EL ENCARCELAMIENTO

Jueves, 29 de junio de 2017

EL ENCARCELAMIENTO

 

Autor: Ab. José Sebastián Cornejo Aguiar.[1]

 

El fenómeno del castigo es una cuestión de juegos de poder; en razón de que se derivan en instituciones penales que contribuyen en la conformación de una cultura globalizada, en donde este es entendido como un conjunto de prácticas que encarcela, supervisa, priva de recursos o regula a los infractores, en tal sentido se puede manifestar que las políticas de penalización, surgen de un proceso generador, en donde la penalidad actúa como un mecanismo regulador social, que regula la conducta a través del medio físico de la acción social, debiéndose analizar los siguientes aspectos:

 Aproximación histórica a la prisión.

La prisión como sanción es relativamente nueva dentro de la historia de la humanidad. Si se escribiera la historia de la prisión, distinguiríamos dos periodos con claridad: el primero se caracterizaría por el uso de la prisión como medida cautelar, esto es se encierra a una persona con el único objetivo de garantizar su presencia para que se produzca el juicio y se efectivice la condena.[2]

El segundo se caracteriza en que la prisión no solo es medida cautelar sino que es fundamentalmente la única forma de sanción; para lo cual posteriormente se analizó a la prisión, desde un proceso globalizador con tres aspectos: arquitectónico, legal y la finalidad, que según Bentham, diseño un centro arquitectónico para la prisión al que denomino Panopticon. La idea fue construir un lugar que pueda garantizar la mayor vigilancia con el menor esfuerzo.[3]

Ya que en el panóptico, desde un lugar se podía garantizar la mayor vigilancia con el menor esfuerzo, ya que desde un lugar central se observa a todos los encerrados, y sirve para satisfacer los propósitos de: seguridad, custodia, encierro, aislamiento, trabajo forzado, instrucción.

De la mano de lo arquitectónico, el aspecto legal fue también un fenómeno que se expandió rápidamente, tanto así, que el Código Penal de Napoleón, estableció la prisión como pena exclusiva y medida en unidades de tiempo, y que definió la función de sancionar como una potestad estatal.[4]

Finalmente sobre los fines de la prisión, cabe mencionar, que también se globalizaron, en el sentido de que la finalidad de la pena ha cambiado y ha estado en estrecha relación con el sistema político, económico y cultural, distinguiéndose tres concepciones:

a.    La prisión como un lugar de corrección comienza al final del siglo XVIII y se extiende hasta el siglo XIX, está influenciada por la idea religiosa de la penitencia y aislamiento para la meditación , se puso énfasis en el trabajo en talleres, se corregía a las personas para evitar que vuelvan a cometer crímenes.;

b.    La prisión como un lugar para rehabilitar estuvo estrechamente vinculada con el estado de bienestar en Europa y con el positivismo criminológico, y tenía como finalidad cambiar la vida de la gente y reintegrarlas a la sociedad;

c.    Segregación punitiva, desde los años 80, el énfasis ha sido el control social, y la finalidad de la pena es simplemente excluir o eliminar a quien ha cometido delitos.[5]

Efectos de la Prisión.

Los efectos de la cárcel pueden mirarse desde dos perspectivas diferentes, uno personal y otro social, que son entendidos de la siguiente manera:

a.    Privación de libertad en sentido amplio y profundo, que hace referencia a la regla de prohibición de contactos sociales y relaciones familiares, ya que las personas encerradas no pueden escoger lo que pueden hacer o no hacer.

b.    Privación de bienes y servicios, ya que las personas encerradas están obligadas a vivir en una degradante pobreza, tanto así que la sistemática privación de bienes y servicios dentro de la cárcel constituye una grave amenaza a la dignidad humana.

c.    Privación de relaciones heterosexuales, ya que el abuso sexual es sin duda un aspecto consustancial y rutinario de la vida en la cárcel, debido a que las relaciones sexuales violentas, son una demostración de poder y son duras sanciones internas.

d.    Privación de autonomía individual, ya que vivimos en una sociedad que nos empuja a ser individuales y autónomos, sin embargo en la cárcel las reglas de conducta, la burocracia y las formas de sociabilidad impiden que las personas encerradas tengan control sobre sus cuerpos y sus vidas.

e.    Privación de seguridad, ya que el ser humano, como cualquier animal encerrado, vive en un ambiente intensamente violento, y el riesgo de sufrir lesiones, maltratos emocionales, extorsiones y hasta la muerte provoca ansiedad.

