Lunes, 22 de mayo de 2017

Igualdad de Género

 

Enfoque Jurídico

 

Autor: Abg. Marcela Estrella Bucheli

 

?No necesito al feminismo porque creo en la igualdad,

no en privilegios y supremacía?

 

 

No creo que el feminismo contemporáneo sea un movimiento que hoy por hoy, busque la igualdad, hablaremos de esto oportunamente, pero antes de empezar el desarrollo de este artículo, quiero hacerles unas preguntas:

 

Si el feminismo busca la igualdad,  ¿por qué en la mesa de debate no existe una identificación igualitaria de los problemas que enfrentan ambos géneros?, ¿por qué no se escucha el pronunciamiento de feministas sobre los beneficios que las mujeres reciben sobre los hombres en determinadas situaciones?, ¿por qué jamás se pronuncian a favor de los hombres cosificados, violados, maltratados? pero por el contrario argumentan siempre que todos los hombres son privilegiados y todas las mujeres somos oprimidas?

 

Si el feminismo realmente buscara implantar la ?igualdad? en la sociedad, su discurso contemplaría la misma representación de los problemas de hombres y mujeres.

 

Las mujeres merecen un espacio seguro al igual que los hombres merecen un espacio seguro, y los homosexuales, y los transexuales, y afrodescendientes? y para ser franca los hombres son la mayoría de las víctimas de violencia en la esfera pública.

 

No podemos negar que para mantener un orden social, el Estado se ve en la obligación de prohibir determinadas conductas; y que hoy por hoy, la sociedad, se ha acostumbrado tanto a su intervención punitiva, que sería prácticamente imposible esperar una convivencia pacífica sin control.

 

La evolución de la sociedad ha traído consigo la aparición de nuevos bienes jurídicos, esto como respuesta al surgimiento paralelo de nuevas formas de cometimiento de delito, en donde el Estado como tutor de los derechos, tiene la tarea de encaminar su Ordenamiento Jurídico hacia la tutela efectiva de los mismos.

 

El estereotipo del rol que tienen los hombres y las mujeres dentro de la sociedad, ha sido implantado de un modo agresivo a lo largo de la evolución de la misma, y producto de esto, actualmente hablamos de violencia de género, que es aquella que se comete en contra de las personas, y vale la pena decir <<personas>>, porque este tipo de violencia puede afectar tanto al género femenino, como masculino, y no hace alusión únicamente a las formas de maltrato o discriminación en contra de las mujeres.

 

Violencia de género.- ¿Qué es el género?

 

Los primeros estudios del <<género>> se desarrollan en la esfera de las universidades anglosajonas alrededor de los años 70, y de inicio fue asociado unívocamente como una construcción cultural sobre datos biológicos del sexo. Aquí hubo una primera fractura pues, sexo y género no son dos categorías que deben entenderse como sinónimos: el sexo es lo cromosómico, biológico y hormonal, es la identidad sexual de cada ser humano. El género es el conjunto de características, expectativas y espacio asignados al macho y hembra humanos, que definirían socialmente lo masculino y femenino.

 

Pero en los años 80, el género fue empleado para develar la situación de opresión de las mujeres (evidentemente que la opresión no contemplaba la situación de mujeres afros y lesbianas), y es así que empieza a calificarse al género como una «ficción totalizadora» que creaba una falsa unidad a partir de elementos heterogéneos.

 

Actualmente el género se estudia en casi todas las universidades de prestigio, con un adicional, el término se ha ido concibiendo como coextensivo del concepto «mujer», y ha sido mal entendido como disciplina feminista, a tal punto que la palabra género, hoy en día es un eufemismo: se habla de «violencia de género», en lugar de VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES.

 

Pero volvamos a nuestra discusión. Basta decir que las relaciones asimétricas entre hombres y mujeres han existido desde siempre, y que, a pesar de las prácticas machistas latentes en nuestro sistema, es incorrecto pensar que, mediante el control punitivo estatal, se va a erradicar este fenómeno de ?discriminación? femenina, que es más bien, un tema social al que debe dársele un tratamiento diferente al punitivo.

 

No podemos obviar, que, por poner una cifra, de cada diez asesinatos que llegan a conocimiento de un Fiscal, siete son cometidos en contra de hombres, y éstos, en su gran mayoría quedan en la impunidad, sin que movimientos feministas organicen marchas, exigiendo la tipificación de un delito de género bajo la denominación de ?masculinicidio?.

