EL CONTRATO DE SOCIEDAD EN EL DERECHO ROMANO

Lunes, 14 de septiembre de 2015

 

 

EL CONTRATO DE SOCIEDAD EN EL DERECHO ROMANO

 

 

Autor: Dr. Roberto Salgado Valdez

 

 

El Derecho Romano es la base de la legislación de muchísimos países; es  por ello que en este Tratado no podemos dejar de considerarlo, ya que solo en base de su breve revisión podremos darnos cuenta de las importantes similitudes y algunas diferencias que existen con el derecho actual, tanto como utilidad histórica, como modelo de aplicación y herramienta auxiliar para el conocimiento y estudio del Derecho.

 

En primer lugar, debemos dar una ligera idea general acerca de lo que constituye una ?Sociedad?.  Es su más lata concepción podemos decir que la Sociedad tiene mucho de un sentido de ?asociación?, que según Eugene Petit  ?se aplica a toda reunión de personas que se proponen conseguir un fin común? (Eugene Petit, Tratado Elemental de Derecho Romano, página. 405).

 

Siguiendo al mismo autor consideramos que las personas que se asocian lo hacen con diferentes fines: pecuniarios, religiosos, políticos, etc.  Así ocurrió en el Imperio Romano.

 

?Roma no conoció un Derecho mercantil como rama distinta y separada en el tronco único del Derecho privado común (ius civile), entre otras razones porque a través de la actividad del pretor, fue posible adaptar ese Derecho a las necesidades del tráfico comercial?. (Rodrigo Uría, Derecho Mercantil, Madrid, 1964).

 

1.            Definición del contrato de Sociedad en el Derecho Romano

 

Muchas son las definiciones que se han dado sobre la Sociedad por parte de tratadistas del Derecho Romano; citaremos unas pocas:

 

Juan Iglesias:

 

 ?La Sociedad  -Societas-  es un contrato consensual por virtud del cual dos o más personas ?socii-  se obligan recíprocamente a poner en común bienes o actividades de trabajo para alcanzar un fin lícito de utilidad común?  (Juan Iglesias, Derecho Romano, página. 401).  (Las negrillas son nuestras).

 

Eugene Petit: 

 

?La Sociedad es un contrato consensual, por el cual dos o más personas se comprometen a poner ciertas cosas en común para sacar de ellas una utilidad apreciable en dinero?.  (Eugene Petit. Ob. citada, página. 405). (Las negrillas son nuestras).

 

Carlos Larreátegui:

 

?La Sociedad es un contrato consensual en virtud del cual dos o más personas aportan bienes o artículos o trabajos, con un fin lícito, pecuniario o no, y con un interés común para todas las personas que la integran?.  (Apuntes de clase de Derecho Romano). (Las negrillas son nuestras).

 

En el Derecho Romano, la auténtica ?Sociedad? persigue un fin común de utilidad económica.

 

2.            Las Sociedades en el Derecho Romano

 

Al respecto cabe señalar lo siguiente:

 

a)    Ausencia de personalidad jurídica de las Sociedades.- En Roma, a excepción de las Sociedades Vectigalium y las Publicanorum, a las que ya nos referiremos, ninguna Sociedad tenía personalidad jurídica.  La Sociedad romana, como contrato, producía solo efectos internos y nunca efectos con respecto a terceros.

 

b)   Origen de las Sociedades.-  Los tratadistas del Derecho Romano se preguntan si los diferentes tipos de Sociedades romanas emanan de un tronco común, o si existieron diversos tipos independientes, o si este concepto de Sociedad romana se formó en diversas fuentes, tomando tan solo los caracteres que representaban esos diferentes tipos de Sociedad.  Diríamos que los romanos prescribieron las notas específicas de cada una de las Sociedades, pero mantuvieron caracteres comunes para todas ellas.

 

Podemos, en definitiva, afirmar que el origen de las Sociedades es uno solo:  El de las Sociedades universales u  ?Omniun Bonorum? (Consortium), de las que hablaremos más tarde.

 

Otro tipo de Sociedad señalada por los romanistas es la ?Polisio?, formada por el propietario de un fundo agrícola y el politor perito agrícola para repartirse los beneficios obtenidos en su explotación.

 

Además señalaron a la Sociedad ?Questus?, aparentemente de origen griego.  Entró en Roma por medio del Derecho de gentes.  En esta Sociedad, los socios aportaban todo lo que era ingreso por esfuerzo propio, pero no lo que ingresaba a su patrimonio a título gratuito, como las herencias y legados.

3.            Caracteres generales del contrato de Sociedad en Roma

 Tales caracteres eran:

 

a)    Consensual.- Un producto de la voluntad de las partes.  Lo esencial era que exista el consentimiento, importando poco la forma en que éste se exprese, aunque bien vale indicar que se lo podía manifestar oralmente, por escrito o por mensajero.

 

b)   Sinalagmático perfecto.- No podía haber contrato sin participación en las utilidades, en las pérdidas y en el aporte.  Aunque, según Petit ?se podía convenir también que uno de los asociados tuviera una mayor parte en la ganancia que en la pérdida, o aún que participaría en la ganancia y en la pérdida no?.  (Eugene Petit, Ob. citada, página. 407).

 

c)    Intuitu Personae.- Era un contrato que se celebraba en atención a la calidad de las personas.