En suma el encierro produce agudos e irreversibles efectos físicos, mentales y sicológicos tanto para la persona como para la familia, además, es necesario tener en claro que la exclusión no termina con el encierro, sino que continua con la vida fuera de la cárcel, ya que las dificultades vienen del lado del sistema penal, que incrementa la vigilancia después de la cárcel o no ofrece programas efectivos de reinserción, como de la misma sociedad que discrimina y estigmatiza a quien ha estado preso.[6]

 

Variables en relación a la Prisión.

 

1.- La penalidad:

Misma que ha incluido una serie de sanciones que se ejecutaban en público, ante una multitud expectante como es el caso del cepo, la flagelación en público; rituales de confesión, misma que nos conlleva a que si queremos comprender estos mensajes culturales, que transmite el castigo, es preciso estudiar no solo las declaraciones públicas, sino también las rutinas pragmáticas de la práctica cotidiana, dado que contienen patrones distintivos de significación de carácter simbólico que se manifiestan  en la aplicación de una sanción especifica.[7]

En donde sin lugar a dudas la prisión es una forma de utilización sistemática en las leyes penales, que refleja el exterior del aparato judicial a través de los procedimientos para repartir a los individuos, fijarlos y distribuirlos comprendiéndose de esta manera el carácter de la prisión (castigo), como un elemento definidor de la sociedad, ya que no ha sido capricho del legislador que el encarcelamiento sea la base de la escala penal actual.[8]

Debiendo puntualizar que la prisión se ha encontrado desde el comienzo inserta en una serie de mecanismos de acompañamiento, que deben en apariencia corregirla; en donde la prisión es considerada como un aparato disciplinario exhaustivo, que debe ocuparse de todos los aspectos del individuo, de su educación física, de su aptitud para el trabajo, de su conducta cotidiana, de su actitud moral, de sus disposiciones, es decir la prisión es mucho más que la escuela, el taller o el ejército.[9]

 Ya que en la prisión el gobierno puede disponer de la libertad de la persona y del tiempo del detenido; entonces se concibe el poder de la educación que, no sólo en un día sino en la sucesión de los días y hasta los años puede regular para el hombre el tiempo de vigilia y de sueño, de la actividad y del reposo, el número y la duración de las comidas, la calidad y la ración de los alimentos, la índole y el producto del trabajo, el tiempo de la oración, el uso de la palabra, y por decirlo así hasta del pensamiento.[10]

 

2.- Presencia del significado simbólico en las formas cotidianas de la acción penal pragmática:

Se observa que por ejemplo al emitir una sentencia el juez realiza una rutina de acción instrumental que activa un proceso legal subsecuente, debido a que esta transmite una aseveración simbólica deduciéndose de esta manera que la prisión significa un estigma de una verdadera criminalidad en razón de que las diversas razones no son meramente un repertorio de técnicas para hacerles frente a los delincuentes; sino que más bien se configura como un sistema de signos que transmite una generalidad en razón del encarcelamiento, mismo que tiene diversos significados; ya sea una multa para unos, o libertad condicional para otros.[11]

Es por ello que el sistema penal adopta un concepto determinado de los delincuentes y de la delincuencia como una forma específica de clasificar a los presos, o bien a una psicología especial de motivación y reforma.

Evidenciándose que las políticas y los discursos penales, por cotidianos o útiles que parezcan tienden al mismo tiempo a cobrar significación para relacionarse con la cultura, tanto así que incluso la representación pública y simbolismo cultural en el ámbito de las sanciones es la verdadera estructura de las instituciones penales y la apariencia de los funcionarios penales.[12]

Siendo uno de los mejores ejemplos de este simbolismos de la apariencia física, los modernos sistemas penitenciarios, que demarcan el aspecto físico del castigo moderno que queda expuesto a la mirada pública.

