Jueves, 24 de noviembre de 2005

LOS DERECHOS POLÍTICOSY LA CRISIS
Un observatorio para el Congreso Nacional



Por: Dr. Marco Navas Alvear
Mnavas@ildis.org.ec

UNO DE LOS SIGNOS MÁS VISIBLES de la crisis de la democracia reside en la constante desconfianza sobre la labor legislativa en nuestro país. Cuando se corren sondeos de opinión, el Congreso Nacional es una de las instituciones que más baja credibilidad tiene entre la ciudadanía.

Sin embargo, el Congreso es una institución clave en el proceso democrático. En consecuencia, una mejor legislatura contribuiría a mejorar la calidad de la democracia, si es que allí se reflejaran verdaderamente los intereses generales de las colectividades a las que representan los elegidos a ella.

Pero también si es que los electores pudieran seguir de una manera constante la labor de sus mandatarios y no solamente construir la imagen parlamentaria a través de los episodios escandalosos y a veces burdos que los medios masivos transmiten.

¿Qué ocurriría si pudiéramos seguir, por ejemplo, de forma individualizada, el desempeño de esos legisladores y legisladoras?

Muchos talentosos y probos, pero muchos más menos que mediocres y carentes de capacidades necesarias para cumplir con tan delicadas tareas. Esas personas han sido elegidas por nosotros por lo tanto, ese derecho de participar que se verifica a través del voto, también implica un deber, el de no otorgar un cheque en blanco a estos representantes y de involucrarse en ciertas las decisiones sobre los asuntos públicos y en la regulación de la vida social, que son tareas del Parlamento.

Los derechos políticos son una dimensión trascendental del ser humano como ser social. Actualmente y desde hace varios siglos, estos derechos se ejercen a través del sistema de democracia representativa. Sin embargo, en los últimos años, a la par del serio deterioro de nuestra democracia, han surgido paradójicamente herramientas que son parte de una suerte de renovación de los derechos políticos. Ya no se considera que los derechos políticos se agotan en nada más sufragar y ser elegido, sino que surgen otros más como el participar, entre otras formas más directas, a través del escrutinio de los asuntos públicos o la revocatoria del mandato. Las cosas públicas, las decisiones, ya no solo son materia de los representantes sino que existe, gracias a la importancia que las modernas formas y tecnologías de la comunicación como en internet, una mayor posibilidad de saber como se hacen las cosas.

Si nos animamos a ejercer activamente estos derechos políticos, quizá podamos librarnos de la desilusión como pueblo por las acciones de nuestros elegidos, porque la próxima vez elegiremos mejor.

¿Por qué observar al Congreso?

En el Ecuador, según prevé el artículo 126 de la Constitución, la institución que ejerce la Función Legislativa se denomina Congreso Nacional.
Dos son los derechos que legitiman el que observemos a instituciones como el parlamento.

En primer lugar, el artículo 81 de la Carta Fundamental dispone que el Estado garantiza el derecho de la ciudadanía a acceder a fuentes de información, y a buscar, recibir, conocer y difundir información objetiva, veraz, plural, oportuna y sin censura previa, de los acontecimientos de interés público. Esta garantía fundamental ha sido desarrollada a través de la Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública (LOTAIP), normativa por la que muchos luchamos, convencidos de que abriría puertas para mejorar la democracia.
Al derecho y garantía de libre acceso a la información pública se une el derecho y obligación ciudadanos de fiscalizar los actos de los órganos del poder público y participar en la vida política del país. Este derecho político se halla establecido en el artículo 26 de la Constitución. Mientras que, en el artículo 97 de este mismo cuerpo normativo, se lo establece como deber ciudadano a través de varios enunciados.

La iniciativa

La Corporación Participación Ciudadana del Ecuador ha diseñado el programa "Observatorio ciudadano al Congreso Nacional - Por un Congreso Visible".
Según sus organizadores, el Observatorio busca ofrecer a la ciudadanía una herramienta de información sobre el trabajo del Congreso Nacional y establecer un mecanismo para que ésta pueda interactuar con el Legislativo, transmitiéndole sus opiniones, propuestas y demandas atinentes a su labor.

Esta especie de "ventana" se encontrará localizada en una página de internet: www.ciudadaniainformada.com

A través del observatorio se podrá, por lo tanto, hacer seguimiento e investigación en materia de procedimientos y actos legislativos, y de fiscalización, de manera que sea posible evaluar el trabajo del Parlamento, su programa anual y sus propuestas más importantes.

Así mismo se dispondrá de información acerca del desempeño de cada legislador, tanto en aspectos formales como su asistencia y puntualidad a las sesiones, cuanto en aspectos de fondo como son las orientaciones de sus votos. Los organizadores de esta iniciativa lo indican claramente: "Porque la producción legislativa no es neutra, sino que está cruzada por intereses de diferentes sectores, lo que debe ser de conocimiento ciudadano, democratizando la información y posibilitando que las y los ciudadanos participen con comentarios y sugerencias sobre los diferentes proyectos de ley". Es decir, hacer visibles y transparentes las motivaciones para las actuaciones de los legisladores.

Las expectativas

¿Qué se esperaría de una iniciativa tan interesante como esta?

En primer lugar que sea un medio para transparentar el trabajo del Congreso Nacional mediante mecanismos de vigilancia de la sociedad civil, aunque no necesariamente de forma confrontativa. Se esperaría de los grupos ciudadanos no solo críticas sino propuestas constructivas sobre cómo mejorar el desempeño legislativo.

Para que el círculo se cerrase debería esperarse de parte del Congreso, como institución y de cada bloque y legislador una actitud responsable y receptiva. Una apertura para utilizar los productos del Observatorio como elementos de apoyo y asesoría. No pensar con desconfianza sobre la labor del Observatorio. No se puede olvidar el dicho popular "quien nada debe nada teme". Por lo que se esperaría una predisposición a recibir, procesar e incorporar las sugerencias que se hagan. Esa misma actitud, según sea positiva o no, constituye un indicador de confianza o desconfianza sobre los diputados, que se deberá tomar en cuenta.
Al mismo tiempo, es importante que el observatorio precisamente cumpla además de la informativa, una labor de sistematización, de forma de poder disponer de una visión de conjunto sobre el Parlamento.

Así, el Observatorio tendrá que producir informes en donde se condensen varios indicadores que permitan apreciar de manera integral al Legislativo y evitar entonces sesgos y generalizaciones.

El mayor desafío será quizá desarrollar un mecanismo de interacción mediante el cual se genere una comunicación en doble vía entre Congreso y ciudadanía, que complemente el contacto que cada legislador tenga con sus comunidades. No olvidemos que la Constitución y la Ley Orgánica de la Función Legislativa manda a los diputados a actuar con sentido nacional.

Muchas veces sin embargo, las formas de relación tradicionales entre el político y sus electores apuntan a reforzar formas clientelares y estos legisladores olvidan este sentido nacional. Tener un contacto facilitado por el observatorio. Un contacto impersonal y directo a la vez, a partir de la constatación de la labor en conjunto de cada congresista podría ser otra alternativa complementaria para mejorar la comunicación entre políticos y electores.

Esta iniciativa de extraordinario potencial ha sido puesta en nuestras manos, aprovechémosla. La única forma de mejorar la débil democracia que tenemos es colectivamente. Si todos y todas nos interesamos.

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