 

Pensar que el asesinato de mujeres puede deberse únicamente a causas misóginas, que ameritan la creación de un tipo penal autónomo, excluye de lleno, la posibilidad de que los asesinatos cometidos en contra de los hombres, puedan deberse a reacciones misándricas[1], y de esta manera se niega la igualdad de acceso a la justicia sin importar el género de la víctima.

 

Punitivismo Excesivo y Presión Social

 

En los últimos años, el discurso político ha implantado en la sociedad, falsas ideas de inseguridad y la ha hecho creer que necesita de nuevas figuras delictivas para mantener el orden social. Este discurso busca no solo la creación de nuevos tipos penales o la tipificación de nuevas conductas (nada trascendentales para el Derecho Penal), sino que, además, propone el incremento de penas como ?solución dable? al grave problema de la inseguridad y violencia.

 

Es así que la sociedad acepta este discurso, y exige que se creen nuevas figuras delictivas, que se endurezcan al máximo las penas, que se incrementen los derechos de la víctima y que se reduzcan al máximo los derechos del procesado.

 

Las muertes crueles, basadas en razones de odio, desprecio y relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, han existido siempre. La diferencia radica en que, en la actualidad, los delitos que se cometen en contra de mujeres, han salido más a la luz debido a la influencia que tienen los medios de comunicación en la sociedad, ya que ellos vendieron la idea de que la tipificación del delito de femicidio, era necesaria para erradicar la discriminación y el asesinato de mujeres por razones de género.

 

Las exigencias de las organizaciones feministas radicales han conseguido la creación de diversos instrumentos legales -nacionales e internacionales, para que los Estados supuestamente prevean y erradiquen las formas de amenaza y afectación a los derechos humanos de las mujeres. Por mencionar algunos de estos instrumentos:

 

-Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979);

-Convención de Belém do Pará (1994);

-Leyes de Primera y Segunda generación (1994 ? 2005)

 

Estos instrumentos existen, y han trascendido (en el caso de 7 países Latinoamericanos), a la esfera del Derecho Penal, aun cuando evidentemente la violencia contra mujeres no ha disminuido en absoluto, y aún hay quienes creen que con la tipificación de figuras como el femicidio y el feminicidio las personas automáticamente dejarán de tener ideas de discriminación y de maltrato, y se erradicarán todas las formas de violencia contra la mujer, los asesinatos de odio hacia las mujeres, para así, vivir en una sociedad más justa e igualitaria.

 

No niego que todos los días mueren mujeres, pero también todos los días mueren hombres, mueren afrodescendientes, indígenas, extranjeros, homosexuales, etc., y resultaría absurdo, desde un punto de vista jurídico, empezar a tipificar delitos para cada tipo de muerte, para intentar garantizar la igualdad de todas las personas.

 

El hecho es, que la tipificación del delito de femicidio, responde a presiones sociales por parte de los movimientos feministas, apoyados por un grupo de legisladoras sumisas que irónicamente se oponen al aborto.

 

La Constitución reconoce la igualdad de todas las personas en materia de acceso a la justicia, pero cómo se puede exigir este derecho, si en nuestro propio ordenamiento jurídico, NO HAY IGUALDAD. El femicidio es un tipo penal discriminatorio, que ha ponderado la vida de las mujeres por encima del valor de la vida de los hombres.

 

Para el Derecho Penal, la muerte de mujeres es relevante, y es por eso que en su normativa ya se encontraban tipificados los delitos de homicidio y de asesinato en los que se adecúa este delito de matar o dar muerte a una persona. Con la re-tipificación del delito de asesinato enfocado exclusivamente a la muerte de mujeres por razones de género, lo único que se consiguió es duplicar figuras delictivas ya existentes, y que no han contribuido a la disminución o desaparición (en el mejor de los casos) del crimen.

 

La discriminación es un tema que debe endosársele al ámbito de políticas públicas, en donde se eduque a la sociedad respecto de este tema. Deben promoverse campañas y charlas educativas en escuelas y colegios, para implantar una cultura del respeto y tolerancia mutua en todo ámbito social.

