ESTADO, GOBERNABILIDAD, DEMOCRACIA Y CIUDADANÍA

 

Autor: Dr. Walter Enríquez Vásquez.

 

Los ecuatorianos hemos escuchado con dolor que ciertos funcionarios de diferentes niveles del gobierno, en esta hora, afirman que es importante que los dirigentes de las protestas dialoguen con “el Estado”.

 

Luis XIV decía: “El Estado soy yo” y la humanidad ha rechazado esa frase y no solo Maquiavelo en “El Príncipe” plantea la ironía sobre la gobernanza de la época.

Parecería ser entonces que hemos olvidado que el Estado constituye la sociedad organizada política y jurídicamente y que es la infraestructura vital de los pueblos; y que, por ende, nos pertenece a todos sin excepción.

La Constitución define al Estado en el caso del Ecuador como: “Un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico. Se organiza en forma de república y se gobierna de manera descentralizada. La soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es el fundamento de la autoridad, y se ejerce a través de los órganos del poder público y de las formas de participación directa previstas en la Constitución…”

Gobernabilidad

La Gobernabilidad implica el resultante formal del ejercicio del voto, que, en el caso del Ecuador, atenta la división de varios partidos políticos y múltiples movimientos que han fragmentado la cualificación del voto y más aún la cuantificación del mismo.

Evidenciamos entonces el nacimiento y desarrollo de gobiernos desnutridos, débiles en su origen y famélicos.

La gobernabilidad o gobernanza no puede continuar de arriba hacia abajo, es importante si queremos mantener el Estado y el gobierno desde la óptica científica-política que se gobierne con verdaderos diálogos e interacciones permanentes desde abajo hacia arriba.

Resulta insólito, por decir lo menos, que se pregone la necesidad de un diálogo poniendo sobre el tapete que no habrá cambio de medidas; y cómo entender entonces que los mediadores nacionales e internacionales pretendan cumplir un trabajo haciéndose oír cuando una parte se declara sorda pero abierta a un supuesto diálogo.

Democracia

La democracia no puede seguir siendo sólo el ejercicio del voto y no puede seguirse trabajando exclusivamente para temas electorales, necesita un fluido sanguíneo de materia gris emergente de educación científica, técnica y política mínima y luego necesaria.

Es hora entonces de que la democracia se nutra de educación y cultura, partiendo desde la zona rural a las grandes ciudades y que se alterne la educación y la cultura de todos los centros formales desde la ciudad al campo y del campo a la ciudad; a efectos de que la práctica si no precede a la teoría, al menos vaya a la par; robusteciendo la educación técnica, agrícola, artesanal, turística y naturalmente humanista.

Ciudadanía

Ser ciudadano no es un tema constitucional de ser persona exclusivamente; ese vocablo antes que palabra implica el sentimiento cultural más amplio de reconocer al otro como igual a uno mismo; y bajo ese contexto, no solo el límite de los derechos de propiedad intelectual, de propiedad privada, del manejo de horror social en una sociedad de consumo marca la necesidad de subsistencia de acuerdo con la tesis de Nietzsche quien afirma que: “la mejor ideología es la necesidad”; debemos rechazar el vandalismo, a lo público y a lo privado, venga de donde venga y decir con nitidez que la responsabilidad recae en todos los ciudadanos, en los que participan en las manifestaciones activamente, en la gobernanza que provocó, sin agotar el diálogo previo, en los indiferentes que esperan no solo los subsidios, sino también en cada uno de los ciudadanos que ayer, hoy y mañana han jugado con los votos y con los líderes confundiendo liderazgo con sumisión.

Es hora entonces de despertar y combatir la sociedad del mercado por el mercado olvidando las verdaderas necesidades especialmente de educación y salud; y dejar a un lado la vanidad del poder vertical, llevando los niveles de dirección y solución de los conflictos a las verdaderas capas desprotegidas como son la mayoría de ecuatorianos hoy desocupados y subempleados; pues, a todos los habitantes del país nos ha golpeado el paquetazo y todos los habitantes del país a través de diferentes voces de representación debemos coadyuvar a efectos de solucionar el conflicto.

Frente a esta hora con visos de anarquía, el primer paso es reconstruir una voz popular seria que implique confianza en los representantes del gobierno de turno y en los representantes legítimos del pueblo ya no en las calles sino ante los medios de comunicación sin censura, con libertad de palabra que lleve a la sociedad ecuatoriana a una libertad de acción inmediata con el respeto que todos los habitantes del Ecuador se merecen.

Dr. Walter Enríquez Vásquez.

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