La Parábola del Portal del Belén

Viernes, 03 de enero de 2014

La Parábola del Portal del Belén

Autor: Dr. José García Falconí

 

El maestro español Alejandro Nieto, en su obra EL ARBITRIO JUDICIAL, pone en consideración la siguiente parábola que nos permite reflexionar sobre que los conflictos judiciales son conflictos de intereses.

Reseña histórica

?En los primeros días del año 1 de nuestra era, acudió al juez de Belén el propietario de un portal o establo, denunciando que había sido éste ocupado por una pareja de forasteros, llamados José y María, quienes se habían instalado en él sin pagar renta y sin intención, al parecer, de abandonarlo con el pretexto de que les había nacido un niño y no estaban en condiciones de reanudar el viaje; solicitaba en consecuencia una resolución de desahucio y lanzamiento de los intrusos.

La situación era clara y el juez se disponía a pronunciar sentencia estimando la demanda con el apoyo de textos legales contundentes, cuando fue detenido por los ruegos de su esposa, también parturienta y de la misma tribu de los viajeros. Era explicable que el juez se identificase, a través de su esposa, con la situación de los intrusos, aunque tampoco resultaba sencillo dejar de aplicar una ley tan inequívoca y más tratándose de un vecino pudiente con el que siempre se había relacionado bien; sin olvidar el malestar que inevitablemente habría de provocarse entre las clases sociales propietarias de Belén que terminarían acusándole de falta de celo y con el riesgo consecuente de no volver a elegirle.

El caso se complicó más al poco tiempo con la aparición de los Reyes Magos, que también intercedieron a favor de los ocupantes y hasta puede que hicieran algún espléndido regalo al juez para mover su tolerancia. Decididamente, el asunto parecía perdido para el propietario; máxime cuando el magistrado no tenía problema alguno de conciencia, puesto que, independientemente del obsequio y de la influencia conyugal, entendía que su decisión era justa, pues sería cruel ponerles en la calle en lo más crudo del invierno y que podía justificarla razonando que los demandados no producían perjuicio alguno al actor.

Pero sucedió que, en vísperas de pronunciar sentencia, llegó a oídos la noticia de la política anti infantil de Herodes, que se extendía, no sólo a los niños sino también a quienes los protegieran. Vemos, entonces, a un juez en apuros porque si absolvía se enemistaba con los propietarios de Belén (entre los que él mismo se encontraba) y, lo que es más grave, corría el riesgo de perder la carrera y hasta la vida por la cólera de Herodes; pero si ordenaba el desahucio padecerían sus sentimientos humanitarios, sería regañado por su mujer y tendría que devolver el regalo de los príncipes orientales.

Planteadas así las cosas, hojeó entonces afanoso sus libros, que no le sacaron de dudas porque en ellos se deducía que la ley podía ser interpretada de diversas maneras y que había precedentes para todos los gustos.

En estas circunstancias concretas, nadie puede predecir lo que va a decidir nuestro atribulado juez. No sabemos si se dejará llevar por las presiones de su esposa o por las ventajas resultantes de su cálculo estratégico respecto de Herodes y de sus vecinos. Lo único que sabemos es que una vez decidido el pronunciamiento  -que es rigurosamente personal y bajo su exclusiva responsabilidad-, a la hora de redactar la sentencia silenciará rigurosamente las causas reales que han estado interfiriendo y, en su lugar, fundamentará el resultado -cualquiera que sea-  con algún precedente que seguro ha de encontrar en la jurisprudencia del Tribunal de Jerusalén.

 

Conflictos judiciales: conflictos de intereses

El autor antes mencionado señala, que existen intereses en juego en el presente caso; esto es: intereses propios del juez; intereses ajenos; cálculos estratégicos; factores mediáticos.

De lo anotado se colige que la parábola anterior, nos sirve para comprobar la presencia de unos factores de trascendencia variable según los casos, pero indiscutible, sobre la decisión. El juez podrá hacer caso omiso de los intereses que le presionan, mas nunca podrá ignorar su existencia. Y es que entre las interferencias extranormativas posibles ocupan los intereses probablemente el lugar más destacado.