 

La sociedad está conformada por hombres y mujeres, adultos, jóvenes, niños, ancianos, mujeres embarazadas, por mestizos, afro-descendientes, indígenas, grupos en aislamiento voluntario, extranjeros, homosexuales, discapacitados (lamento si pasa desapercibido algún grupo, pero la sociedad ?por lo menos la ecuatoriana-, es muy diversa), y bajo la lógica que concibió al femicidio como tipo penal autónomo, el Estado debería promover la creación de tipos penales que protejan a todos los grupos; por qué no crear entonces el afrocidio o el homosexualicidio? simple, porque esta lógica no es coherente y en la práctica es absurda.

 

Se ha pretendido que la sociedad crea que, con la tipificación autónoma del asesinato a mujeres, y el aumento injustificado de las penas, el crimen por discriminación y violencia hacia las mujeres desaparecerá, y que nosotras podemos entonces salir tranquilas en minifalda a las calles. Mujeres y hombres siguen muriendo en igualdad de condiciones.

 

El femicidio contradice el principio de subsidiariedad del Derecho Penal.

 

Recordemos que la subsidiariedad es la última ratio, la última instancia a la que puede recurrir el Estado para garantizar la protección de un bien jurídico cuando se hayan agotado otras instancias menos lesivas.

 

El femicidio existe, si se quiere, como un problema social, un problema de discriminación, como tema de intolerancia que involucra la falta de respeto hacia el género femenino? ¿pero por qué adentrar su problemática en el campo del Derecho Penal, si el Derecho Penal no es preventivo: no actúa ex ante, actúa ex post, es decir, cuando una conducta ha lesionado un bien jurídico? ¿y el femicidio se concibió para prevenir el cometimiento de asesinatos a mujeres?

 

El art. 141 del COIP, tipifica el delito de femicidio, sancionado con una pena de veintidós a veintiséis años, y basta que concurra alguna de las circunstancias del art. 142 del mismo cuerpo legal, para que se imponga la pena máxima.

 

Pero este tipo penal tiene un error de tipificación para casos reales específicos, al momento de demostrar las ?relaciones de poder manifestadas en cualquier tipo de violencia que, como resultado, dé muerte a una mujer por el hecho de serlo o por su condición de género?.

 

Hablar de relaciones de poder, es hablar de la interacción entre dos personas, en donde a una de ellas, le corresponde ejercer poder sobre la otra de modo coercitivo. Y la relación de poder debe probarse en el femicidio como causa constitutiva del delito.

 

Pero les planteo el siguiente escenario: un caso real de un matrimonio en el que la mujer trabaja y el hombre se dedica a los quehaceres domésticos. Determinado día luego de haber tomado un par de tragos, la pareja discute y una cámara de seguridad en una estancia, capta el momento en que ella inicia los golpes físicos pues dirige a su marido varios golpes con puño cerrado a nivel de cara y antebrazos, se nota cómo ella con sus uñas se prende de la cara de su esposo, y él, en un acto de defensa, le toma las manos, la empuja de sí, y ella cae el piso, golpeándose la cabeza y acto seguido muere. ¿Qué alegarían ustedes? ¿Femicidio? Es lo que los familiares de la víctima exigirían, y es lo que la sociedad presionaría para que finalmente el Fiscal consiga la pena máxima.

 

Lo que pasa es que este ejemplo podría tratarse de un caso de homicidio inintencional, y no un tema de discriminación de género? y a pesar de ello, el Fiscal justificará la existencia de la ?relación de poder? en la discusión entre los cónyuges, y voilá, tenemos femicidio y una condena de 26 años.  

 

Femicidio: ¿Cómo opera este tipo penal en casos específicos de muerte de mujeres?

 

Quizá se diga: <<pero hay mujeres que mueren siendo torturadas, con signos evidentes de ensañamiento en sus senos y vagina>>. Les pido un favor: vayan a la unidad especializada en delitos contra la vida de la Fiscalía, y pídanle a cualquier fiscal que les facilite 10 expedientes de asesinatos sádicos de hombres: ahí también se ve ensañamiento, mutilación de extremidades y genitales, tortura premortem y postmortem, y en muchos casos estas muertes ocurren en la esfera intrafamiliar y quedan en completa clandestinidad e impunidad.

 

Así que no hay tal: siendo objetivos, hombres y mujeres pueden morir en las mismas condiciones, pero EL FEMICIDIO ES UN TIPO PENAL DISCRIMINATORIO, y por eso para mí, en la práctica procesal, el feminismo ni siquiera se asocia a un sinónimo de igualdad.

