuante no puede prosperar.[15]

En tal sentido la causal de justificación invocada no es procedente y se condena a los acusados como autores del delito de homicidio simple consumado respecto de una de las víctimas y frustrado respecto de la otra. [16]

Evidenciándose que efectivamente si bien es cierto en el Código Orgánico Integral Penal no se define de manera taxativa la legitima defensa de parientes, pero se habla de la legitima defensa de derecho ajeno se entendería que esta se encuentra reconocida implícitamente, de igual forma sucedería lo que en otras legislaciones se denomina como legítima defensa de extraños, la misma que también estaría reconocida dentro de nuestro ordenamiento jurídico bajo la denominación de legítima defensa de derecho ajeno.

Siendo oportuno en tal sentido determinar un posible caso de esta legítima defensa en el cual el día 24 de febrero del 2004, alrededor de las 10:30 horas, se encontraba la víctima efectuando labores de limpieza en el patio del domicilio de su madre, en donde mientras efectuaba el aseo, la víctima ocasionó ruidos que habrían despertado al imputado y a su pareja homosexual.[17]

 Éste último se levantó y fue a increpar a la víctima por ocasionar los ruidos molestos antes mencionados, ante lo cual se produjo una discusión y un forcejeo, en el que la víctima empujó a la pareja del imputado. [18]

Producto de dicho empujón el acompañante del acusado cayó al suelo y gritó a éste último que le iban a pegar. En este momento el acusado se acercó a la escena de la pelea premunido de un revólver calibre 38 especial, con el que se subió a una escalera que se apoyaba en el techo de su vivienda, y desde allí efectuó un disparo el que impactó en el espalda a la víctima, a raíz de lo cual se le produjo anemia secundaria a herida a bala de hemotórax derecho, con compromiso de aorta, esófago y pulmón derecho, falleciendo en el mismo lugar instantes después. [19]

Según la opinión del Ministerio Público, los hechos antes narrados constituyen el delito de homicidio calificado, mientras que la defensa busca configurar la eximente de legítima defensa, al respecto de este hecho acaecido el Tribunal desestima que estemos en presencia de un homicidio calificado, puesto que considera que la circunstancia de alevosía no está presente en el caso en comento.[20]

Mientras que en relación a la legítima defensa, los sentenciadores primero analizan los requisitos de necesidad racional del medio empleado y de falta de provocación suficiente, en donde sucintamente estiman que ambos concurren, pero señalan que no se ha acreditado en juicio que el acusado haya provocado a la víctima, por tanto dicho requisito concurre.[21]

Con respecto a la necesidad racional del medio empleado, no hace ninguna referencia, y finalmente el tribunal reflexiona en torno al requisito básico de la legítima defensa, la agresión ilegítima, señalando que los dichos de la pareja del imputado fueron ?me van a pegar?. Por consiguiente, estima que no existió una mayor agresión que el empujón inicial que ya había concluido, por tanto no se puede configurar de manera alguna la causal de justificación invocada, en tal sentido se condena al acusado a 7 años de presidio mayor en su grado mínimo como autor del delito de homicidio simple consumado.[22]

Evidenciándose que en este caso la decisión del Tribunal es la adecuada en razón del análisis efectuado en torno a los presupuestos de la legitima defensa no obstante este ejemplo es necesario simplemente para la concreción de la existencia de defensa de un derecho ajeno como se ha visualizado; no obstante si la necesidad racional del medio empleado hubiese sido la adecuada estaríamos frente a la configuración plena de una causa de exclusión de la antijuridicidad como lo es la legitima defensa.

 



[1] Abogado por la Universidad Internacional Sek (Quito, Ecuador); Especialista en Derecho Penal por la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito, Ecuador); Autor de los libros Mundo, Alma y Vida; Senderos de Organización y Funcionamiento del Poder Judicial; Breves Nociones de la Criminología, la Penología y la Victimología en el Contexto Criminal; y Teoría General de los Recursos y Remedios Procesales en el COGEP. scor1719@hotmail.com.

[2] Carlos  Fontán  Balestra,  ?Derecho  Penal.  Introducción y Parte General?, Abeledo Perrot, 1998, p. 280.

[3] Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Ovalle, de fecha 22 de febrero de 2002, RIT: 3 ? 2002

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] Luis Jiménez de Asúa; ?Tratado De Derecho Penal. Tomo IV?. (Editorial Losada, S. A. Buenos Aires.)

[10] Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de La Serena 19 de agosto de 2002 RIT: 20 - 2002

[11] Ibíd.

[12] Ibíd.

[13] Ibíd.

[14] Ibíd.

[15] Ibíd.

[16] Ibíd.

[17] Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Valparaíso 9 de enero de 2005 RIT: 175 - 2004

[18] Ibíd.

[19] Ibíd.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

[22] Ibíd.

Change password



Loading..