Jueves, 24 de noviembre de 2005


El dopaje

Por: Dr. Osvaldo Paz y Miño J.
EXPERTO EN DERECHO DEPORTIVO
EXPERTO EN DERECHO LABORAL
cpaz2@andinanet.net

 

El amigo, y colega español Eduardo Gomero Casado, en su reciente obra de Derecho Deportivo que ha tenido la deferencia de enviarnos dice:

El dopaje es la mayor amenaza que actualmente acecha la pervivencia de los valores éticos y sociales asociado a la practica deportiva. Así, el consumo de drogas como medio desleal de conseguir el éxito es de suyo reprobable en un contexto generalizado de políticas públicas dirigidas a la erradicación de los estupefacientes. Pero cuando además el hecho se imputa a un deportista, el referente resulta aún más catastrófico para una sociedad requerida de patrones de conducta y en la que esto sujetos ocupan una posición estratégica, despertando la admiración de miles de seguidores, quienes tienden a emular su ejemplo. Pag. 532.

Varios países del mundo en su legislación han criminalizado esta grave infracción deportiva, para combatirla. El problema serio por lo que las explicaciones condolientes no son suficientes. Hay que enfrentarlo con todo rigor, trabajando con más denuedo en la prevención, y sancionando como corresponde. Se debe formar al atleta no solo en la parte técnica, sino en la psicológica y la cultural, para que sea capaz de soportar las enormes presiones propias de la actividad deportiva, más aún cuando esta es de elite y se ponen en juego participaciones internacionales.

El efecto del dopaje tiene dos vías: la individual que es la que corre por la sangre de quien a la larga se autolesiona en los aspectos físicos, psíquicos, morales, técnicos y deportivos, y la general, que tiene que efectos y daños colaterales: a la salud publica, a la confianza en los resultados deportivos, a la imagen misma de la actividad como tal, y entre estos traumas graves, los perjuicios que se acarrean en contra de los intereses los demás atletas.

Pues lo dicho. Queda claro, lamentarse no basta. Son hechos causados voluntariamente y que por los que pagaran otros, que sí resultan victimas. Que no se haga leña, pero que tampoco apología, malos culebrones e histriónicos comentarios. Seriedad por favor.

 

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