 

El problema del maltrato y la discriminación a la mujer, debe combatirse desde el ámbito de la sociedad machista. El asesinato de mujeres, antes del COIP, ya estaba tipificado, y con el femicidio, empero, no han cesado las muertes de mujeres.

 

La sociedad debe dar una respuesta a estructuras de organizaciones violentas, y en su gran mayoría, la mujer ha sido la destinataria de esa violencia, pero de ninguna manera, el Derecho penal es la base para dar respuesta a esos problemas.

 

El feminismo ilustrado, fue concebido como una manera de reivindicar la inclusión de las mujeres en principios universalistas, centrando su debate en la igualdad de la inteligencia para el acceso a la educación, el derecho al voto, o la reforma institucional del matrimonio, por ejemplo.

 

Posteriormente aparece un feminismo liberal sufragista, que reclama enfáticamente el derecho al voto, la independencia de la mujer para la toma de decisiones, el derecho al trabajo y al salario, exigiendo cambios en las costumbres y moral de la época, para la consecución de la obtención de la ciudadanía. A partir de 1880, algunas universidades incluso, empiezan a admitir a mujeres en sus aulas de modo excepcional.

 

Pero la tercera ola del feminismo (60´s) se aparta de esos ideales articulados a un mismo fin de libertad, igualdad y fraternidad colectiva, y dirige un discurso construido a base de mentiras. Esta nueva corriente le quitó la cordura al feminismo, radicalizando una postura sectaria de intolerancia y fobia a lo masculino. Esta nueva tendencia feminista, convirtió la causa noble de la emancipación de la mujer, en puro victimismo, y creó teorías de conspiración sobre patriarcados hipérboles.

 

Los discursos modernos del feminismo, dejan una mala imagen de los verdaderos propósitos de la lucha para igualdad de género.

 

Aquellas mujeres que dicen <<machete al machote>>, denigran al feminismo originario.

Las que te dicen que eres oprimida por estar maquillada, o por depilarte y usar tacones, denigran al feminismo originario.

Aquellas que propagan discursos misándricos de exclusión y aversión a lo masculino, denigran al feminismo originario.

 

La lucha por la igualdad de género debe ser real.

 

Me niego a pensar que soy una víctima del sistema.

Me niego a creer que soy oprimida.

 

Hoy por hoy hombres y mujeres tenemos las mismas oportunidades, y no necesitamos ser protegidas como copos de nieve, a la vez que se nos dice que somos fuertes y empoderadas.

 

Si le dices a una mujer feminista que no eres feminista, ella no querrá oír lo que piensas, no le importará tu opinión y te excluirá de sus círculos de debate.

 

Esto no se trata de diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y no quiero ahora explayarme en esto, pero tiene que ver con las equívocas concepciones modernas de la lucha por la igualdad.

 

El feminismo contemporáneo es un modo alarmante de concebir a los hombres como algo tóxico, y no creo que esté bien decirle eso a la sociedad.

 

A los violadores y a los asesinos se les lleva a juicio, pero se necesitan pruebas, ya que <<todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario>>, y es así como debería funcionar. Al feminismo no le interesa el principio de inocencia, y eso implica un retroceso para el sistema.

 

Día a día lucho por un mundo de igualdad y justicia, y no creo en las formas de ?igualdad? cobijadas en prejuicios de género como el FEMINISMO.

 

Cuando las mujeres luchaban por la igualdad ante la Ley, su reconocimiento como ciudadanas, y derechos subyacentes, la justicia estaba de su lado.

 

Hoy en día esa heroica visión de la mujer, como un individuo capaz, se ve opacado por un fango colectivista que lucha contra otras minorías, para implantar ideas de victimización femenina.

 

Yo soy feminista porque considero que existen problemas sociales que deben ser atendidos en igualdad.

No soy feminista porque quiero conseguir un trabajo y llegar lejos por mis capacidades, y no por ser mujer simplemente.

No soy feminista porque ellas incentivan un mundo de sexismo? y no quiero ser parte de eso.

 

No soy feminista, soy mujer.

 



[1] Misandria (del inglés misandry y éste del griego miseo que significa "odiar" y andros "hombre"[]) es un neologismo que hace referencia al odio o aversión a los hombres. En contraposición, existe la misoginia, que se la considera como la contraparte sexista de la misandria, es decir, el odio a las mujeres.

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