Sabido es que los conflictos judiciales son conflictos de intereses, y se supone que han de ser intereses de los litigantes. Tal es, desde luego, la situación normal; pero tampoco llega a ser anormal la emergencia de intereses personales del juez que enturbian la situación?, así termina señalando el autor de esta parábola.

De la lectura del libro EL ARBITRIO JUDICIAL, podemos concluir, como dice el maestro Alejandro Nieto: ?(?) conocer el derecho es indagar como opera en lo bueno y en lo malo. El jurista como el médico ha de mirar las cosas por dentro y, si quiere curar la carne, ha de ser palpada por el hombre. Con hombres buenos sobran los jueces. Con jueces justos sobran los abogados; y con abogados honestos sobran las leyes. Pero el derecho y las leyes están en manos de profesionales de todas clases y con todos ellos hay que contar?.

En estas fechas que celebramos la Navidad, es menester recalcar como bien lo señalan escuelas esotéricas milenarias, que el día 25 de diciembre en la época romana, era la fiesta oficial de la dignidad persa, el señor y salvador Mitra, y fue considerado como el día del nacimiento del sol. El cristianismo adoptó esa fecha en el 354 D.C, cuya primera mención consta en el Calendario de Philocalus.

De igual forma, Ieseus Krishna, el salvador hindú  -cuya historia pasa 1000 y 500 años antes de la advenimiento del cristianismo  -nace el 25 de diciembre en una gruta-, hijo de la virgen Devaki. Tal como Jesús, fue perseguido por el rey de Madura, que mandó degollar a los niños nacidos en la época, temiendo ser destronado por el recién nacido. La infancia de Krishna es idéntica a la de Jesús, con la misma secuencia de hechos y también él murió crucificado, según una leyenda o a flechazos según otra versión.

En el antiguo Egipto el día 25 de diciembre era festejado como el día del nacimiento del dios menino Horus.

Janus presidía en Roma el inicio de todas las cosas  -inclusive el inicio del año-  y era dedicado el primer mes del año. De ahí el nombre del mes de Janeiro (de Janus), puerta de entrada del año. Y como es de conocimiento general el dios Janus en el catolicismo se transformó en el popular San Genaro, santo muy venerado especialmente en España.

Para terminar este breve trabajo, deseo compartir lo que decía el sabio Sócrates, que, para descubrir los misterios del Universo, es necesario conocernos a nosotros mismos; por eso escuelas esotéricas milenarias señalan que el verdadero profundo mensaje del solsticio de invierno (21 de diciembre) es buscar la luz dentro de nosotros.

En los días sombríos de nuestra vida, como cuando el desánimo se asienta en nuestra alma y llegamos a creer que las tinieblas vencieron y que las fuerzas de la Luz perdieron el combate, ¿Qué pensamiento salvador nos erguirá con nuevo vigor y nos hará revivir la esperanza?

Nuestro dolor, preocupaciones, errores, culpas, la falta de perdón, las molestias, los miedos, las pérfidas  -el pasado en fin- es ese el fardo que cargamos de un año para otro, y que nos impide ver la luz que existe dentro de nosotros, así como luz inefable que está en el sol -farol imperecedero que nos indica el camino de la redención-.

 

Conclusión

El mensaje que nos da la Orden Milenaria Esotérica, es que tenemos que librarnos del fardo del pasado, dejemos atrás, inmerso en el mundo de las ilusiones y de las memorias perdidas, el peso de nuestros miedos, pérdidas, heridas y errores. Olvidemos nuestras culpas, y perdonemos las culpas del prójimo, abandonemos en el margen opuesto del río, las preocupaciones, las enfermedades y dolores, quememos en la pira del año nuevo, en la hoguera de la alegría el faro de cada uno de nosotros. Enterremos las cenizas en el cementerio de un mundo lejano, donde los recuerdos se apagan sin dejar rastro, depositemos bajo tierra como una tumba, la muerte del sufrimiento y la esperanza de la superación y que la moral nos permita distinguir lo que es justo y bueno y comportarnos como seres civilizados.

