Crisis en la Administración de Justicia

Jueves, 24 de noviembre de 2005

 

Dr. Washington Baca Bartelotti (+)


EN NUESTRO PAÍS LOS MEDIOS PARA LLEGAR a la justicia están degradados, rotos; no se conmueven, angustian, padecen de los acontecimientos que agreden a la sociedad; aparentan funcionar pero siguen obstruyendo la vida cotidiana.

Imposible se desarrolle cualquier forma de organización social, Estado, nación o patria, sin la existencia de un poder encargado de administrar justicia. ¨La Justicia tiene un extraño poder de seducción¨, pero también de utilidad. Nada es más seductor y útil que la justicia para mantener y perfeccionar una forma de organización social.

El procedimiento judicial

En nuestro país los medios para llegar a la justicia -especialmente el procedimiento judicial- están degradados, rotos; no se conmueven, angustian, padecen de los acontecimientos que agreden a la sociedad; aparentan funcionar pero siguen obstruyendo la vida cotidiana. Las estructuras judiciales, por la ineficacia procedimental, se encuentran seriamente afectadas, no garantizan el funcionamiento social.
El procedimiento judicial -elemento fundamental de la administración de justicia- tiene su propia ética, que no puede acusar diferencias y menos tener fines opuestos o caminar en dirección distinta de la ética pública; pero aquélla ha disminuido a ésta.
En una sociedad como la nuestra -que sufre problemas más o menos iguales a los de otros paises- la ética de procedimiento, está lesionando a la ética pública. Esto le ha conducido a perder el respaldo de la opinión ciudadana aun cuando utilice la fuerza coercitiva del Estado.
Para el ecuatoriano medio sólo la desgraciada circunstancia de enfrentar un juicio y enredarse en el mundo irracional del procedimiento judicial -aunque haya llegado a él con la tranquilidad de la inocencia o al final sea el vencedor de la contienda -es una derrota. ¨...sufrir semejante proceso es ya haberlo perdido¨. Sólo esto es ya anti-técnico.

Medios procesales modernos

El país tiene que conmoverse, reformar sus procedimientos judiciales, construir medios procesales modernos para llegar a la Justicia.
Los actores sociales -todos- saben donde colocan la violencia, la corrupción, los antivalores contrarios al funcionamiento ético de la sociedad; ésta en cambio tiene mecanismos para defenderse.
Cuando los actores sociales privadamente ejercen violencia, que deviene en anarquía; o la ejercen desde el gobierno, que deviene en tiranía, o se practica la corrupción desde el poder político o económico, que por acto reflejo tiende a generalizarse en todo el cuerpo social, debe existir la energía reserva del estado a través de la administración de justicia.
El procedimiento judicial revela la fortaleza de la administración de justicia así como ésta revela el grado de civilización que ostenta una nación.
Si el procedimiento judicial responde a las necesidades sociales de la hora presente, a los afanes de desarrollo, de convivencia, se evitará retornar a las formas de convivencia bárbara, atávica, incivilizada; se impedirá la intervención particular incontrolada con su única y más soccorrida forma: la acción directa, el hecho consumado. La justicia a través del procedimiento judicial tiene la obligación de reducir la fuerza a única y última razón, mejor dicho a eliminarla.

Consolidación del proceso judicial

El peligro mayor de nuestros días, por la lentitud de los procedimientos, es que están desapareciendo los trámites normales a los que se debe recurrir en todo país civilizado; se está suprimiendo la mediación judicial por culpa de quienes la dirigen, del Estado y de los responsables de la conducción social.
Durante la Colonia y durante 164 años de República se ha construido y consolidado un procedimiento judicial que a ido poco a poco tornándose en obstáculo para la administración de justicia. De esto son responsables los grupos hegemónicos, el poder, el Estado, la política, los gobiernos, los administradores de justicia, los partidos políticos, la propaganda, la desinformación, el ocultamiento de lo que ocurre.
El poder judicial no puede responder huyendo o escondiéndose por intereses subalternos a la realidad social ineficaz a la que desgraciadamente se ha adaptado; debe generar influencias, regulaciones, normas de conducta que ayuden a la mejor organización de la sociedad ecuatoriana. Sin caer en la ingenua afirmación globalizante de que una sociedad desorganizada no puede crear un poder judicial organizado y mientras no mejore la una no puede mejorar la otra, con la cual irremediablemente estaríamos condenados a no cambiar nada en el poder judicial, es necesario presionar sobre los grupos que tienen poder real y que utilizan la desorganización como elemento de dominio, hasta que entiendan que los sectores sociales a los que atrapan los engranajes judiciales han ido en aumento hasta convertir la hora actual en una hora de búsqueda de la justicia y si no hay una respuesta oportuna y urgente, peligra el propio poder que ahora disfrutan los sectores hegemónicos, peligran los valores, peligramos todos.