Debiéndose bajo todo concepto evitar caer en una forma de aislamiento en donde la prisión debe ser concebida de manera que borre por sí misma las consecuencias nefastas que provoca al reunir en un mismo lugar a condenados muy diferentes; además la soledad debe ser un instrumento positivo de reforma, para la reflexión y el remordimiento.[13]

Destacando que el trabajo penal no puede ser criticado en función del paro que podría provocar una incidencia de la mecánica humana en razón de que es un principio de orden y de regularidad; por las exigencias que le son propias, y que por ende acarrea de manera insensible las formas de un poder riguroso; pliega los cuerpos a unos movimientos regulares, excluye la agitación y la distracción, impone una jerarquía y una vigilancia que son tanto más aceptadas, y se inscribirán tanto más profundamente en el comportamiento de los penados.[14]

Ni tampoco generar a la prisión como aquella que excede la simple privación de libertad, debido a que en ocasiones tiende a convertirse en un instrumento de modulación de la pena, que a través de la ejecución de la sentencia permite cuantificar las penas, graduarlas de acuerdo con las circunstancias y dar al castigo legal la forma más o menos explícita de un salario; pero corre el peligro de perder todo valor correctivo, si se fija de una vez para siempre al nivel de la sentencia.[15]

Por ende podríamos decir que el encarcelamiento tiene sus exigencias y sus peripecias, bajo la forma de las siguientes fases: periodo de intimidación (privación de trabajo y de toda relación interior o exterior); periodo de trabajo (aislamiento pero trabajo que tras de la faz de ociosidad forzada será acogido como un beneficio); régimen de moralización (conferencias más o menos frecuentes con los directores y los visitantes oficiales); periodo de trabajo en común si el principio de la pena es realmente una decisión de justicia, su gestión, su calidad y sus rigores deben depender de un mecanismo autónomo que controla los efectos del castigo.[16]

3.- Significado visual del encarcelamiento:

Transmite físicamente una imagen aterradora y disuasiva mediante la exposición de horrendas fachadas cubiertas con detalles decorativos como púas, cadenas colgantes y figuras de convictos, que le conferían  una traza de mausoleo tapiado, que hablaba del simbolismo de las tumbas y de los muertos vivientes que implicaba el encarcelamiento.[17]

En donde sin lugar a dudas la detención constituye el paso de los suplicios, con sus rituales de ceremonia y dolor permitiendo configurar el camino hacia la detención, remontándonos al comienzo de un ritual del patíbulo, en donde las argollas o collares de hierro y las cadenas demuestran la actitud de sacrificio,[18]que busca generar un espectáculo similar al de la cadena que se relacionaba con la vieja tradición de los suplicios públicos y también con esa múltiple representación del crimen que daban en la época los periódicos, las hojas sueltas, los charlatanes de plazuela.

Evidenciándose de esta manera que las prisiones no disminuyen la tasa de la criminalidad, ya que se puede muy bien extenderlas, multiplicarlas o tras formarlas, y la cantidad de crímenes y de criminales se mantiene estable o lo que es peor aumenta.

En tal razón la prisión no puede dejar de fabricar delincuentes, los fabrica por el tipo de existencia que hace llevar a los detenidos, ya sea que se los aislé en celdas, o se les imponga un trabajo inútil, para el cual no encontrarán empleo, es de todos modos no pensar en el hombre en sociedad; es crear una existencia contra natura inútil y peligrosa.

Además la prisión fabrica indirectamente delincuentes al hacer caer en la miseria a la familia del detenido: ? La misma sentencia que envía a la prisión al jefe de familia, reduce cada día que pasa a la madre a la indigencia, a los hijos al abandono, a la familia entera a la vagancia y a la mendicidad?.[19]

 



[1] Abogado por la Universidad Internacional Sek (Quito, Ecuador). Especialista en Derecho Penal en la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito, Ecuador), Autor de los libros Mundo, Alma y Vida; Senderos de Organización y Funcionamiento del Poder Judicial; Breves Nociones de la Criminología, la Penología y la Victimología en el Contexto Criminal; y Teoría General de los Recursos y Remedios Procesales en el COGEP. scor1719@hotmail.com.

[2] Ramiro Avila Santamaría, «La prisión como problema global y la justicia indigena como alternativa local. El caso La Cocha», s. f.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Garland, David, Castigo y sociedad moderna (Mexico: Siglo Veintiuno, 1999).

[8] Foucault, Michel, Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión (BUENOS AIRES: Siglo XXI Editores, 2002).

[9] Ibíd.

[10] Ibíd.

[11] Garland, David, Castigo y sociedad moderna.

[12] Ibíd.

[13] Foucault, Michel, Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión.

[14] Ibíd.

[15] Ibíd.

[16] Ibíd.

[17] Garland, David, Castigo y sociedad moderna.

[18] Foucault, Michel, Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión.

[19] Ibíd.

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