Que la sabiduría ilumine a nuestros gobernantes y despierte en nosotros la conciencia, pero que nunca nos olvidemos de nuestros deberes señalados en el Art. 83 de la Constitución de la República, pues solo de esta manera lograremos que las dificultades de la existencia no endurezcan nuestro corazón.

Que hoy que va entrar en vigencia un nuevo Código Orgánico Integral Penal, esperemos que la justicia reine en el país y que la solidaridad nos una en cada instante de nuestra vida, recordando la inmortalidad del alma que hacen las cosas frágiles y transitorias en la vida; en fin que podamos siempre estar en guardia contra el desánimo y los malos pensamientos.

En varios trabajos que he publicado, he manifestado de manera reiterada, que lo más importante en la Función Judicial, es hacer justicia, porque en el fondo, la ley persigue una norma de convivencia, persigue que la gente viva en paz, y que cada uno respete los derechos de los demás, solo así lograremos un verdadero Estado constitucional de derechos y justicia social, conforme señala el Art. 1 de la Constitución de la República.

Recordemos que la doctrina actualmente sostiene, que toda regla jurídica debe propender a fomentar la solidaridad social y el mantenimiento del absolutismo de los derechos, como concepto general, tiende a procurar uno de los fines esenciales de todo ordenamiento jurídico que es la paz social.

Es menester señalar que en un orden jurídico justo no puede prevalecer el sentido individualista de los derechos subjetivos absolutos, con el menoscabo de la regla moral y del fin social, pues como dicen varios autores: ?La ley no tolera el abuso del derecho, de tal modo que seguridad y justicia deben concurrir apareados para el logro cierto de la paz social?, pues el fin del proceso es la realización del derecho, mediante la aplicación de la ley al caso concreto.

Termino este artículo, deseando a todas y todos lo mejor de lo mejor en este nuevo año y reiterando una vez más, que las juezas y jueces en este nuevo orden jurídico que vive el país a raíz de la vigencia de la actual Constitución de la República, existen para hacer justicia en el nombre del pueblo soberano del Ecuador y por autoridad de la Constitución y leyes de la República, conforme disponen los Arts. 167 de la Constitución; 1 y 138 del Código Orgánico de la Función Judicial.

A partir del 20 de octubre de 2008, con la vigencia de la Constitución de la República, las instituciones procesales se han ido renovando para estar a tono con la doctrina del socialismo del siglo XXI, por eso vivimos un proceso de cambio, algunos de los objetivos se han realizado y otros están por realizarse, y para lograr esto es necesaria una nueva visión y un nuevo acercamiento a la exigencia de la vida y estoy consciente que solo la nueva generación es capaz de proporcionarlo, solo ella puede cambiar las alteraciones, y revitalización necesarias y eso puede ser hecho y será sin duda alguna si todos arrimamos el hombro para que este país logre las metas que se propuso el asambleísta constituyente al redactar la Constitución de la República publicada en el Registro Oficial No. 449, y las efectuadas en el referéndum de 7 de mayo de 2011, cuyos resultados fueron publicados en el Suplemento de Registro Oficial No. 490 de 13 de julio de 2011.

Eduado J. Couture manifestaba con razón, que de todas las cosas que existen en la vida, la única insustituible es la justicia, pues los pueblos pueden vivir sin riqueza, sin belleza, sin salud, vivirán mal, pero vivirán; pero sin justicia, no pueden vivir. He aquí la importancia de la justicia.

Dr. José García Falconí

Docente, Facultad de Jurisprudencia,

Ciencias Políticas y Sociales, Universidad

Central del Ecuador

Correo: josegarciafalconi@gmail.com

 

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