Superar la baja calidad

Al interior de la sociedad ecuatoriana no todos los grupos que la integran participan en igualdad de condiciones ni tienen las mismas oportunidades de influir en el desarrollo y organización de la sociedad, algunos no han actuado nunca, ni siquiera como testigos, y si quienes tienen el poder real no actúan inmediatamente para superar la baja calidad, la ineficacia que se genera en los órganos del poder oficial, particularmente en el poder judicial, las consecuencias pueden ser funestas. Lo está bien creer que si el poder judicial no les ¨perjudica¨ y están libres de sus tortuosos procedimientos y vericuetos, pueden sustraerse de brindar su apoyo a los afanes de cambio.
Los grupos de poder no deben confiar ni creerse seguros con la protección que les dispensa el poder judicial; la administración de justicia que se distribuye irregularmente, antes que fuente de seguridad es de conflicto. Las democracias más sólidas han sustentado su vigencia en una justicia que es capaz de condenar al vulgar delincuente como defenestrar al Presidente de la República cuando hay mérito para ello. Una administración de justicia que no se conmueve ante la amenaza, el dinero o el poder.
Mas, el cambio no ha de llegar ni debe merecer el apoyo único de los sectores hegemónicos, dirigentes y responsables de la conducción de la sociedad y del poder judicial, debe ser preocupación de las bases de la sociedad, del hombre de la calle, de los grupos organizados, de los despojados de poder y riqueza, de las mayorías silenciosas que corren mayor peligro cuando son atrapadas en los engranajes judiciales.

Transformar el poder judicial y la administración de justicia en el Ecuador

El Estado debe responder de la postración e incredibilidad en la que se encuentra el poder judicial. En nuestro país el Estado no tiene sólo pecado original sino de pubertad y madurez que le han convertido en un órgano senil incapaz de organizar la sociedad. Como forma de organización jurídico-política ha fracasado. Después de más de siglo y medio de existencia no ha podido organizar ni relativamente bien el poder ejecutivo, el legislativo y menos el judicial. Ha sido incapaz de entrar en conflicto con las fuerzas que se oponen a su racionalización y vencerlas, es decir, ni siquiera ha sido capaz de pelear por su auto conversación.
La entereza de jueces y abogados honestos, Universidades, usuarios, estadistas, políticos capaces, puede transformar el poder judicial y la administración de justicia en el Ecuador. Es inadmisible que se haya atrapado a la sociedad, a los propios juzgadores, a los abogados, a los hombres y mujeres honestos del país, a las instituciones, en un sistema que no responde a las necesidades de la hora presente. No es correcto que nos hayamos privado de la capacidad de reflexionar sobre el drama judicial del país, de sus gentes, que vive cualquier sociedad cuando está en crisis la justicia.

El conocimiento y la adminsitraciónde justicia

El conocimiento disponible permite afirmar que en el Ecuador la administración de justicia atraviesa la más conmovedora crisis.
Hay un conocimiento empírico que observa, mide y sufre la demora en los trámites: las causas que ingresan muchas no terminan y las que tienen mejor suerte tardan años en resolverse; otro conocimiento que circula vulgarmente es la desorganización del aparato judicial y el alto costo de sus trámites; el desprecio mutuo entre los judiciales (jueces, ministros, funcionarios, curiales) y los usuarios (partes, abogados); la inseguridad y desconfianza en la aplicación de la ley; el mal aspecto de las oficinas, el descuido y el desorden en los archivos, la pobreza en los instrumentos de trabajo.
El conocimiento científico encuentra atraso en la teoría, ausencia de métodos de investigación, subordinación acrítica al conocimiento extranjero, diversidad en la aplicación de los procedimientos, rutina, decadencia del pensamiento conceptual, intermitencia en la jurisprudencia, abandono de la investigación, dispersión del conocimiento, marginación de la actividad científica
Desgraciadamente la sola crítica, el sólo conocimiento científico o empírico de la crisis -aún cuando éste evolucionara hasta convertirse en científico- no podrá transformar nada hasta sin que aparezca una idea fuerza y un grupo vigoroso, dinámico y rebelde que imponga un cambio.
En Estados Unidos de América un oscuro, pero lúcido profesor de derecho de Nebrasca, pronunció en 1906 en la convención del Colegio Norteamericano de Abogados un discurso sobre ¨las causas de insatisfacción popular en la administración de justicia¨. Este hombre llamado Roscoe Pound fue severamente criticado. Se le acusó de querer destruir el procedimiento norteamericano que a decir de sus defensores era ¨el más refinado y más racional sistema jamás inventado por el ingenio humano¨, que se estaba atentando contra el producto de siglos de sabiduría... El discurso de Pound permitió grandes cambios en el procedimiento.
En el Ecuador hay que destruir casi dos siglos de ¨sabiduría¨; enviar a los museos mucho de lo aprendido; perderle respeto a mucho de lo que está vigente por sólo recordarles cuando forme parte de las ilustres instituciones inhumadas.
Consciente o inconscientemente, defendiendo intereses subalternos, hemos ocultado, las verdaderas y más profundas causas de la crisis; atribuimos exclusivamente a las personas. Esto es incorrecto. No será posible estudiar, criticar y sustituir la forma de administrar justicia, para vencer la crisis, sin analizar todas sus causas, las empíricas y científicas, las permanentes y transitorias, las visibles y las invisibles, las reales y las aparentes, las ocultas y las publicitadas.

 

 

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