 

Darío Preciado Agudelo en su obra ?El Contrato de Sociedad en el Derecho Romano?, Ediciones Librería del Profesional, Bogotá, Colombia, 1988, página 9, con respecto a la aplicación de este principio señala:

 

?La sociedad estuvo formada primitivamente entre hermanos; el parentesco de los socios tenía lugar antes de cualquiera otra consideración; el vínculo familiar no se oponía al mantenimiento de la sociedad, luego de la muerte de un consorte, ya que los herederos sui eran también sus parientes más próximos.  Por el contrario, en toda sociedad era la persona del socio como individuo, la tomada en cuenta para constituir entre las partes una sociedad.  La confianza recíproca de los socios no podía, pues, extenderse fuera de las personas que así estaban unidas, siendo ésta la razón por la cual esa sociedad se disolvía de pleno derecho por la muerte de alguno de sus miembros.  Aquí podemos ver la razón por la cual en nuestras sociedades colectivas, de personas esencialmente, la muerte de un socio pone fin al contrato?.

 

d)   De buena fe.- In Societatis contractibus fides exuburet:  (?En el contrato de Sociedad es primordial la buena fe?.  Código de Justiniano. Lib. IV, Tít. XXXVII, Ley 3ra.).

 

4.            Requisitos esenciales del contrato de Sociedad en Roma 

 

Tales requisitos eran:

 

a)    Licitud del fin u objeto.-  La Sociedad que tenía por objeto realizar actos ilícitos era nula.  Si algún socio pagaba su aporte a una Sociedad de fines ilícitos podía reclamar la devolución de dicho aporte mediante la ?conditio sine causa?.

 

b)   El fin u objeto debía ser común.- Cualquiera que sea el resultado, ganancia o pérdida, todo asociado debía participar.  Algo realmente muy justo, ya que cada socio contribuía con su aportación a la formación de la Sociedad, y consentía de antemano en sufrir las consecuencias que se deriven del negocio.

 

c)    Aporte.-  Se requería del aporte de los socios.  Este aporte podía ser distinto no solo en cantidad, sino también en calidad; así podía consistir en trabajo, en dinero, en industria, en crédito, etc.

 

Importaba poco que las aportaciones tengan un valor desigual, pues la persona que aportaba menos podía compensar la deficiencia patrimonial con su trabajo.

 

Cabe hacer notar que cuando el aporte era en bienes, éstos no pasaban a ser parte del nuevo ente jurídico, sino de copropiedad de todos los socios ya que, salvo alguna excepción que trataremos, la Sociedad, lo repetimos, no constituía persona jurídica.

 

Señalaremos que no se concebían, ni pueden concebirse ahora, Sociedades en que uno de los socios (o más) comparta tan solo las pérdidas (Sociedad leonina).  Talis Societas (Leonina) nulla esset, ut alter lucrum sentirte, alter vero nullum lucrum sed damnus sentirte: inquissimum enim genus societatis est, ex qua quis damnum, non etiam lucrum spectet.   (Sería nula una tal Sociedad (Leonina), en la que uno estuviera solamente a las ganancias y otro a las pérdidas sin experimentar beneficio alguno; pues es la más injusta de las clases de sociedad aquellas por la que uno espera pérdida, pero no también lucro. Digesto.- Ulpiano: Lib. XVII, Tít. II, Ley 29).  In Societate non intelligitur lucrum nisi omni damno deducto, neque damnum nisi omni lucro deducto.

 

Darío Preciado Agudelo en su obra ya citada, página 34, manifiesta, con respecto a la Sociedad leonina: 

 

?Ulpiano en el Libro trigésimo ad Sabinum, Dig. 17, 2, 29, afirma:  Aristo refert Cassium respondisse societatem talem coiri non posse, ut alter lucrum tantum, alter damnum sentirte, et hanc societartem leoninam solitum appellare:  et nos consentimus talem societatem nullum esse, ut alter lucrum sentirte, alter vero nullum lucrum, sed damnum sentirte, inquissimun eni genus societatis est, ex qua quis damnum, non etiam lucrum spectet.   Una traducción literal del texto anterior podría ser la siguiente:

 

Aristo refiere a Casio haber respondido no poder formarse tal sociedad, que el uno perciba solamente lucro y el otro el daño, y esta sociedad se acostumbra llamar leonina:  Y nosotros sentimos con él (asentimos) que tal sociedad es nula, de tal manera que el uno percibe el lucro, el otro en verdad ningún lucro, sino siente el daño, muy inicuo en verdad es este género de sociedad, de la cual el uno espera el daño, no también el lucro?.

 

Concluiremos estos pensamientos señalando que ?En una Sociedad no se entiende por ganancia, sino deducida toda la pérdida, ni por pérdida, sino deducida toda ganancia?. Digesto: Paulo, Lib. XVII, Tít. II, Ley 30.

 

d)               Affectio Societatis.- (animus societatis, animus contrahendis, jus fraternitatis) Anteriormente dijimos que la Sociedad en Roma era un contrato que se perfeccionaba por el consentimiento; por lo tanto, hablamos de la affectio societatis como la intención de las partes para formar y permanecer en una Sociedad.  Animo sumamente necesario para poder distinguir a la Sociedad de situaciones jurídicas parecidas, tales como la indivisión, en donde existen varias personas con patrimonio común, pero sin ánimo de formar la Sociedad.

 

(in communione vel societate nemo compellitur invitus detineri.  ?Contra su voluntad no cabe compeler a nadie a permanecer en comunidad o sociedad?.  Código de Justiniano, Lib. III, Tít. XXXVIII, Ley 5ta.).

 

Será, posteriormente, al dictarse el Código Napoleón, que se vuelvan a presentar en Francia discusiones con respecto a este ánimo de asociarse, tanto en la doctrina como en la jurisprudencia apareciendo, en un momento dado, la expresión ?Affectio Societatis? que no proviene del Derecho Romano.

 

 

En la Edición del viernes 11 de septiembre de esta Revista Judicial, se tratará temática sobre las ?Clases de Sociedades en el Derecho Romano?

 

Artículo publicado en el ?Tratado de Derecho Empresarial y Societario? Tomo I

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